UNA LAPTOP INTERMINABLE, INDESTRUCTIBLE… Y BASTANTE INVEROSÍMIL

Posted 13 Mayo 2008 by
Categories: Estados Unidos, Iberoamérica

Roberto Bardini

La increíble PC del comandante Raúl Reyes, número dos de las FARC asesinado el 1 de marzo pasado en Ecuador por tropas colombianas, resultó ser una voluminosa caja de caudales binarios, repleta de correspondencia, documentos comprometedores, planes desestabilizadores y financiamientos secretos que, en manos de expertos en inteligencia contrainsurgente, parecen multiplicarse como los cinco panes y dos peces bíblicos con los que Jesús alimentó a cinco mil seguidores a orillas del Mar de Galilea.

El pequeño computador bolivariano es, como se sabe, una súper máquina blindada a prueba de ataques aéreos, ya que resistió exitosamente las diez bombas GBU 12 Paveway II guiadas por laser o GPS y más de 200 kilos cada una con que la Fuerza Aérea de Colombia arrasó el precario campamento guerrillero en pocos minutos.

Estos proyectiles, diseñados por las compañías Raytheon y Lockheed Martin para destruir edificios, hangares, pistas aéreas, puentes, embarcaciones artilladas y rampas de lanzamiento de misiles, pueden atravesar casi dos metros de hormigón armado. Observadores del ejército ecuatoriano comprobaron que en el reducto de las FARC los explosivos dejaron cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 metros de profundidad… pero la locuaz laptop salió ilesa.

Aunque la inteligencia militar colombiana continúa extrayendo un documento tras otro en esa especie Caja de Pandora portátil e invulnerable, queda la sensación de que cada hallazgo es más de lo mismo, con la obvia finalidad de comprometer al presidente Hugo Chávez en el financiamiento a la cincuentenaria organización insurgente y al gobierno de Rafael Correa como un cómplice que aporta territorio.

El mandatario venezolano, en honor a la verdad, está más interesado en liderar la integración económica de América del Sur que en una poco conveniente guerra con el país vecino, que seguramente serviría de excusa para la intervención militar de Estados Unidos. “Presidente Uribe, piense muy bien hasta dónde es capaz de llegar, le hago un llamado a la reflexión públicamente”, exhortó Chávez en su programa dominical Aló Presidente.

A mediados de abril pasado, un grupo de 21 expertos estadounidenses en asuntos internacionales –entre los que se encuentran académicos de las universidades de Harvard, Washington y Nueva York y del Consejo de Asuntos Hemisféricos– advirtió en una carta abierta que el informe que dará a conocer la Interpol sobre el contenido de la computadora de Reyes se basa en “exageraciones sustanciales con propósitos políticos”.

“Incluso si llegara a corroborarse que los computadores personales en efecto pertenecían a miembros de las FARC, no existe evidencia que indique que los documentos disponibles para el público pudieran servir de base para ninguna de las afirmaciones extremistas hechas por el gobierno colombiano en cuanto a que Ecuador y Venezuela tuvieran algún tipo de relación financiera con los rebeldes”, sostiene la carta divulgada en Washington. “De hecho, análisis independientes de los documentos indican que el gobierno colombiano ha exagerado de manera sustancial el contenido de estos documentos, quizás con fines políticos. Cualquier cobertura mediática de los hallazgos de la Interpol deberá dejar en claro que muchas de las acusaciones colombianas ya han sido ampliamente desacreditadas”.

Firman la declaración Charles Bergquist (University of Washington, Seattle), Larry Birns (Council on Hemispheric Affairs), Amy Chazkel (Queens College, City University of New York), Avi Chomsky (Salem State College), Luis Duno Gottberg (Florida Atlantic University), James Early (TransAfrica Forum Board of Directors and Institute for Policy Studies Board), Samuel Farber (Brooklyn College, City University of New York), Sujatha Fernandes (Queens College, City University of New York), Lesley Gill (American University), Greg Grandin (New York University), Daniel Hellinger (Webster University), Forrest Hylton (New York University), Diane Nelson (Duke University), Jocelyn Olcott (Duke University), Diana Paton (University of Newcastle, Reino Unido), Fred Rosen (North American Congress on Latin America), T. M Scruggs (University of Iowa), Sinclair Thomson (New York University), Miguel Tinker Salas (Pomona College), Mark Weisbrot (Center for Economic and Policy Research) y John Womack (Harvard University).

Desde luego que para el gobierno de Uribe y la administración de George W. Bush las firmas de esta constelación académica tienen el mismo peso que la rúbrica del cacique Toro Sentado o un autógrafo de Chespirito.

Por la mismas fechas, el Pentágono anunció que el 1 de julio restablecerá su Cuarta Flota naval –creada en 1943 con la misión enfrentar submarinos alemanes y disuelta en 1950– para navegar por aguas latinoamericanas y combatir el terrorismo “junto a sus socios comerciales”, con Colombia a la cabeza. Se trata de diez buques, un portaviones y un submarino nuclear que dependen del Comando Sur con sede en Miami. La formación marítima seguramente tiene la capacidad de presentar combate en condiciones de igualdad a toda una red de laptops narcoterroristas.

VIGILANCIA TOTAL: DE LOS CIBORG A MATRIX

Posted 2 Mayo 2008 by
Categories: Estados Unidos

Roberto Bardini

De ahora en más muchos empresarios, militares, terroristas, industriales, espías, científicos y militantes políticos deberán ser más cautos que de costumbre y desconfiar hasta de las cucarachas, libélulas y moscas. Ese bichito que camina o vuela por ahí quizás no sea simplemente un insecto. Puede ser un ciborg al servicio de competidores o enemigos.

El vocablo “ciborg” fue acuñado en 1960 como la fusión de las palabras inglesas cyb(ernetic) org(anism) para definir a un híbrido de máquina y ser vivo. En enero de 2006, ingenieros japoneses de la Universidad de Tokio crearon la primera cucaracha ciborg de la historia: le sustituyeron sus antenas por una micro mochila provista de una mini cámara. Aunque el sistema registraba fallas y tenía corta duración, la idea era destinar el engendro a la localización de supervivientes entre las ruinas de terremotos e, incluso, al espionaje industrial.

Ahora, uno de los más sofisticados laboratorios científicos del Departamento de Defensa de Estados Unidos ha diseñado con éxito un programa de injertos de microchips en larvas de insectos preparados para misiones de vigilancia policial y militar. El experimento fue desarrollado por la Agencia de Defensa para Proyectos de Investigación Avanzada (DARPA, por sus siglas en inglés = Defense Advanced Research Projects Agency). Es la división del Pentágono que diseñó las primeras aeronaves militares no tripuladas, creó internet en 1969 y puso en funcionamiento en 1993 el sistema de localización por satélite (Global Positioning System, más conocido por la sigla GPS).

Fundada en febrero de 1958 como reacción al lanzamiento del satélite espacial soviético Sputnik un año antes, que pescó totalmente desprevenido al gobierno de Dwight Eisenhower, actualmente la DARPA tiene menos de 300 empleados altamente calificados y dispone de un presupuesto de tres mil millones de dólares.

La agencia formó varios tipos de ciborg injertándoles diminutos chips en la etapa de las larvas. Cuando el insecto se transforma en adulto, puede ser teledirigido para escuchar conversaciones, filmar, detectar explosivos y retransmitir la información.

El 9 de octubre de 2007, The Washington Post informó que dispositivos similares podrían haber sido utilizados para vigilar manifestaciones contra la guerra en Irak realizadas en la capital y en Nueva York. Bajo el título “¿Libélula o insecto espía? Los científicos trabajan en bichos robotizados”, el reportero Rick Weiss cita a tres testigos. El texto original se puede consultar en: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/10/08/AR2007100801434.html].

“Yo miré y me dije ‘¿qué rayos es eso?’ Parecían libélulas o pequeños helicópteros. Quiero decir, no eran insectos”, dijo un estudiante. Y el abogado Bernard Crane, de Washington, declaró: “Nunca en mi vida había visto algo así. Eran demasiado grandes para ser libélulas, así que pensé: ¿esa cosa es mecánica o está viva?”. La manifestante Vanesa Alarcón también vio a los extraños insectos.

El reportero menciona que investigadores del Instituto de Tecnología de California construyeron un “micromurciélago ornicóptero” que vuela libremente y cabe en la palma de la mano, mientras un equipo de la Universidad de Harvard diseñó un robot-mosca de apenas 65 miligramos, “cuyas alas sintéticas pueden batir a razón de 120 golpes por segundo”.

En agosto del año pasado –recuerda The Washington Post– se realizó en Suiza un Simposio Internacional sobre Insectos Voladores y Robots, en el que científicos japoneses presentaron polillas artificiales con alas de cuatro pulgadas de envergadura.

Después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, la DARPA recibió duras críticas por impulsar un sistema de “vigilancia total” que recordaba a la novela 1984, de George Orwell. El proyecto TIA (Total Information Awareness = Conocimiento Total de la Información), destinado a “detectar, clasificar e identificar terroristas extranjeros en el país, descifrar sus planes y adelantarse a sus actos”, fue rechazado por el Congreso en julio de 2003 porque facilitaba el acceso a datos confidenciales de ciudadanos sin antecedentes delictivos y protegidos por garantías civiles.

Despechado, el Pentágono encargó a la agencia la creación de otro programa de vigilancia: Multistate Anti-Terrorism Information Exchange (Intercambio de Información Anti-Terrorista Multiestatal). En la comunidad de inteligencia se le conoce simplemente como Matrix.

RÉQUIEM POR EL HOMBRE DEL RIFLE

Posted 8 Abril 2008 by
Categories: Estados Unidos

Roberto Bardini

Una de sus últimas y más controvertidas apariciones públicas fue el 22 de mayo de 2000, en Charlotte (Carolina del Norte), cuando a los 76 años de edad fue reelegido presidente de la Asociación Nacional del Rifle (ANR) por tercera vez consecutiva. Con la voz aguardentosa y una ridícula peluca que más que postiza parecía la gorra de piel del cazador Davy Crockett, John Charles Carter sostuvo en alto con su tembloroso brazo un fusil de un solo tiro del siglo XVIII y bramó en el micrófono que ninguna ley iba a prohibirle tener sus armas: “¡Tendrán que arrebatarme el fusil de mis manos muertas y frías!”.

Probablemente ninguno de los 40 mil individuos que lo escuchaban conocía el verdadero nombre del viejo, nacido en 1924 en una pequeña ciudad de Illinois. Todos, sin embargo, sabían que fue un astro de Hollywood durante las décadas del ‘50 y ‘60 y que interpretó a personajes históricos como Moisés, San Juan Bautista, William F. Cody, el presidente Andrew Jackson, el Cid Campeador, el pintor renacentista Miguel Ángel y el cardenal Richelieu.

A lo largo de su carrera cinematográfica trabajó en 62 películas. Fue protagonista de El triunfo de Búfalo Bill (1953), Los diez mandamientos (1956), Horizontes de grandeza (1958), Ben-Hur (1959, por la que ganó el Oscar), El Cid (1961), 55 días en Pekín (1963), El tormento y el éxtasis (1965), Mayor Dundee (1965) y El señor de la guerra (1965), entre muchos otros filmes.

Su última película de éxito se filmó en 1968: El planeta de los simios. Fue la primera versión, la que finaliza con la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena. En los años ‘70 la estrella comenzó a declinar y actuó en algunas súper producciones de desastres como Aeropuerto. Y en los ‘80 su propia vida se transformó en una catástrofe durante la cual se volvió alcohólico, quedó completamente calvo y comenzó a insinuarse el cáncer de próstata.

Una ovación festejó las palabras de John Charles Carter aquel 22 de mayo en Charlotte. Al asumir por primera vez, en junio de 1998, la Asociación Nacional del Rifle contaba con tres millones y medio de asociados. Bajo su mandato, un millón de nuevos adherentes llenó sus fichas de ingreso. Sus palabras fueron impactantes pero, al mismo tiempo, alejadas de la realidad como cualquier show del mundo del espectáculo. Y tan ficticias como sus propios roles de patriarca judío, centurión romano, señor feudal, vaquero del Viejo Oeste y soldado de todas las guerras.

Lo cierto es que ese día hasta un niño de diez años podría haberle quitado el fusil sin ningún esfuerzo a ese anciano conservador que detestaba por igual a los demócratas, los homosexuales, las feministas y los trabajadores migrantes hispanoamericanos. Hubiera sido tan fácil como sustraerle el biberón a un bebé o el bastón blanco a un ciego. La vejez fue implacable con el hombre que encarnó a Moisés en Los Diez mandamientos: en 1997 se cayó en las escaleras de su casa en las montañas de Santa Mónica (California) y se rompió la cadera y todos los dientes.

Nuevamente lo aclamaron en Charlotte cuando se dirigió al entonces presidente William Clinton y lo acusó de ser un “deshonesto” que convirtió a la Casa Blanca “en un burdel”: “América no se fía de usted con la permisividad de homosexuales en el Ejército. América no le fiaría a usted nuestras hijas de 21 años y, Dios lo sabe, tampoco confiamos en usted para entregarle nuestras armas”.

El escritor de novelas bélicas John Hersey, ex corresponsal de guerra, ex director de la revista Life y ganador del Premio Pulitzer de Literatura 1945, considera que la estadounidense es “una cultura hambrienta de héroes y no parece importarle si son reales o de ficción”. El antropólogo Leonel Tiger, de la Universidad de Rutger (Nueva Jersey), define en pocas palabras las características que provocan admiración entre los ciudadanos medios: “Bravuconada sin majestuosidad y heroísmo sin dirección”. Estas opiniones le calzan como anillo a John Charles Carter y a sus seguidores en la Asociación Nacional del Rifle.

La organización, creada en 1871, posee 60 mil instructores de tiro, más de 15 mil clubes distribuidos en todo el país y una revista, The American Rifleman. Tiene casi 40 millones de aficionados al tiro al blanco, más que al béisbol o al fútbol americano. “Menos leyes y más pistolas” y “Los revólveres salvan vidas” son algunos de sus lemas más edificantes.

Durante la campaña presidencial de 2000, la ANR aportó cerca de 20 millones de dólares al Comité Nacional Republicano que impulsaba la candidatura de George W. Bush. Y John Charles Carter pidió a los electores que dieran su voto a W –como se conoce a Bush hijo– y llegó a decir: “Los patriotas de nuestro país ganaron la independencia gracias a las balas y ahora tenemos que defender esa libertad en las urnas. La nuestra es una guerra santa”.

El mismo día en que John Charles Carter era reelegido por tercera vez como presidente de la ANR, el corresponsal en Nueva York del diario español El Mundo escribió acerca de los miembros de la organización: “En un anuncio que durante esta semana han emitido varias televisiones americanas, los pistoleros se escudan tras la Estatua de la Libertad y se autoproclaman portadores del espíritu de la revolución norteamericana. Lo llevan haciendo desde hace 129 años, y ni el paso del tiempo ni las masacres escolares han surtido efecto en esa mentalidad del Viejo Oeste tan arraigada en la sociedad más violenta de Occidente”.

“El idiota internacional del año

El 20 de abril de 1999, un día de primavera, dos estudiantes entraron a la cafetería del centro de enseñanza secundaria Columbine, de Littleton (Colorado), y asesinaron a 15 alumnos. Dylan Klebold, de 17 años, y Eric Harris, de 18 años, irrumpieron en el lugar con un armamento muy superior al que utilizan los miembros de los grupos SWAT, los marines o las fuerzas de despliegue rápido: un rifle de asalto de nueve milímetros, una pistola automática con un cargador de 36 balas, dos escopetas con los cañones recortados y alrededor de tres docenas de granadas caseras, algunas de las cuales llegaron a lanzar en el ataque. Después, ambos se suicidaron.

Klebold y Harris, hijos de familias pudientes de Colorado, planificaron la matanza con un año de anticipación. Eligieron el 20 de abril porque se cumplía el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler.

Quizá fue una casualidad que en Colorado se hubiera convocado ese año la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle. Pero lo cierto es que en las pulcras calles de Littleton también se exhibían los carteles en los que aparecía John Charles Carter –con un fusil en las manos, desde luego– invitando a afiliarse.

En junio del 2000, el escritor Russell Banks, un crítico de los grandes mitos norteamericanos, opinó que John Charles Carter “en un tono que recordaba el que empleó Moisés cuando bajó del monte Sinaí, declaró solemnemente: «Si hubieran estado presentes guardias de seguridad bien armados, muchas vidas se habrían salvado.» Al parecer, el undécimo mandamiento es: «No irás por esos mundos de Dios desarmado»”.

Banks es autor de varias obras, entre las que destacan The book of Jamaica (1980), Aflicción (1992), Como en otro mundo (1994), La ley del hueso (1996) y Searching for Survivers (1999). Con motivo de la masacre de Littleton, el novelista publicó un artículo titulado “Nuestros hijos se matan los unos a los otros y se suicidan”, con una triste conclusión: “Durante el último medio siglo, sin saberlo, los estadounidenses hemos estado inmersos en un proceso de auto colonización. Faltos de indígenas en tierras lejanas a los que colonizar, hemos tenido que conformarnos con lo que había en nuestra propia tierra, y hemos colonizado a nuestros hijos con ayuda del cine, la televisión, los parques temáticos, Internet y los videojuegos. Es decir, con ayuda de esos imperios del ocio a los que íntimamente despreciamos, pero cuyas acciones compramos con avidez, nos hemos convertido en la cerda que se come a sus cerditos”.

El escritor iraní Salman Rushdie también opinó sobre la masacre de Littleton y consideró que el presidente de la Asociación Nacional del Rifle luchaba “por obtener el disputado titulo de Idiota Internacional del Año”. En una columna de opinión distribuida por New York Times Special Features en 1999, Rushdie expresó: “Piensa que en Estados Unidos los maestros deberían andar armados. Él cree que los institutos educacionales serán más seguros si su personal tiene la facultad de matar a balazos a los niños que se hallan a su cuidado. [...] El más famoso promotor de las armas de fuego en Estados Unidos, está haciendo todo lo posible para lograr que esas armas sigan formando parte integral del mobiliario de todo hogar norteamericano”.

Mientras tanto, John Charles Carter concluyó el primero de agosto de 2000 un tratamiento de tres semanas en una clínica de Utah. Según su vocera, Lisa De Matteo, no fue nada grave: apenas una “terapia de rehabilitación preventiva” contra el abuso en el consumo de bebidas alcohólicas.

Concluido el tratamiento “preventivo”, el ex actor se retiró a su casa en Santa Mónica. Allí, en el estudio, exhibía un ejemplar de la Constitución de Estados Unidos, biografías de los “Padres Fundadores”, libros sobre la Guerra Civil norteamericana y la Segunda Guerra Mundial, junto con miniaturas de aviones de combate. En una de las paredes cuelga la espada medieval fabricada en España cuando filmó El Cid, quien ganó su última batalla contra los árabes cabalgando aún después de muerto.

Pero a diferencia del legendario señor feudal español, este anciano retrógrado con el cuerpo y la mente en bancarrota, terminó sus días en posición horizontal, con sus “manos frías” cruzadas sobre el pecho y sin su fusil. En agosto de 2002, los médicos le diagnosticaron mal de Alzheimer. Falleció el pasado 5 de abril, seis meses antes de cumplir 84 años, de un cáncer de próstata. La prensa lo recordó en todo el mundo con el nombre artístico que lo hizo famoso: Charlton Heston.

SELSER, PERÓN, EL CORONEL JULES DUBOIS Y LA SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA

Posted 31 Marzo 2008 by
Categories: Iberoamérica, Periodismo

Roberto Bardini

El cementerio nacional de Arlington ocupa 250 hectáreas con más de 300 mil lápidas de mármol blanco sobre césped bien cortado cerca del Río Potomac y del edificio del Pentágono. Ahí están enterrados soldados que murieron en todas las guerras en la que participó Estados Unidos, desde la independencia de la Corona Británica y la Guerra de Secesión hasta las ocupaciones de Afganistán e Irak, pasando por Corea y Vietnam.

julesdubois.jpgTambién yacen en Arlington los restos algunos presidentes norteamericanos y de ciertos personajes que prestaron servicios distinguidos al país, como el coronel de inteligencia militar Jules Dubois, fallecido el 16 de agosto de 1966, a la edad de 56 años, en un hotel de Bogotá.

Casi desconocido por las nuevas generaciones de periodistas, Dubois fue retratado por el pintor mexicano Diego Rivera en el mural Gloriosa Victoria. La obra, que se conoció en México recién en 2007, fue donada por el artista a los trabajadores rusos y permaneció durante 50 años en una bodega del Museo Pushkin, de Moscú.

mural.jpgLa pieza es una condena al golpe militar promovido en Guatemala por la CIA y la empresa bananera United Fruit en junio de 1954. En ella aparecen dibujados, además de Dubois, el presidente Dwight Eisenhower (como si fuera una bomba), el dictador guatemalteco Carlos Castillo Armas, el embajador norteamericano John Emil Peurifoy y el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano mayor de Allen Welsh Dulles, ex presidente de la United Fruit y primer director civil de la CIA en 1953.

Fue precisamente John Foster Dulles, ex asesor legal de la compañía bananera y abogado de Prescott Bush abuelo del presidente George W. Bush quien calificó al derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz y la imposición de Castillo Armas como “una gloriosa victoria”. De ahí el título elegido por Diego Rivera para su mural. Tras el golpe, 12 mil personas fueron arrestadas, se disolvieron más de 500 sindicatos y dos mil dirigentes gremiales abandonaron el país.

En Miami también hay un edificio que lleva el nombre de Jules Dubois. Está ubicado en el número 1801 South West de la Tercera Avenida y alberga las instalaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), fundada en La Habana en 1943, durante la dictadura del ex sargento convertido en general Fulgencio Batista.

¿A qué se debe el honor? Luego de ser instructor militar en Fort Leavenworth (Kansas), el coronel se metamorfoseó como reportero del Chicago Tribune y “refundó” a la organización en 1950 en Nueva York. Desde entonces la SIP dejó de ser un ámbito más o menos plural y se transformó en lo que es hasta hoy: un cartel de empresarios, dueños de periódicos, revistas, canales de televisión y emisoras de radio, muchos de los cuales dejaron de ser periodistas hace muchos años para convertirse en hombres de negocios.

El periodista e historiador argentino Gregorio Selser se ocupó durante años de este organismo empresarial. El 1 de diciembre de 1974 publicó en la revista Dinamis, de Buenos Aires, algo que parece redactado ayer: “La SIP tendió a inmiscuirse cada vez más prepotente y altaneramente en los asuntos internos de los países del continente, como si la OEA o algún otro organismo supranacional hubiera delegado en ella la visión de velar los postulados de la libertad de prensa. [...] Obtenía de ese modo plusvalía al equivoco generalizado de que obraba en nombre de los periodistas del continente, cuando sólo era la expresión de los dueños de la prensa que en no pocos casos apenas si saben leer y escribir”.

El tres veces presidente argentino Juan Perón también se refirió, 51 años atrás, a las “grandes cadenas de diarios, revistas y órganos publicitarios diversos, que responden a la tendencia occidental, dirigidos, manejados y financiados desde la Sociedad Interamericana de Prensa”:

“Los órganos independientes, que en pequeño número funcionan en algunos países, deben vivir muy aleatoriamente, desde que las grandes cadenas les hacen una guerra ruinosa de avisadores, hasta conseguir su ruina económica. El sistema es fácil, mediante los grandes órganos que realizan el boicot a las empresas comerciales y particulares, que avisan en los diarios de la «lista negra». Así se va consiguiendo una unanimidad para que todos los «órganos de opinión» respondan a la «voz del amo». A esto se le llama ahora «libertad de prensa».

“Si algún mandatario, en uso de su derecho que no se le niega a estos empresarios de la falsedad, se decide a tener sus propios órganos de opinión o tomar medidas en defensa de los intereses nacionales limitando la licencia y la procacidad de los «órganos encadenados», mediante una censura apropiada, entonces todas las agencias de noticias también encadenadas, comienzan a cursar despachos con «noticias» en los que se tendrá buen cuidado de decir que se trata de un «dictador» y que el régimen es «totalitario» o «antidemocrático» y a renglón seguido se comienza a hablar de una revolucion, mientras viaja el inefable Jules Dubois para anunciarla”.

Esto fue escrito por Perón en Los vendepatria, publicado en el exilio en 1957, y también parece redactado ayer.

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UN MUNDO FELIZ

Posted 19 Marzo 2008 by
Categories: Estados Unidos, Medio Oriente

Roberto Bardini

misioncumplida.jpgEl primer chiste más cruel del siglo XXI lo hizo George W. Bush el primero de mayo de 2003, un mes después del derrocamiento de Saddam Hussein, cuando apareció disfrazado con uniforme de piloto militar en el portaaviones Abraham Lincoln y anunció, bajo un enorme cartel con la frase “¡Misión cumplida!”, que las mayores operaciones de combate en Irak habían terminado.

La segunda broma más macabra en lo que va de esta centuria la hizo el miércoles 19 de marzo en el Pentágono, cuando afirmó que “el mundo es ahora un lugar mejor, Estados Unidos está más seguro que antes de la invasión a Irak y ésta es una lucha que América puede y debe ganar”.

¿Es humor negro, humor involuntario o humor para causar malhumor? Los motivos del ataque fueron la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por parte del régimen iraquí y sus presuntos vínculos con Al Qaeda, pero el año pasado 16 agencias de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos reconocieron que las armas no existían ni había relación entre Hussein y Osama bin Laden.

En 60 meses de ocupación en Irak murieron 4.000 mil soldados estadounidenses y 60.000 resultaron heridos. La cifra de civiles árabes muertos es mucho mayor: más de un millón, según informó el pasado 28 de enero la agencia de sondeos británica Opinion Research Business. La Organización Mundial de la Salud estima que 151 mil iraquíes perdieron la vida en los primeros tres años. De acuerdo con un cálculo conservador de la morgue de Bagdad, sólo en la capital ingresaron 50 mil cadáveres en los últimos tres años, que equivalen a 190 veces el total de víctimas de los atentados en Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

Ahora “el mundo es un lugar mejor”, pero los iraquíes no pueden apreciarlo porque están demasiado ocupados en sobrevivir sin alimentos bajo los tiros y las bombas. La ONU informa que cuatro millones y medio de personas fueron desplazadas de sus hogares y cada mes 60 mil huyen por las fronteras. La mitad de los 26 millones de habitantes subsiste con un dólar diario, 40 por ciento no tiene acceso a raciones de comida y 70 por ciento carece de agua potable.

Hoy “Estados Unidos está más seguro que antes”, pero luego de cinco años Irak no es ningún ejemplo de democracia. El gobierno es incapaz de reorganizar el país, chiítas y sunitas están más enfrentados que en épocas de Hussein, las fuerzas armadas locales no garantizan la paz y los nuevos servicios de seguridad persiguen a los opositores con igual saña que los del régimen anterior.

¿Es “ésta una lucha que América puede y debe ganar”? Los gastos de la ocupación superan a los de las guerras del Golfo de 1991 (88.000 millones de dólares), de Corea (456.000 millones de dólares) y de Vietnam (518.000 millones de dólares). En cinco años el precio de petróleo subió de 25 dólares por barril a más de cien dólares por barril, Estados Unidos está al borde de la bancarrota económica y siete de cada diez estadounidenses culpan a la invasión por la crisis en sus bolsillos.

Cinco meses antes del desembarco en Irak, el periodista, escritor y político conservador Pat Buchanan, ex asesor de Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan y ex candidato presidencial republicano en 1992 y en 1996, cofundador de la revista The American Conservative y articulista en The Nation y Rolling Stone, escribió: “La única empresa en la que los pueblos islámicos sobresalen es en expulsar a las potencias imperiales mediante el terrorismo o la guerra de guerrillas. Sacaron a los británicos de Palestina y Adén, a los franceses de Argelia, a los estadounidenses de Somalia y Beirut, a los israelíes de Líbano. La única lección que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia”.

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EL MAESTRO NAZI DEL DALAI LAMA

Posted 18 Marzo 2008 by
Categories: Asia, Personajes

Roberto Bardini

Jorge Luis Borges atribuye a Rudyard Kipling una frase: “Si has oído el llamado de Oriente, ya no oirás otra cosa”. El pensador francés René Guénon, masón convertido al islamismo, le adjudica otra: “Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y jamás se han de encontrar”. Tibet, los sucesivos dalai lamas, el budismo y ciertas enseñanzas milenarias, independientemente de su real importancia filosófica y religiosa, siempre han sido territorio propicio para talentosos charlatanes, especialistas en embaucar a voluntades débiles obsesionadas con la meditación trascendental, la reencarnación y las “enseñanzas herméticas de los superiores desconocidos”.

blavatsky.jpgUna de las más célebres impostoras fue la “vidente” Helena Blavatsky, nacida en Ucrania e hija de un coronel alemán. Luego de trabajar en un circo como ayudante de una médium, en 1875 creó en Estados Unidos la Sociedad Teosófica, inspirada en un supuesto viaje de aprendizaje por Tibet. En 1884 la expulsaron de la India al descubrirse que recurría a sus destrezas como ilusionista para producir “materializaciones” de la nada. Tras una averiguación que duró un año, la Sociedad para la Investigación Psíquica, de Londres, la definió como “una de las impostoras más grandes de la historia”. Madame Blavatsky, que consideraba a los aborígenes australianos como pertenecientes a “una raza inferior” y a los semitas como “espiritualmente degenerados”, tuvo posteriormente muchos adeptos entre el nazismo. Sus libros Isis sin velo (1875) y Doctrina secreta (1888 ) se continúan vendiendo hasta hoy.

gurdjieff.jpgOtro de los “grandes maestros” fue el hipnotizador, traficante de alfombras orientales y ex espía zarista George Ivanovitch Gurdjieff, un sexópata nacido en la Armenia rusa e impulsor del “cuarto camino”, quien aseguraba a sus discípulos que en el Tibet se había iniciado en “medicina, danzas rituales y técnicas psíquicas”. El escritor y profesor universitario británico Romuald Landau, especialista en religiones comparadas, comprobó que este personaje era un agente secreto ruso al servicio del treceavo Dalai Lama, Thupten Gyatso, un gobernante despótico que en 1904 huyó a China y en 1910 se refugió en la India.

rampa.jpgEn 1956 se publicó en Gran Bretaña un éxito editorial, El tercer ojo, de Lobsang Rampa, quien se presentaba como miembro de una añeja estirpe de monjes tibetanos y conocedor desde los siete años de secretos relacionados con la espiritualidad. En 1958, el Daily Mail, de Londres, reveló que el misterioso autor se llamaba en realidad Cyril Henry Hoskin. Era hijo de un plomero de Devonshire, al suroeste del Reino Unido, y nunca había salido del país. El farsante huyó a Canadá, donde obtuvo la nacionalidad y se presentó como “Doctor Rampa” hasta su muerte en 1981, luego de publicar otros 20 títulos. A la fecha, El tercer ojo lleva vendidos millones de ejemplares en casi todos los idiomas.

harrer.jpgQuien pasó el dato al Daily Mail fue el geógrafo, esquiador, alpinista y explorador austriaco Heinrich Harrer, autor en 1953 del libro Siete años en el Tibet, traducido a 48 idiomas y llevado al cine en 1997, con la actuación de Brad Pitt. Harrer –que también escribió Mi vida en la corte del Dalai Lama, del que se vendieron 50 millones de ejemplares– fue maestro particular y amigo de Tendzin Gyatso, actual guía espiritual de los tibetanos, que entonces tenía 11 años. Lo que la película no muestra es que cuando tropas chinas invadieron Tibet en 1949, Harrer permaneció en la primera línea de la defensa hasta que tuvo que huir.

Calificado por la revista Vanity Fair como “el último explorador del siglo”, luego de regresar a Austria el alpinista viajó al Amazonas, Groenlandia, Alaska, el Congo, Nueva Guinea, Nepal, Surinam, Sudán, Borneo, India, Zaire y Uganda. El gobierno del Dalai Lama en el exilio le otorgó la condecoración Luz de la Verdad por su apoyo al Tíbet, país que él llamaba su “segunda patria”.

Poco después del estreno de Siete años en el Tibet, filmada en la Cordillera de los Andes en Argentina, el semanario alemán Stern reveló que Harrer pertenecía a las Schutzstaffel (SS), escuadras de protección nacionalsocialistas, desde 1933, cuando tenía 21 años. Con información de archivos secretos de la inteligencia militar de Estados Unidos, la revista informó que el montañista fue bien acogido en la corte del catorceavo Dalai Lama gracias a las excelentes relaciones que existían desde la década del ‘30 entre los monjes tibetanos y unos cuantos jerarcas nazis seguidores de madame Blavatsky e interesados en el orientalismo.

daharrer.jpgDesde entonces y hasta su muerte en 2006, a los 93 años, Harrer desapareció de la vida pública. “Sólo me puse el uniforme de las SS para mi casamiento”, declaró. Lo cierto es que entre 1939 y 1945, el tiempo que duró la Segunda Guerra Mundial, Harrer permaneció en Asia y no pudo haber participado en ningún crimen de guerra.

Cuando el explorador cumplió 90 años, recibió la visita del Dalai Lama. “Heinrich Harrer fue mi amigo personal”, escribió el monje al enterarse del fallecimiento. “Aprendí muchas cosas de él, particularmente acerca de Europa. Sentimos que hemos perdido un leal amigo de Occidente”.

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EL CASO ALDO MORO 30 AÑOS DESPUÉS

Posted 11 Marzo 2008 by
Categories: Estados Unidos, Europa

Roberto Bardini

moro.jpgLas sorprendentes declaraciones del psiquiatra estadounidense Steve Pieczenik al diario La Stampa, de Turín, en el sentido de que 30 años atrás manipuló al grupo terrorista Brigadas Rojas para que asesinara al político democristiano Aldo Moro, podrían ser una densa cortina de humo para ocultar a los verdaderos autores intelectuales de aquel crimen que conmovió a Italia y que se sabe fue planificado por la organización anticomunista conocida como Gladio.

Pieczenik, que se presenta como experto en antiterrorismo y es autor de algunas novelas de espionaje de dudosa calidad, dijo que tres décadas atrás viajó a Roma como enviado del entonces presidente James Carter para negociar con los secuestradores de Moro. Se encontró con un país “a punto de desestabilizarse”, pero –según su increíble opinión– la muerte del cautivo evitó que “la economía italiana se hundiera”.

moro2.jpgAldo Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 cuando se dirigía a una sesión extraordinaria del Congreso. Tras 52 días de cautiverio, su cadáver acribillado a tiros apareció el 9 de mayo en el baúl de un coche estacionado en el centro de Roma, a mitad de camino entre el local de la Democracia Cristiana y la sede del Partido Comunista. Fue un mensaje claramente mafioso: por gestiones de Moro, las dos agrupaciones se habían aliado coyunturalmente en el llamado “compromiso histórico” para afrontar la crisis económica y política que afectaba al país.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y durante 32 años el dirigente asesinado había ocupado sucesivos cargos de importancia en el gobierno italiano: diputado de la Asamblea Constituyente en 1946, secretario general de la Democracia Cristiana en 1959, ministro de Justicia, ministro de Instrucción Pública y primer ministro en 1963-1968 y 1974-1976.

Steve Pieczenik, nacido en Cuba y criado en Francia, también está vinculado a la política desde hace unos cuantos años. Tiene estudios de postgrado en Relaciones Internacionales en el Massachussets Institute of Technology (MIT), fue asistente de los secretarios de Estado Henry Kissinger, Cyrus Vance, George Schultz y James Baker, y asegura que es “experto en resolución de conflictos en Asia, Oriente Medio, América Latina y Europa”.

Tras pedir disculpas en La Stampa a la familia de Moro, el psiquiatra consideró que el crimen del político fue “una iniciativa brutal, una decisión cínica, un golpe a sangre fría, ya que un hombre tenía que ser sacrificado para la supervivencia del Estado”. Este llamativo lenguaje no debe sorprender, ya que Pieczenik también es novelista, guionista, productor de series de televisión y autor de un libro de autoayuda traducido al castellano con el ingeniosísimo título Vivo bien ¿Por qué me siento mal? (editorial Grijalbo, Buenos Aires, 1992).

Eso no es todo. El “experto en resolución de conflictos” en cuatro continentes también cultiva un original género literario denominado “psicopolítica”, término acuñado en el libro Lavado de cerebro, del imaginativo L. Ronald Hubbard, fundador en 1952 de la lucrativa Iglesia de la Cienciología.

Pieczenik asesora en “psicopolítica” al escritor conservador Tom Clancy, autor de varios best sellers que fueron llevados al cine, como La caza del Octubre Rojo (1990), Juegos de patriotas (1992), Peligro inminente (1994) y Pánico nuclear (2002). Los dos han firmado juntos dos series de novelas: Op-center y Net Force. La primera narra las andanzas de un grupo paramilitar al servicio de la Casa Blanca, en misiones al margen de la ONU; la segunda, describe las operaciones de una unidad que protege al gobierno de Estados Unidos de las amenazas por internet.

Con todos estos antecedentes, las declaraciones de Pieczenik a tres décadas del asesinato del ex primer ministro Aldo Moro resultan un poco sospechosas: desde hace años se sabe que el crimen fue inducido por la red Gladio, un grupo secreto creado en Italia al término de la Segunda Guerra Mundial por iniciativa de la CIA y el respaldo de diversos servicios de inteligencia europeos.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti reveló el 24 de octubre de 1990 que durante la Guerra Fría (1948-1991) existió en Italia una red clandestina en la que participaban ex nazis, neofascistas, militares y logias secretas como Propaganda Dos (P-2), que realizaban ataques terroristas que se pudieran atribuir a grupos anarquistas y las Brigadas Rojas, organización de ultraizquierda a la que lograron infiltrar y manipular.

En septiembre de 1991, un juez instructor de Venecia, Felice Casson, descubrió que el general Paolo Inzerilli, ex jefe de inteligencia militar, había sido el cabecilla de Gladio entre 1974 y 1986. El oficial confesó que las armas y explosivos utilizados en los atentados se guardaban en cuarteles de los carabineros y del ejército.

El 15 de julio de 1993, el juez Agostino Córdova, del tribunal de Palmi (Calabria), aseguró –luego de reabrir el caso y con documentos en la mano– que “desde el secuestro de Moro hasta la desintegración de la Democracia Cristiana fueron por decisión de una triada de poderes: CIA, mafia y masonería”. Investigaciones posteriores demostraron que esta “internacional negra” fue responsable en Italia de los atentados de Piazza Fontana (1969), Peteano (1972) y la estación de trenes de Bolonia (1980), además del asesinato de Aldo Moro en 1978.

Todas estas operaciones clandestinas contaban con el respaldo de la logia P-2, en la que participaban 14 generales del ejército, nueve generales de carabineros, nueve almirantes, cuatro generales de aviación, seis ministros, 63 funcionarios de diversos ministerios, 60 dirigentes políticos, 18 jueces y procuradores, 83 grandes industriales y varios obispos del Vaticano.

Entre los empresarios vinculados a la P-2 figuraba Giovanni Agnelli, fallecido en 1993, dueño de la Fiat y del diario La Stampa. Quizá no sea casual que el peculiar psiquiatra-novelista Steve Pieczenik haya elegido precisamente ese periódico para asumir la ruidosa –y poco convincente– responsabilidad pública del asesinato de Aldo Moro.

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EL CONTRATISTA QUE PERDIÓ LA GRACIA DEL PENTÁGONO

Posted 7 Marzo 2008 by
Categories: Estados Unidos, Personajes

Roberto Bardini

bout.jpgEl traficante de armas más importante del mundo, Viktor Bout, de 43 años, propietario de una flota de 50 aviones y ex contratista al servicio de Estados Unidos y Gran Bretaña en el Golfo Pérsico, gozaba de cierta inmunidad en el cenagoso ambiente de las transacciones de guerra internacionales. Esta prerrogativa se le acabó en Tailandia, cuando fue apresado por agentes encubiertos de la DEA al intentar vender armamento a las FARC, a las que ya había suministrado misiles SAM-7 entre noviembre de 1997 y abril de 1998.

Lo curioso del caso es que varias empresas aéreas de Bout transportaron equipo militar, soldados y “contratistas” de empresas de seguridad privadas en Afganistán e Irak, donde prestó servicios a las tropas de ocupación estadunidenses y británicas. Entre 2003 y 2006, sus aviones volaron cientos de veces a Bagdad y Kabul por cuenta del Departamento de Defensa norteamericano y de la empresa petrolera Halliburton.

La relación de Bout con el Pentágono era tan fluida y provechosa que cuando en marzo de 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU decidió congelar los bienes de quienes habían apoyado al ex dictador de Liberia, Charles Taylor, Estados Unidos logró que no se incluyera al traficante. Ese mismo año Londres también lo excluyó de su “lista negra” a pedido de Washington.

Se cree que Viktor Bout, nacido el 13 de enero de 1967 en una pequeña localidad de Tayikistán, en la ex Unión Soviética, fue oficial de aviación hasta el colapso del comunismo en 1991. Y como habla fluidamente inglés, francés, portugués, uzbeko y algunos idiomas africanos, también se cree que a fines de los ‘80 egresó del Instituto Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú, donde el GRU (servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas) entrenaba a sus agentes destinados al exterior.

El comerciante, que utilizaba cinco pasaportes diferentes, hizo negocios en Angola, Liberia, Ruanda, Sierra Leona, Somalia y Sudán, y entre sus destrezas figuraba vender armas a dos bandos enfrentados en un conflicto. En los años ‘90, por ejemplo, era proveedor del legendario comandante Ahmed Massud, líder de la Alianza del Norte en Afganistán, y al mismo tiempo vendía armas y aviones a sus enemigos talibanes. La flota aérea del mercader ruso voló para el gobierno de Angola y también para sus enemigos de la UNITA.

Bout también trabajó para gobiernos europeos: en 1993 transportó de fuerzas de paz belgas a Somalia y en 1994 llevó soldados franceses a Ruanda. Un informe de Amnistía Internacional de 2005 lo menciona como proveedor de armas para Bulgaria, Eslovaquia y Ucrania. Luego del tsunami que en diciembre de 2004 arrasó las costas de Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia, sus aviones llevaron ayuda humanitaria en Sri Lanka. Se sospecha que también ha vendido armamento a la organización terrorista Al Qaeda.

Conocido como “el Bill Gates del tráfico de armas” y “el pionero de la globalización mafiosa”, Bout era dueño de la mayor flota del mundo de viejos y pesados aviones de carga Antonov e Ilyushin, y en sus empresas trabajaban alrededor de 300 empleados. A pesar de su juventud, ya ingresó a un territorio de leyenda que inspiró dos documentales, una película de aventuras y un best seller.

lord.jpgEn mayo de 2002, la cadena de televisión pública estadounidense PBS produjo el documental Traficantes de armas para su programa Frontline, en el cual aparece Bout entre otros vendedores. Otro documental, La pesadilla de Darwin, que describe los negocios del traficante en África, fue nominada en 2004 al Oscar como la mejor película de no ficción. Al año siguiente, Nicolas Gage protagonizó El señor de la guerra, donde representa a un elegante Bout, más delgado y sin bigotes. Y en 2007 se publicó la biografía El mercader de la muerte, escrita por los reporteros Stephen Braun, de Los Angeles Times, y Douglas Farah, de The Washington Post.

Ahora, por alguna razón, Bout perdió la gracia del Departamento de Defensa. Un fiscal del Distrito Sur de Nueva York repentinamente se acordó que entre fines de 1997 y comienzos de 1998 el traficante había vendido lanzacohetes blindados y misiles tierra-aire SAM-7 a las FARC y pidió su extradición a Tailandia. Con algún retraso –ya transcurrió una década desde aquella operación– el fiscal Michael García dijo que el ex contratista del Pentágono “enfrenta a cargos relacionados con la confabulación para suministrar armas a organizaciones terroristas que han amenazado y amenazan los intereses estadounidenses” y que podría ser condenado a 15 años de prisión.

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EL EXTRAÑO CASO DE LA LAPTOP BLINDADA

Posted 6 Marzo 2008 by
Categories: Iberoamérica, Venezuela

Roberto Bardini

laptop.jpgLa exhuberante correspondencia que el portavoz internacional de las FARC, comandante Raúl Reyes, almacenaba en su laptop un artefacto aparentemente blindado a prueba de bombardeos aéreos y que fue divulgada a los cuatro vientos por el gobierno colombiano, descorre el velo de sorprendentes operaciones encubiertas que parecen imaginadas por el novelista británico John Le Carré, maestro de la literatura de espionaje.

Con el telón de fondo de las negociaciones para lograr la libertad gradual de 43 rehenes en poder de la guerrilla desde hace seis años, en la supuesta documentación secuestrada por la inteligencia militar colombiana aparecen mercenarios libaneses que proponen a las FARC canjear misiles por droga, infiltrados de la CIA y la DEA en el gobierno de Ecuador, un misterioso agente de los servicios secretos franceses y la adquisición de uranio para fabricar bombas nucleares en plena jungla.

Según la correspondencia en poder de Reyes, los traficantes libaneses ofrecen una cantidad indeterminada de misiles valuados en 35 mil dólares cada uno e instructores para entrenar a los insurgentes a cambio de 5 mil kilos de cocaína que el cartel de Cali entregaría en México al cartel de Tijuana para transportarlos a Europa en barco y avión.

En los mensajes recibidos por el ex número dos de las FARC se menciona a “un ministro de apellido Bustamante que es de la CIA”, a su “segundo o sucesor de apellido Roldán, que es de la DEA” y a un representante del presidente Nicolás Sarkozy, llamado Noé, que es “de la inteligencia francesa”.

El ministro de Gobierno de Ecuador es Fernando Bustamante, un sociólogo graduado en Chile, con una maestría en Administración Pública de Harvard y un doctorado en Política del Massachussets Institute of Technology (MIT). El subsecretario general de ese ministerio es Juan Sebastián Roldán, de sólo 29 años, master en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca (España). Ambos parecen tener perfiles de académicos, no de espías.

naranjo.jpgEl jefe de la policía colombiana, general Óscar Naranjo, aportó algunos increíbles párrafos a este relato de intriga internacional cuando el lunes pasado afirmó que en la laptop de Reyes también había datos que comprometían a las FARC en la compra de 50 kilos de uranio para fabricar bombas radioactivas.

Naranjo no explicó en qué clase de choza selvática o tienda de campaña móvil se instalaría un laboratorio atómico para armar los artefactos, lo cual elevaría a los aislados rebeldes colombianos a la misma categoría que los ingenieros nucleares israelíes o iraníes.

El vicepresidente colombiano, Francisco Santos Calderón, agregó su grano de arena o gramo de uranio al día siguiente, cuando en la Conferencia de Desarme de la ONU, efectuada en Ginebra, sostuvo sin pestañear que las FARC “estarían negociando material radiactivo con el fin de fabricar armas sucias de destrucción y terrorismo”.

El insólito caso de la documentación rescatada de una laptop a prueba de ataques aéreos recuerda a la Operación Demavend, nombre clave de una serie de maniobras internacionales encubiertas en los años 80 en las que Estados Unidos, Israel e Irán negociaron en secreto el intercambio de rehenes por armas y que se conoció como escándalo Irán-contras o Teherángate.

El 3 de noviembre de 1986, el periódico libanés Al Shiraa reveló que Washington había vendido clandestinamente a Teherán con la intermediación de Tel Aviv repuestos para aviones, misiles TOW antitanque y equipo electrónico a cambio de la liberación de seis estadounidenses secuestrados en Líbano por el grupo musulmán chií Partido de Dios.

Durante 18 meses, agentes del Consejo Nacional de Seguridad dirigidos por el teniente coronel de marines Oliver North mantuvieron negociaciones secretas con políticos iraníes para que intercedieran ante los fundamentalistas islámicos y lograran la liberación de los rehenes, entre los que se encontraba el jefe de la estación de la CIA en Beirut, William Buckley, capturado en marzo de 1984 y posteriormente asesinado.

La Operación Demavend (nombre de la montaña más alta de Irán) consistió en seis embarques estadounidenses destinados a Irán entre agosto de 1985 y octubre de 1986. El dinero iraní se depositaba en el banco Credit Suisse, de Ginebra, el tercero en importancia en Suiza. De allí lo retiraban los “contras” nicaragüenses instalados en el sur de Honduras y compraban cocaína colombiana. Después, con el respaldo de la CIA y la DEA, enviaban la droga a Estados Unidos a cambio de armamento que utilizaban contra el gobierno sandinista.

El escándalo Irán-contras ocupó a las primeras planas en todo el mundo porque el entonces presidente republicano Ronald Reagan había autorizado la operación a espaldas del Congreso, los políticos, la prensa y los contribuyentes. “Es la más desagradable sorpresa de política exterior de los últimos 25 años”, sostuvo The New York Times el 14 de noviembre de 1986.

En aquellos años, la guerra no declarada de Estados Unidos contra Nicaragua desde territorio hondureño dejó 50 mil muertos y pérdidas materiales por 18 mil millones de dólares. Honduras, entonces con apenas cuatro millones de habitantes, tenía la mayor cantidad de campamentos militares y bases aéreas de toda América Latina. En febrero de 1984, el senador demócrata James Sasser, de Tennesee, dijo que era “el país con más pistas de aterrizaje per cápita del mundo”.

El presidente venezolano Hugo Chávez definió a Colombia como “el Israel de América Latina”, idea que fue retomada por varios analistas de prensa. Sin embargo, el vecino de Venezuela y principal aliado de Estados Unidos en el continente, cumple hoy en América del Sur la misma función que antes desempeñaba Honduras en América Central.

Ubicada estratégicamente como una cuña entre Ecuador, el norte de la Amazonia y Venezuela, Colombia tiene el segundo ejército más grande de América Latina después de Brasil. Las Fuerzas Armadas cuentan con cerca de 300 mil efectivos y la policía sobrepasa los 400 mil.

Colombia dispone de un presupuesto para defensa y seguridad nacional de nueve mil millones de dólares y es el tercer receptor mundial de ayuda militar estadounidense luego de Israel y Egipto. Además, desde 2000 recibe entre 400 y 600 millones de dólares anuales como parte del Plan Colombia diseñado por Estados Unidos hasta 2013.

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EL COMPLEJO ARTE DE NARRAR

Posted 25 Febrero 2008 by
Categories: Irreverencias y reverencias

Roberto Bardini

chandler.jpgEn enero de 1944, Raymond Chandler le escribe una carta a James Sandoe, crítico de novelas del New York Herald-Tribune, en la que afirma: “Muy de vez en cuando el autor de novelas de detectives es tratado como un escritor, pero muy raramente”. Chandler intercambió numerosa correspondencia con Sandoe, en la que este tema estuvo siempre presente. En octubre de 1948 le comenta: “No hay trabajos críticos de primera calidad sobre la novela de crímenes o de misterio. Ni en este país ni en Inglaterra hay reconocimiento por parte de la crítica de que se encierra mucho más arte en los representantes de estas obras que en cualquier cantidad de gruesos volúmenes de mentirosa historia o de basura con significado social”.

Chandler sabía, desde luego, y así lo dejó asentado, que “el crítico común jamás reconoce un mérito cuando existe; lo explica cuando se ha vuelto respetable”.

En abril de 1949, el autor de El largo adiós vuelve a la carga en otra carta a Sandoe: “Pienso que algunos escritores están constreñidos a escribir con frases rebuscadas a manera de compensación por la ausencia de algún tipo de emoción animal natural. No sienten nada, son eunucos literarios y, por lo tanto, para probar su individualidad, caen en una terminología oblicua”. Y en junio de aquel año, retoma la cuestión: “La clase de gente educada pero semiculta con la que uno se encuentra hoy en día, me dice más o menos esto: «Usted escribe tan bien que estoy convencido que podría hacer una novela seria»”.

En octubre de 1955, Chandler le escribe a Hillary Waugh, otro autor de novelas policiales: “No discuto que un gran número de obras policiales son mediocres, pero gran número de libros de cualquier género son mediocres. El peor de nosotros derrama su sangre en cada capítulo. El mejor empieza de cero con cada nuevo libro. A ningún escritor de obras policiales que yo haya conocido se le cruzó jamás por la cabeza que lo que hacía no valía la pena hacerlo; lo único que deseaba era poder hacerlo mejor. Yo tuve la suerte de ser uno de los afortunados y, créame, hace falta suerte”.

Un poco antes de la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética junto con el derrumbe de los sueños de por lo menos tres generaciones, el escritor siciliano Leonardo Sciascia derribaba una pared de prejuicios literarios al declarar: “Encuentro que la técnica de la novela policíaca es hoy la más honesta porque tiene vocación de narrar”. Cuando Sciascia nació, Chandler tenía 41 años. De haberse conocido personalmente, sin duda los dos se hubieran llevado muy bien.

A más de medio siglo de la época en que estas cuestiones molestaban a Chandler, las cosas han cambiado: ahí están, para quien quiera verlas, las colecciones de novela policial del estilo hard boiled de editoriales tan prestigiosas como Mondadori y Gallimard. El espacio se ha ampliado ahora a novelas de espionaje, intriga política y aventura. Y poco a poco va siendo ocupado por numerosos autores españoles y latinoamericanos, muchos de ellos provenientes de las filas del periodismo y de la militancia revolucionaria en repliegue y, en el caso de Estados Unidos, con la incorporación de veteranos ex policías –generalmente decepcionados– que saben de lo que escriben y, además, escriben bien.

Sin embargo, subsisten quienes se empeñan en afirmar que existe una contradicción entre literatura “seria” y de la otra, entre obra mayor y “menor”, entre género y “subgénero”. Cada vez con menos fuerza y menores argumentos, es cierto, pero persiste. Todavía hoy se escucha alguna voz carente de esa “emoción natural animal” que reclamaba el creador del detective Philip Marlowe.

A todas estas expresiones también se adelantó Chandler. En el prólogo a algunos de sus cuentos publicados entre 1934 y 1939, ya había detectado cierto tipo de lectores que padecían un raro síndrome de inmuno deficiencia literaria. En unas pocas líneas que también parecen redactadas como una respuesta anticipada a los paladares exigentes, Chandler escribió:

Hay quienes creen que la ficción detectivesca es un subgénero literario, y no tienen para ello mejores argumentos que el de que por lo menos no se atasca en oraciones subordinadas, complicada puntuación o subjuntivos hipotéticos. Están quienes las leen cuando están cansados o enfermos, y por la cantidad de novelas de misterio que consumen deben estar muy enfermos o muy cansados”.

Luis Cernuda, en su prólogo de 1961 a la edición española de Cosecha roja, sostiene que Dashiell Hammett “escribe en la época cuando la ley seca y las bandas de gangsters daban a la vida norteamericana un carácter especial” y que “supo ver y expresar aquel ambiente con su vacuidad singular, dotándolo, por la reticencia y la aguda notación psicológica con que lo expone, de un valor novelesco indudable”.

Dejemos de lado eso de “vacuidad singular” y “aguda notación psicológica” y disculpemos a Cernuda, a quien apreciamos mucho. Después de todo él era poeta, fue profesor de Literatura en Cambridge y en universidades de México y Estados Unidos, estuvo exiliado luego de la Guerra Civil de España y no frunció la nariz ante la novela policial.

“Nuestro escrúpulo excesivo nos está llevando a esperar de Dashiell Hammett cosas que él, probablemente no pretendía ni buscaba; ya es bastante lo que nos da: realidad, consistencia, interés”, escribe Cernuda. “La obra de Hammett posee siempre la facultad de entretener poderosamente al lector. ¿Cuánto tiempo durará en ella dicha facultad? Nadie puede responder a eso. Los tiempos cambian y las diversiones humanas también; lo único que no cambia es la sempiterna necesidad humana de entretenimiento”.

Y sí, los tiempos cambian y también las diversiones. Ahora hay gente que lee menos y va más al teatro o al cine, o prefiere ver videos en su casa o se apasiona por los jueguitos en la computadora. Hay personas que después de haber asistido a ochenta representaciones teatrales o haber leído noventa poemarios o haber escuchado cien conciertos, concluyen en que no le gustan ni el teatro, ni la poesía, ni la música.

Claro que esta gente me recuerda un poco al episodio del “macho probado” en Boogie el Aceitoso. Sí, aquel hombrote moreno y de grandes bigotes, que para estar absolutamente seguro de que no le gustaba una preferencia sexual poco viril, probaba y probaba y probaba. Y para estar absolutamente seguro, hacía veinte años que seguía probando sistemáticamente una vez por semana.

Luis Cernuda falleció en 1963 y no conoció a Boogie. Pero como era poeta y profesor de literatura, él recuerda que Miguel de Cervantes ya antaño sabía algo de entretenimiento, como indica el prólogo a sus Novelas ejemplares en 1613: “Que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios por calificados que sean: horas hay de recreación donde el afligido espíritu descanse”.

Más entusiasta, André Guide escribe en su Diario el 12 de junio de 1942: “He podido leer con asombro bien cercano a la admiración, Cosecha roja (a falta de La llave de cristal, tan recomendado por Malraux)”. Y el 16 de marzo de 1943 apunta: “He leído con vivísimo interés (¿y por qué no atreverme a decir que con admiración?) El halcón maltés, de Dashiell Hammett… En lengua inglesa o, por lo menos, norteamericana, mucha de la sutileza en los diálogos me pasa desapercibida; pero en Cosecha roja esos diálogos, conducidos con mano maestra, son cosa para enfrentarla con Hemingway y hasta con Faulkner”.

El teórico trotskista Ernest Mandel, de cierta notoriedad en los años 70, logró sustraerse a muchas de las desviaciones del capitalismo, pero también sucumbió ante la novela policial. Culposamente, es cierto, pero se dejó envolver en sus redes. En Crimen Delicioso - Historia Social del Relato Policiaco (editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1986), Mandel se pregunta, atormentado: “¿Soy sólo una víctima de la ideología burguesa absorbida por el remolino junto con millones de otros desafortunados?”. Por un momento parece que Mandel “pacta con la masa y baja a la calle”. Pero no: como buen trotskista europeo no se puede permitir la más mínima duda terrenal, rápidamente recupera su ortodoxia y cruza a la vereda de enfrente. La novela policial, dice, es “socialmente inútil a las mayorías”.

simplearte.gifNuevamente démosle la palabra Chandler a través de El simple arte de matar, redactado en 1944:

“En la actualidad abunda ese tipo de hipocresía moral y social. Agréguesele una dosis liberal de presuntuosidad intelectual, y se obtendrá el tono de la página literaria de su periódico y el sincero y fatuo ambiente engendrado por los grupos de discusión de los pequeños clubes. Ésas son las personas que apuntaban a los best sellers, que son trabajos de promoción basados en una especie de explotación indirecta del esnobismo, cuidadosamente escoltados por las focas adiestradas de la fraternidad crítica, y cuidados y regados con amor por ciertos grupos de presión demasiado poderosos, cuyo negocio consiste en vender libros, aunque prefieren que uno crea que están estimulando la cultura. Atrásese un poco en sus pagos y verá cuán idealistas son”.

Más adelante agrega: “En cuanto a la literatura de expresión y la literatura de evasión, pertenece a la jerga de los críticos, es una utilización de palabras abstractas como si tuvieran significados absolutos. No hay temas vulgares; sólo hay mentalidades vulgares. Todos los que leen escapan de algo hacia lo que hay detrás de la página impresa: puede discutirse la calidad del sueño, pero la liberación que nos ofrece se ha convertido en una necesidad funcional. Todos los hombres tienen que escapar en ocasiones del mortífero ritmo de sus pensamientos íntimos. Ello forma parte del proceso de la vida entre los seres pensantes”.

Y luego viene una conclusión, no como las soberbias pontificaciones de los especialistas en “análisis literario”, sino de ésas que hacen que uno se muerda los codos y exclame: “Carajo, ¿cómo se hace para escribir con esa puntería?”. Dice Chandler:

No tengo predilección especial por la novela detectivesca como evasión ideal. Simplemente digo que todo lo que se lee por placer es una evasión, se trate de un texto en griego, de un libro de matemáticas, de uno de astronomía, de uno de Benedetto Croce o de El diario del hombre olvidado. Decir lo contrario es ser un esnob intelectual y un principiante en el arte de vivir”.

Años más tarde, en sus Apuntes sobre la novela policíaca (1949), Chandler plantea algunas líneas, que resumo:

1. Las buenas novelas policíacas son releídas, y en ocasiones repetidas veces. Es evidente que eso no se produciría si la única fuente de interés para el lector fuera el enigma. La novela policíaca que resiste el peso de los años posee invariablemente las cualidades de una buena novela.

2. Se trata de un género que nunca ha decaído. Y a ello se debe el error de los que anuncian su decadencia y su desaparición. Los académicos nunca se han metido con ella. Sigue siendo demasiado fluida y variada como para admitir una fácil clasificación, y su influencia sigue siendo aún muy extensa.

3. La novela policíaca ha dado la mayor cantidad de mala literatura que cualquier otra forma de ficción, y probablemente mayor cantidad de buena literatura que cualquier otro género literario de tan amplia aceptación y estima.

En abril de 1949, Chandler le escribe a Hamish Hamilton, su editor en Gran Bretaña, unas líneas que deberían figurar en todos los frontispicios de facultades de letras, revistas culturales, secciones literarias dominicales y clubes de papagayos propensos al “análisis literario”. La modestia, el tono bajo, la sencillez y la austeridad también tienen una grandeza mayor que la que ocupa lugar por su estridencia. En esas líneas memorables, Chandler opina, como quien se reclina en el sillón, se toma un whisky y se fuma una pipa:

“A Shakespeare le hubiera ido bien en cualquier generación, porque se hubiera negado a morir en un rincón; habría tomado a los falsos dioses y los habría hecho de nuevo; habría tomado las fórmulas corrientes y las habría convertido a la fuerza en algo que a hombres de menor talla les hubiera parecido imposible de lograr. Si hoy viviera, no cabe duda de que hubiera escrito y dirigido películas, obras de teatro y Dios sabe qué. En vez de decir: «Este medio no es bueno», lo hubiera usado y hecho bueno. Si alguna gente hubiera dicho que parte de su trabajo era barato (y parte de él lo es), le habría importado un pito, porque a él no se le hubiera escapado que, sin alguna vulgaridad, no hay hombre completo. Hubiera detestado el refinamiento como tal, porque siempre implica una retirada, un encogimiento, y él era demasiado bravo como para encogerse ante nada”.

Shakespeare, como Sófocles o Pirandello, eran hombres que se limitaban a pensar y hacer pensar a los demás o simplemente a entretenerlos con obras acerca de lo que sucedía en sus respectivas épocas. O, para decirlo con una fórmula muy manoseada, eran hombres comprometidos con los temas de su tiempo. Hubo escritores más actuales que, por el tratamiento de sus temas y sus gustos e inclinaciones, parecen más comprometidos con el tiempo de Sófocles, Shakespeare y Pirandello que con el que les ha tocado vivir.

Porque esta etapa, no nos engañemos, no es un tiempo de leyendas nórdicas, mitologías célticas, malevos trágicos y gauchos que parecen centauros que galopan sobre la estepa y entre la tundra. Es un tiempo de poderes implacables, corrupción política, negociados, escándalos financieros, auge de los servicios de inteligencia, sofisticación en los métodos de vigilancia y control, mafias, tráfico de drogas, prostitución forzada, comercio de armas, desmembramiento de países, violencia e injusticia.

Y para terminar, que una vez más tome la palabra Chandler, a quien le basta y sobra para defenderse solo en El simple arte de matar: “Que se me muestre a un hombre o a una mujer incapaz de soportar una novela policial: se tratará, sin duda, de un tonto; un tonto inteligente –es posible– pero de todos modos un tonto”.

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KOSOVO, ÚLTIMO ACTO DE LA TRAGEDIA YUGOSLAVA

Posted 22 Febrero 2008 by
Categories: Europa

Roberto Bardini

En 1918, las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial decidieron borrar del mapa al Imperio Austrohúngaro y aplicar un castigo ejemplar a Alemania. Un año después, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia rediseñaron las fronteras de Europa mediante el Tratado de Versalles, resucitaron a Polonia –que había dejado de existir en 1795– y crearon dos países artificiales: Yugoslavia y Checoslovaquia.

En 1991, con el respaldo de esas mismas potencias, se inició la mutilación de Yugoslavia, un país autosuficiente y con industria propia: tras un sangriento conflicto de tres años, que incluyó “limpiezas étnicas” y demoledores bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), surgieron seis micro estados. Se estima que el enfrentamiento dejó 300.000 muertos, dos millones y medio de refugiados y 80.000 mujeres violadas.

“Occidente simplemente se cruzó de brazos”, opinó el semanario Newsweek a mediados de abril de 1993. Por esas fechas, el novelista británico John Le Carré dio una conferencia en Nueva York y dijo: “Hace algunos años, cuando un país lejano era amenazado por el comunismo, corríamos en su ayuda. Hicimos héroes a títeres dictadores que no nos hubiéramos atrevido a convidar a entrar a nuestro jardín. Ahora, cuando un país no tan lejano se debate en una guerra civil y una de sus minorías étnicas es torturada, violada y asesinada ante nuestros ojos, nuestros políticos nos dicen que no nos volvamos emocionales. ¿Qué es un poco de limpieza étnica entre viejos enemigos?”.

kos.jpgEl último acto de esta tragedia se representó 17 de febrero de este año, con la independencia adulterada de Kosovo, una ex provincia serbia autónoma con dos millones de habitantes, la mayoría de origen albanés, que será tutelada por la Unión Europea (UE). El primer reconocimiento del micro estado fue de Estados Unidos, al que le siguieron el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Turquía, esa prima poco agraciada que oscila entre la barbarie asiática, el islamismo retrógrado y el modernismo occidental.

Mariscal Tito, “el dandy rojo”

Muy atrás quedó aquella época –que fue desde el término de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta inicios de la década del ‘90– cuando se decía que Yugoslavia tenía siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro lenguas (serbia, croata, eslovena y macedonia), tres religiones (ortodoxa, católica e islámica), dos alfabetos (cirílico y latino) y un solo partido: el comunista.

Las repúblicas unidas eran Serbia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Eslovenia y Macedonia. En este rompecabezas aún existen doce minorías nacionales –entre las que se encuentran turcos, italianos, eslovacos, dálmatas, rumanos, albaneses, húngaros, checos y búlgaros– que, sumadas, hoy representan el diez por ciento de la población de la ex Yugoslavia.

titus.jpgEl estratega político que desde 1945 hasta su muerte en 1980 mantuvo esta unidad sin fisuras se llamaba Josip Broz y pasó a la historia como Mariscal Tito. Nacido en 1892, era hijo de un campesino croata y una eslovena, y sólo asistió a la escuela primaria. Fue monaguillo, aprendiz de herrero y cerrajero, obrero en la fábrica de automóviles Benz en Alemania, conductor de pruebas de los coches Daimler en Austria y suboficial del ejército imperial austro-húngaro en la Primera Gran Guerra (1914-18).

Prisionero de los rusos, Josip Broz logró fugarse, se unió a los bolcheviques en 1917 y se incorporó al Ejército Rojo. De regreso a su país, organizó el sindicato metalúrgico, fue encarcelado por “agitador” durante cinco años y adoptó en la prisión el nombre de Tito. Aunque siempre lo negó, hay quienes aseguran que entre 1936 y 1938 fue voluntario en el bando republicano durante la Guerra Civil de España. Y en la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis invadieron Yugoslavia, organizó la resistencia y fue designado comandante supremo del Ejército Popular de Liberación.

A pesar de estos recios antecedentes, hablaba siete idiomas casi sin saber leer ni escribir, tocaba piezas clásicas en el piano (de oído, porque no podía leer partituras), cocinaba con el refinamiento de un chef francés, practicaba esgrima y equitación. Conocido como “el dandy rojo”, recibía –y encantaba– a la reina Isabel del Reino Unido, Josephine Baker, Sofía Loren, Gina Lollobrigida, Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor y Jacqueline Onassis. “Tenía el porte de un noble de Europa Central, más que el de un comunista balcánico”, escribió el periodista dálmata Enzo Bettiza.

Pero eso es lo de menos. También creó una diplomacia que admiraban casi todos los estadistas de la época, impulsó un socialismo autogestionario y “de mercado” alejado del comunismo soviético y en 1955 fue uno de los fundadores –junto con el egipcio Gamal Abdel Nasser y el indio Jawaharlal Nehru–¬ del Movimiento de Países No Alineados.

Un drama shakespereano

Kosovo es la última perla que se desprende del collar. Las nuevas autoridades del flamante micro estado son el presidente Ibrahim Rugova y el primer ministro Hashim Thaci. Los dos son ex miembros de la organización terrorista Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) vinculados a la red terrorista Al Qaeda y al Grupo Drenica, una mafia dedicada al tráfico de armas, drogas, prostitutas y automóviles robados.

Este detalle parece no tener importancia para la Unión Europea que, en el esquema de “independencia tutelada”, enviará 2.000 policías, administradores civiles, juristas, guardias fronterizos y agentes de aduana, a un costo de 205 millones de euros para los próximos 18 meses. El holandés Pieter Feith será el asesor político de las autoridades kosovares. La nueva Constitución le permitirá al representante de la UE tener más poderes que el primer ministro y el Parlamento. La OTAN se encargará de mantener la paz con 17.000 soldados desplegados en la ex provincia.

“El micro estado de Kosovo respira imperceptiblemente en la incubadora”, escribe Valentín Puig, columnista del diario español ABC. “La ingeniería ginecológica ha dado a luz a una criatura que nace de la secesión y para el disenso internacional, una criatura cuya gestación ha salido carísima, un futuro Estado fallido que va a seguir costando un pico y carecerá de economía propia –con un 50 por ciento de paro– salvo que no sea el narcotráfico y el ajetreo gangsteril que protagonizan los antiguos criminales de guerra expertos en limpieza étnica”.

En 1977, tres años antes de la muerte del Mariscal Tito, el viceministro de Información yugoslavo le dijo a un enviado de la revista española Cambio 16: “Aquí no va a suceder ese drama shakespereano que ha ocurrido en China a la muerte de Mao”. Pasó exactamente lo contrario: cuando los yugoslavos despertaron del sueño socialista, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia seguían ahí.

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LA HORA FINAL DE CASTRO

Posted 22 Febrero 2008 by
Categories: Periodismo, Personajes

Roberto Bardini

El título está tomado del libro publicado en 1992 por el periodista argentino naturalizado estadounidense y columnista del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, por el que ganó el Premio Ortega y Gasset en España. Son más de 400 páginas, resultado de una estadía de seis meses en Cuba y más de 500 entrevistas a partidarios y opositores, menos al personaje objeto del libro. La contratapa prometía revelar “la historia secreta detrás del gradual derrumbe del comunismo en Cuba”, pero transcurrieron 16 años y el no-entrevistado se retira del gobierno luego de cumplir casi medio siglo en el poder, el comunismo aún no se derrumbó en la isla y, como bromean algunos colegas, Oppenheimer no devolvió el premio.

tad.jpgMás suerte con Castro tuvo Tadeusz Witold Szulc, un judío polaco de familia rica que fue joven reportero de Associated Press en Brasil, luego encargado de cubrir la ONU para United Press y, finalmente, célebre corresponsal y enviado especial del New York Times durante 15 años. Conocido mundialmente como Tad Szulc, era un dandy aficionado a la buena cocina y con excelentes vínculos en la alta sociedad de Washington y Nueva York. Ninguna de estas características atenuó su minuciosa curiosidad de investigador, que para la CIA lo hizo sospechoso como “izquierdista”.

Autor de 25 libros y fallecido en 2001 a los 74 años, Szulc nunca fue correa de transmisión de los poderosos ni propagandista de ninguna ideología porque era un aristócrata como persona y como profesional. Entrevistó a Castro por primera vez en 1959 cuando recién había triunfado la revolución y volvió a entrevistarlo en 1961, después de la invasión estadounidense a Playa Girón. Desde entonces, a diferencia de Oppenheimer, llegaba a La Habana cuando quería.

En abril de 1984, el periodista publicó en Parade Magazine una charla que da el tono de la relación que mantenía con el líder:

“Conocí a Castro hace 25 años, cuando yo era un joven periodista del New York Times y acababa de triunfar la revolución cubana. Tuvimos en esa época muchas largas conversaciones en las que Castro me iba explicando lleno de entusiasmo los planes del futuro revolucionario. En 1961, poco después de la abortada invasión de bahía Cochinos, regresé a Cuba, donde recorrí, acompañado de Castro, el escenario de la batalla. Habían pasado 23 años desde nuestro último encuentro y me hallaba ahora en el espacioso y sencillo despacho de Castro en el palacio de la Revolución, de La Habana, retornando la conversación donde la habíamos dejado hacía una generación.

“A sus 57 años, Fidel Castro parece mantenerse en una forma física impresionante. Está más delgado que antes y sus reflejos son asombrosos (como pude comprobar cuando estuvimos cazando patos ese domingo), y su energía no ha disminuido.

“Mientras escuchaba a Castro, tenía la impresión de que no habían pasado los años. Nuestra relación parecía la misma, como si estuviéramos continuando una conversación que había empezado una tarde hacía un cuarto de siglo. Efectivamente, su inteligencia y su retórica eran más agudas aún que cuando éramos jóvenes”.

En 1986, el reportero estrella publicó Fidel, un retrato crítico, hasta el momento la mejor biografía sobre el personaje, que no cae en odas al “comandante internacionalista” ni en ataques al “dictador comunista”. Szulc convenció a Castro de que no existía una “biografía seria” de él. Y el personaje, que de antemano sabía que no le iba a gustar lo que el periodista iba a escribir, aceptó: le abrió todas las puertas, lo abrumó con datos, no dejó pregunta sin responder y estuvo de acuerdo en no revisar los originales antes de su publicación.

Y, efectivamente, a Castro el libro no le agradó pero Szulc se transformó en el biógrafo más fiable de todos los que acometieron la tarea, entre los que se encuentran el español Ignacio Ramonet, el chileno Jorge Edwards, el brasileño Frei Betto, el cubano Norberto Fuentes y, desde luego, el argentino naturalizado estadounidense Andrés Oppenheimer.

Dieciséis años atrás, mientras leía el libro de Oppenheimer recordé una anécdota. A fines de diciembre de 1989 me encontraba en Buenos Aires en medio de un problema: tenía que renovar mi pasaporte argentino –trámite poco amable que se hacía en la Policía Federal y duraba 21 días hábiles– pero mi pasaje de regreso a México estaba marcado para la segunda semana de enero. Un periodista amigo me pasó el dato de una cubana anticastrista que tenía vinculaciones con varios comisarios y se ocupaba de agilizar estas gestiones extraoficialmente a cambio de una tarifa razonable.

La señora –una morena impactante y muy cálida– tenía un pequeño local lleno de chucherías de plástico frente al Departamento de Policía, que era la tapadera de su verdadero negocio. Cuando fui a verla, me escuchó cinco minutos y durante una turbulenta media hora habló pestes de Fidel. A la semana, me entregó mi pasaporte renovado. En agradecimiento quise pagarle un poco más del precio convenido, pero se negó.

“Oye, no”, me dijo. “Fijamos un precio y te lo voy a respetar. Ahora si tú quieres hacerme un regalito, alguna baratija, eso es otra cosa. Si algo nos enseñó aquel grandísimo hijueputa que tú ya sabes, es a tener dignidad”.