UN “BANDIDO” EN EL DESIERTO

La siguiente es la historia de un hombre que en el siglo pasado atacó a Estados Unidos. Desde la guerra de independencia con Gran Bretaña, nadie había incursionado en territorio norteamericano. Los políticos en Washington se pusieron furiosos y lo calificaron de “bandido”. La Casa Blanca decidió invadir el país donde se ocultaba y durante un año una poderosa fuerza militar lo buscó en el desierto, sin hallarlo. Hoy ese hombre es considerado en casi todo el mundo como  patriota y héroe popular.
El “bandido” es mexicano y se llama Pancho Villa.

Roberto Bardini

Al amanecer del 9 de marzo de 1916, el general Francisco Villa cruza la frontera de Estados Unidos al frente de 500 hombres a caballo. Los revolucionarios atacan el poblado de Columbus, en Nuevo México, habitado por 350 personas y custodiado por tropas del ejército. Entran al galope y a los tiros por Broadway, la calle principal de tierra. Una bala detiene el reloj del campanario a las 4:11 de la mañana.

Después de dos horas de combate, huyen. Mueren más atacantes que atacados. Atrás quedan los cadáveres de 17 estadounidenses y de 67 mexicanos.

Días antes, una pandilla de norteamericanos del lugar había decidido “despiojar” a un grupo de trabajadores mexicanos. Les arrojaron combustible y los quemaron vivos. Durante varios días exhibieron los cuerpos calcinados en las calles del pueblo. Existen fotografías de archivo que muestran los cadáveres.

Hacía más de cien años que una fuerza extranjera no invadía la Unión Americana. De 1777 a 1783 los colonos combatieron a los ocupantes británicos en la guerra de independencia. De 1812 a 1815 ambas fuerzas se enfrentaron nuevamente, esta vez por la conquista de Canadá. Como corresponde a maestros y discípulos, unos y otros decidieron que fue un empate, sin vencedores ni vencidos.

El verdadero nombre de Villa es Doroteo Arango Arámbula. Campesino pobre y huérfano, ha nacido en Durango y desde joven se le conoce por su destreza con los caballos, las armas y las mujeres. A los 16 años de edad se había convertido en prófugo de la ley por matar a un hombre que abusó de una de sus hermanas.

El presidente Woodrow Wilson estalla de furia. Si bien la incursión a Columbus no fue un rotundo éxito militar, Pancho Villa se transforma en el hombre más buscado por las autoridades de Estados Unidos.

Una semana más tarde, 12.000 soldados de infantería, caballería y marines, batallones de artillería y un escuadrón de aeroplanos invaden México bajo las órdenes del general John “Blackjack” Pershing. Es la primera vez en la historia de Estados Unidos que se utilizan aviones de combate. El operativo se denomina “expedición punitiva”. Además, 150.000 efectivos –el mayor contingente militar desde la Guerra Civil estadounidense– se despliegan a lo largo de la frontera, desde California hasta Texas.

El 12 de abril se produce una escaramuza entre los invasores estadounidenses y los guerrilleros mexicanos. Villa, jefe de la famosa División del Norte, huye desplazándose continuamente por Chihuahua, cuyo territorio conoce como la palma de su mano. Con una rodilla herida, mal curada e infectada, se refugia en los míseros ranchos de sus simpatizantes.

Los soldados interrogan. Los campesinos no saben nada, no dicen una palabra. Y cuando son atados y golpeados, dan pistas falsas. En varias aldeas, el tenaz Pershing descubre tumbas que dicen: “Aquí yace Pancho Villa”. Las tumbas, por supuesto, están vacías. Los invasores terminan marchando en ridículos zigzag o en extensos círculos, en un territorio árido en el que no encuentran agua y se saturan de tragar polvo.

Robert Lansing, secretario de Estado norteamericano, le escribe en junio de 1916 al presidente Wilson:

“Dado que parece existir la creciente probabilidad de que la situación mexicana degenere en un estado de guerra, deseo hacer una sugestión para su consideración. Me parece que debemos evitar el empleo de la palabra intervención […]. La intervención sería humillante para muchos mexicanos cuyo orgullo y sentido del honor nacional no consentiría severos términos de paz en caso de ser derrotados en una guerra. La intervención norteamericana en México es sumamente desagradable para toda América Latina y podría tener un efecto muy malo sobre nuestro programa panamericano. […] En caso de que esta sugestión cuente con su aprobación, sugiero, además, que enviemos a cada representante diplomático de una república latinoamericana en Washington una comunicación exponiendo brevemente nuestra actitud y negando toda intención de intervenir”.

En la última etapa de su huida, custodiado sólo por dos lugartenientes de confianza, “El centauro del norte” viaja en burro a la llamada Cueva de Coscomate, donde se oculta durante dos meses y se repone de su herida.

La “expedición punitiva” dura casi un año, se extiende en 800 kilómetros cuadrados y es un fracaso absoluto. La presencia militar extranjera incrementa el odio a los ocupantes y la admiración por Villa. Su leyenda en vida va creciendo: es un justiciero como Robin Hood, un estratega como Napoleón, un mujeriego como Don Juan.


En febrero de 1917, el general Pershing regresa a su país con la cabeza baja. Tras él, una larga columna de soldados desmoralizados: los de caballería, hartos de cabalgar; los de infantería, agotados de marchar a pie. Dos jóvenes tenientes egresados de West Point han recibido su poco glorioso bautismo de fuego contra un enemigo invisible: George Patton y Dwight Eisenhower, quienes ganarán fama en la Segunda Guerra Mundial. Eisenhower llegará a ser presidente de Estados Unidos en 1953.

La invasión a México fue la última acción de la caballería del ejército estadounidense.

“Vinieron como águilas y se van como gallinas”, dicen que dijo Villa, observándolos desde la cumbre de un cerro. Y el propio Pershing reconocerá años más tarde: “Cuando se escriba la verdadera historia de esta expedición, no será un capítulo muy alentador para nuestros estudiantes”.

Tres años después, Villa vive en un campo que el gobierno le ha dado en Chihuahua a cambio de retirarse de la vida pública. El “Centauro del Norte” es un personaje incómodo para políticos, militares y terratenientes. El 20 de julio de 1923, por órdenes del presidente Alvaro Obregón, es asesinado.

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One Comment en “UN “BANDIDO” EN EL DESIERTO”

  1. Ramón Rosas Says:

    Roberto. Son muy buenas tus investigaciones…….. creo que hay que compartirlas con mas personas en el mundo en la tarea de forjar una conciencia latinoamericana………….. yo lo hará ….y para ello lo copiaré y enviaré tu Pg a mis contactos para que te busquen, y reproduciré tus artículos.

    Gracias


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