MALVINAS, UN CORSARIO NORTEAMERICANO Y SU AMANTE CHILENA

Posted 30 Marzo 2009 by RB
Categories: Argentina, Personajes

Roberto Bardini
jewettUn corsario norteamericano al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata es el primero que toma posesión de las Islas Malvinas en nombre del gobierno de Buenos Aires. El 6 de noviembre de 1820, el lobo de mar desembarca en Puerto Soledad, ordena izar la bandera argentina y disparar una salva de 21 cañonazos ante 50 barcos pesqueros de diversas nacionalidades, la mayoría británicos y estadounidenses.

Se trata el coronel de marina David Jewett, de 48 años, comandante de la fragata Heroína. Tres días después, el militar envía una comunicación en inglés y en castellano a los capitanes de embarcaciones extranjeras, informándoles que está prohibido pescar en aguas jurisdiccionales o desembarcar para apoderarse del ganado. El mensaje, fechado el 9 de noviembre, está redactado en términos cordiales pero firmes:

“Señor, tengo el honor de informarlo que he llegado a este puerto comisionado por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Sud América para tomar posesión de las islas en nombre del país a que éstas pertenecen por la Ley Natural.

“Al desempeñar esta misión deseo proceder con la mayor corrección y cortesía para con todas las naciones amigas; uno de los objetos de mi cometido es evitar la destrucción de las fuentes de recursos necesarios para los buques de paso, que, en recalada forzosa, arriban a las islas, y hacer de modo que puedan aprovisionarse con los mínimos gastos y molestias.

“Dado que los propósitos de Usted no están en pugna y en competencia con estas instituciones y en la creencia de que una entrevista personal resultaría de provecho para ambos, invito a Usted a visitarme a bordo de mi barco, donde me será grato brindarle acomodo mientras le plazca; he de agradecerle –asimismo– que tenga a bien, en lo que esté a su alcance, hacer extensiva mi invitación a cualquier otro súbdito británico que se hallare en estas inmediaciones; tengo el honor de suscribirme, señor, su más atento y seguro servidor”.

El navegante inglés James Weddell –explorador de la zona que lleva su nombre en el mar antártico– se encontraba ese día entre los extranjeros presentes en las Malvinas. Es él quien divulga la carta de Jewett, que se publica en diarios ingleses y españoles.

La toma de posesión del coronel se describe en El Redactor, de Cádiz (España), en agosto de 1821, a través de informes obtenidos en Gibraltar. También a mediados de ese año se publica la noticia en La Gaceta de Salem, en Estados Unidos, por relatos de pescadores de ese país que presenciaron la ceremonia.

David Jewett, nacido el 17 de junio de 1772 en North Parish (Connecticut), estudió leyes y a los 19 años ingresó a la marina de guerra de Estados Unidos. Participó en la lucha de independencia de su país contra Gran Bretaña, fue comandante en jefe de la escuadra naval chilena en 1814 y ese mismo año ofreció sus servicios a las autoridades de las Provincias Unidas. El 22 de junio de 1815 se le otorga, en acuerdo secreto del gobierno, la patente de corso. Durante dos años está al frente del bergantín Invencible en el océano Atlántico y captura cuatro naves brasileras.

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En enero de 1820, el marino recibe el mando de una fragata mercante francesa equipada con 30 cañones y la bautiza Heroína. Lo hace–según el historiador chileno Armando Moreno Martín– en honor a su amante chilena Javiera Carrera, a quien ha conocido en Buenos Aires en 1814 y considera una “heroína de América”. La embarcación ya no es una nave corsaria, sino un buque de Estado.

De familia aristocrática, casada dos veces y madre de siete hijos, la hermosa Javiera se hizo famosa por bordar en 1812 la primera bandera nacional de su país, un escudo de armas con la sentencia “Por la razón o por la espada” y una escarapela que fue de uso obligatorio. La mujer es hermana mayor del patriota José Miguel Carrera, quien luego de servir como oficial en España y combatir contra las fuerzas invasoras de Napoleón, regresó a Chile, participó en la guerra de independencia, fue jefe de gobierno y primer comandante en jefe del ejército.

En 1814, cuando España reconquista Chile, Javiera y sus hermanos cruzan la Cordillera de los Andes en un viaje de doce días. Viven un tiempo en Mendoza y luego, por instrucciones del general José de San Martín, se trasladan a Buenos Aires. Sin dinero, la mujer se gana la vida vendiendo comida chilena y fabricando cigarros de hoja. “No tengo ni para comer, menos para pensar en viajes”, le escribe a su segundo marido, un abogado asturiano que se quedó en Santiago. En 1819 las autoridades argentinas la detienen, la destierran primero a Luján y después a San José de Flores y finalmente la recluyen en un convento de la capital.

Jewett la rescata y la sube a un barco portugués que parte hacia Montevideo. “Vuestra amable hermana está al mando de la Heroína de las Provincias Unidas y espera con impaciencia el momento de abrazarlo a usted”, le escribe en 1820 a José Miguel Carrera. Pero ese momento no llegará nunca: un año después, Carrera, “el húsar desdichado”, es fusilado en Mendoza por orden de Bernardo de O’Higgins.

Después de su intervención en las Malvinas, Jewett renuncia a la marina argentina. Entra al servicio de la armada brasileña y más tarde, paradójicamente, combate contra las Provincias Unidas del Río de la Plata. Muere el 26 de julio de 1842, a los 70 años, en Río de Janeiro.

Tras diez años de ausencia, Javiera Carrera regresa a Chile en 1824. Fallece en su hacienda de San Miguel, cerca de Santiago, en agosto de 1862, a los 81 años.

EL INDIO QUE FUE COMANDANTE MILITAR EN LAS ISLAS MALVINAS

Posted 29 Marzo 2009 by RB
Categories: Argentina, Personajes

Roberto Bardini

malvinasSu historia fue olvidada y hoy es prácticamente desconocida. Se llamaba Pablo Areguatí, era guaraní y había nacido en la aldea San Miguel Arcángel, fundada en tiempos del Virreinato del Río de la Plata por misioneros jesuitas en territorio que ahora pertenece a Río Grande do Sul, en Brasil. En 1824 fue el comandante militar de las Islas Malvinas durante seis meses.

El año anterior, el gobernador de Buenos Aires, general Martín Rodríguez, le había otorgado a Jorge Pacheco, un capitán de caballería retirado, derechos sobre 30 leguas de tierra para criar ganado y cazar lobos marinos, a cambio de reparar las instalaciones de Puerto Soledad.

Pero el ex militar, que tiene 52 años y vive de la explotación de un saladero, carece de dinero para iniciar la empresa. Se asocia entonces con el comerciante Luis María Vernet, nacido en Hamburgo (Alemania), de ascendencia francesa. Vernet, de 31 años, se beneficia con la mitad de la concesión en la isla y se hace cargo de la administración.

Por sugerencia de Pacheco, en enero 1824 es designado comandante militar de las Malvinas un soldado de la Independencia, Pablo Areguatí, ex capitán de milicias en Entre Ríos.

Educado primero por jesuitas en la provincia de Misiones y a partir de 1783 en Buenos Aires, el guaraní había estudiado en el Real Colegio de San Carlos. Esta institución –por cuyas aulas pasaron Manuel Belgrano, Juan José Paso, Juan José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Dorrego, Cornelio Saavedra, Juan Martín de Pueyrredón y Martín Güemes, entre muchos otros nombres de los primeros años de vida argentina– con el correr del tiempo se convertirá en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

En 1811, Areguatí fue nombrado por Manuel Belgrano como primer alcalde de la población entrerriana de Mandisoví, de 650 habitantes, fundada en 1777 por Juan de San Martín, padre del general José de San Martín. En 1814, Gervasio Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo asciende a capitán de milicias.

El oficial retirado, que pensaba entrenar algunos peones en las Islas Malvinas para formar “una compañía de cívicos, con cabos y sargentos”, ha aceptado no cobrar sueldo del gobierno; a cambio, podrá criar su propio ganado. Sin embargo, por desinteligencias con Pacheco y Vernet renuncia en agosto de 1824. Seis años después es funcionario en la Aduana de Buenos Aires y, posteriormente, oficial de Justicia.

Uno de sus hermanos, Pedro Antonio, fue sargento en la expedición de los 33 Orientales, encabezada en 1825 por el general Juan Antonio Lavalleja para liberar la Provincia Oriental –que abarcaba lo que hoy es Uruguay y parte de Río Grande do Sul– entonces en poder de Brasil.

Una tataranieta del comandante militar guaraní de las Islas Malvinas, Evangelina Areguati, actualmente es maestra en la escuela Nº 74 Juan José Valle, de Concordia (Entre Ríos).

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DEL GHETTO DE VARSOVIA A LA FRANJA DE GAZA

Posted 16 Enero 2009 by RB
Categories: Medio Oriente

[Publicado en enero de 2005 con el título Israel, Palestina y el Informe Stroop]

Hoy nadie recuerda al general alemán Jürgen Stroop, quien ganó cierta notoriedad a mediados de la Segunda Guerra Mundial durante la ocupación de Polonia como comandante de las Waffen-SS. Sin embargo, recientemente su nombre volvió a cobrar notoriedad en Medio Oriente. Según informa el diario Haaretz, de Jerusalén, parece que el militar tiene algunos discípulos en el ejército israelí.

Roberto Bardini

Entre 1941 y 1943, el ejército del Tercer Reich confina a 60 mil judíos polacos en el ghetto de Varsovia, ubicado en el distrito de Podgorze. La desproporción entre la cantidad de reclusos y la superficie del lugar, provoca hacinamiento, miseria, hambre y epidemias. En algunos casos, conviven hasta 13 personas en cada habitación. Sólo un hombre cada 138 tiene trabajo. La mayoría trabaja en establecimientos alemanes; confecciona uniformes militares y fabrica armas.

El 19 de abril de 1943 estalla una rebelión en el ghetto. Mordejai Anielevicz, de 24 años, lidera a 700 jóvenes de la Organización Judía Combatiente, provistos de granadas, bombas molotov y unas pocas armas suministradas por la resistencia polaca. El levantamiento termina el 16 de mayo, cuando los alemanes hacen estallar la gran sinagoga judía, incendian el ghetto y lo reducen a un montón de escombros. Anielevicz y 80 jóvenes sobrevivientes al ataque se suicidan para no caer en manos del enemigo.

El ghetto ya no existe

El general Jürgen Stroop, hombre de confianza de Heinrich Himmler, estuvo al mando de la operación y redactó un minucioso parte de guerra día por día e, incluso, hora por hora, de los 28 días de combate. Su descripción, de 75 páginas, se conoce como Informe Stroop: el Ghetto de Varsovia ya no existe (Es gibt keinen jüdische Wohnbezirk in Warschau mehr). El relato se hace público en el Tribunal de Nuremberg en 1946 y es editado en forma de libro en 1998.

El 25 de enero del año pasado [2004], el diario Haaretz publicó un artículo del periodista Amir Oren, quien afirma que los militares judíos estudiaron las tácticas utilizadas por los nazis para aplastar la rebelión en el ghetto de Varsovia con el fin de aplicarlas contra las ciudades palestinas de Gaza y Cisjordania. El Informe Stroop figura entre los textos.

Oren utiliza como fuente a un alto oficial israelí, a quien no identifica para evitarle represalias. No es la primera vez que miembros del ejército brindan este tipo de testimonio, disgustados por sus tareas como de tropa de ocupación y la técnica de tierra arrasada ordenada por el alto mando.

Peor que en Varsovia

Lo cierto es que existen similitudes, corregidas y aumentadas, entre aquel episodio de la Segunda Guerra Mundial y lo que sucede hoy en los territorios dominados por Israel. Más de un millón de árabes subsiste gracias a los víveres distribuidos por la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés), la cual ha denunciado que uno de cada cinco niños palestinos sufre de grave desnutrición. Desde septiembre de 2000, más de 25 mil palestinos han perdido sus hogares por demoliciones llevadas a cabo por soldados israelíes, según UNRWA, que apenas ha logrado construir casas para poco más de mil cien.

Por otro lado, un informe del Banco Mundial de noviembre de 2004 asegura que un 50 por ciento de los palestinos vive en la pobreza, con menos de dos dólares diarios. En promedio, cada palestino que trabaja debe mantener a siete personas.

Hay más semejanzas con el ghetto de Varsovia: existen en Cisjordania 61 puestos de control militar, 102 bloques de hormigón en las carreteras para dificultar el acceso de vehículos desde y hacia los pueblos palestinos, 61 zanjas, 28 vallas de tierra y 374 de pilas de escombros. Viajar por la región es muy difícil, si no imposible, para miles de personas.

En junio de 2002, Israel comenzó a construir un muro, que tendrá una longitud de 622 kilómetros a un costo de 3 mil 400 millones de dólares. La enorme valla impide el acceso de palestinos a lugares esenciales como el trabajo, los hospitales y las escuelas.

Tragedia moderna

La Franja de Gaza es una de las regiones más densamente pobladas del planeta. Con una superficie de sólo 360 kilómetros cuadrados, el hogar de más de un millón 400 mil palestinos y alrededor de 7 mil 300 israelíes radicados en 21 asentamientos vigilados por tropas israelíes. La mayoría árabe vive refugiada en ocho campos de las Naciones Unidas.

La Franja está completamente cercada, excepto en la costa con el mar Mediterráneo. Hay ocho puestos de control de las autoridades israelíes. Los palestinos sólo pueden cruzar la frontera por dos puntos: Erez, en el norte, y Rafah, en el sur. En 2004, 950 palestinos resultaron muertos por las fuerzas de ocupación israelí, incluyendo 172 niños y 36 mujeres. Ese mismo año, fueron heridos casi 6 mil palestinos.

Eric J. Hobsbawn, el más importante historiador vivo, definió la situación en Medio Oriente como “el conflicto más grave que enfrenta actualmente la humanidad”, cuyos efectos repercuten –a la corta o a la larga- en el todo el mundo. Mucho antes, en 1968, el historiador inglés Arnold Toynbee afirmó que la tragedia moderna de los judíos consiste en que, lejos de aprender de sus sufrimientos, tratan a los árabes igual que los nazis los trataron a ellos.

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“HAY QUE ARROJAR AL MAR TODAS LAS ESTATUAS DE SAN MARTÍN, O’HIGGINS Y BOLÍVAR”

Posted 9 Octubre 2008 by RB
Categories: Iberoamérica

Roberto Bardini

Pocos días atrás se cumplieron 42 años de la Operación Cóndor en las Islas Malvinas y, como sucede desde hace décadas, el aniversario fue totalmente ignorado en los grandes diarios, radios y canales de televisión de Argentina.

Los medios de comunicación, más ocupados en comentar temas derivados del exitoso programa filantrópico Bailando por un sueño –un educativo compendio de nalgas movedizas, senos descomunales, enanos cantores, salivazos y recomendaciones prácticas de sexo oral– no le dedicaron una sola línea impresa o un minuto al aire a la pequeña gran gesta patriótica del 28 de septiembre de 1966, cuando 18 jóvenes desviaron un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Malvinas para reivindicar la soberanía nacional en el archipiélago sur.

El acontecimiento, sin embargo, fue decisivo en su momento para que uno de los más renombrados pensadores británicos contemporáneos se lamentara de que el nacionalismo se hubiera convertido en “una religión más potente que el cristianismo” y no vacilara en recomendar a los hispanoamericanos que “arrojaran al mar” todas las estatuas de José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Simón Bolívar.

http://content.answers.com/main/content/wp/en-commons/thumb/c/cc/180px-ArnoldToynbee1961.jpgEl exabrupto figura en el libro Entre el Maule y el Amazonas, publicado en 1967 por Oxford University Press. Su autor es el filósofo e historiador Arnold Toynbee, quien obtuvo renombre internacional con Estudio de la historia, doce volúmenes que le demandaron 27 años de trabajo.

Toynbee (1889-1975), graduado en Oxford, profesor en Cambridge y director del Real Instituto de Relaciones Internacionales, recorrió 11 países iberoamericanos en 1966 y era huésped del régimen militar del general Juan Carlos Onganía cuando se produjo el secuestro aéreo.

El presidente de facto, como muchos de sus camaradas del arma de caballería, se mantenía a cautelosa distancia de bibliotecas y librerías. Sus esporádicos golpes de mano en territorio impreso se reducían a revistas sobre perros de raza y caballos de polo, pero un par de asesores civiles habían dedicado 20 minutos a explicarle quién era el historiador británico.

De regreso a Londres, Toynbee escribió en un capítulo titulado “¿Falkland o Malvinas?”:

“Me encontraba en Córdoba, Argentina, en momentos en que un ‘comando’ secuestró en vuelo un avión obligándolo a aterrizar en las Islas Falkland, y cuando la noticia de esta actuación melodramática fue seguida por las informaciones de los ataques a la embajada británica en Buenos Aires y al consulado británico en Rosario.

“Como era de esperarse, tanto el gobierno argentino como el británico se condujeron con una prudencia ejemplar y –lo que es más importante– con recíproca comprensión y buena voluntad. La contrariedad del gobierno argentino por la inconducta de un puñado de jóvenes ciudadanos argentinos fue bastante natural. Bajo la capa de gestos aparentemente patrióticos, los participantes en la escapada del comando y los más serios transgresores que efectuaron los disparos, estaban buscando en realidad crear dificultades a su propio gobierno, saboteando tal vez su intento de llegar a un acuerdo en la prolongada disputa sobre las islas. La acción de los saboteadores fue, en consecuencia, muy censurada no sólo por el gobierno sino también por el periodismo responsable. Sin embargo, [...] tanto la prensa como el gobierno, enfatizaron de todas maneras el hecho de que todos los argentinos estaban de acuerdo en sostener que las islas eran legalmente suyas, que el reclamo británico sobre ellas no tenía valor alguno y que la ocupación británica de las islas es, en consecuencia, una usurpación ilegítima”.

Especializado en la civilización griega, el despiste de Toynbee sobre temas americanos es tan imponente como el Partenón. ¿Cuál era en ese momento el “reclamo británico” sobre las Malvinas? ¿Qué usurpación no es ilegítima? En lo único que acierta es en la censura, por parte de lo que él denomina “periodismo responsable”, a la operación patriótica. Más de cuatro décadas después, ese tipo de periodismo continúa ignorando la Operación Cóndor.

Pero las reflexiones de Toynbee van mucho más allá de este episodio. Al final de Entre el Maule y el Amazonas, en el capítulo titulado “¿Hacia la integración latinoamericana?”, el historiador perpetra una sorprendente recomendación:

“En algunos países latinoamericanos, los libertadores nacionales del siglo XIX son ahora venerados como héroes; se los reverencia como verdaderos dioses. El nacionalismo, en verdad, se ha convertido en una religión más potente que el cristianismo.

“Cuando se visitan los templos del nacionalismo, se ven procesiones de niños de escuela guiados por sus maestros para ser adoctrinados. Si este adoctrinamiento no se contrarresta con la inculcación de una lealtad algo menos estrecha, estos niños crecerán como nacionalistas incorregibles. Se resistirán al llamado para la integración regional, para no hablar del llamado a la unidad en una escala mundial.

“Si yo fuera un integracionista latinoamericano, mi primer paso sería arrojar todas las estatuas de San Martín al Atlántico, todas las estatuas de O’Higgins al Pacífico y todas las de Bolívar al Caribe, y prohibiría que las reemplazaran, bajo pena de muerte”.

En los actuales tiempos de consolidación del Mercado Común del Sur y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la letal recomendación toynbeeniana suena como una involuntaria muestra de humor al estilo de Groucho Marx, Woody Allen o George W. Bush.

CRECE LA TENSIÓN ENTRE CARACAS Y EL EJE BOGOTÁ-WASHINGTON

Posted 19 Mayo 2008 by RB
Categories: Estados Unidos, Iberoamérica

Roberto Bardini

El avión Viking S-3B, fabricado por Lockheed, es uno de los modelos utilizados por la Marina de Estados Unidos porque opera desde portaaviones, tiene una autonomía de vuelo de 4 mil kilómetros y puede localizar y destruir submarinos. Fue un S-3B el que violó el espacio aéreo venezolano el sábado 17 de mayo al sobrevolar La Orchila, una isla de 40 kilómetros cuadrados en el Caribe.

En las inmediaciones del lugar están prohibidas la pesca y las actividades turísticas desde la década del ‘50 porque hay un destacamento militar al que sólo tienen acceso el presidente de Venezuela y altos funcionarios del gobierno.

El avión, según informó por radio el piloto a las autoridades venezolanas, había partido de la isla de Curazao, dominio holandés ubicado a sólo 50 kilómetros de la costa norte de Venezuela. Allí funciona desde 1999 una base aérea de Estados Unidos perteneciente a las llamadas FOL (Forward Operating Locations = Puestos de Operación Avanzada). La misión inicial de estas instalaciones era el monitoreo satelital del tránsito clandestino de drogas, pero rápidamente se dedicaron a recolectar datos de inteligencia sobre fuerzas insurgentes, tráfico de armas y terrorismo.

La creación de los Puestos de Operación Avanzada fue resultado de un proyecto presentado en 1998 por Barry McCaffrey, entonces director de la Oficina Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos, para suplantar a las bases militares norteamericanas del Comando Sur (Southcom) que debían abandonar la Zona del Canal de Panamá al año siguiente. Actualmente las FOL están consideradas como “una fuerza con movilidad estratégica en guerras relámpago, con tropas aerotransportadas de despliegue rápido”.

El 4 de junio de 1999, el diario colombiano El Espectador divulgó un documento confidencial del Departamento de Estado que explicaba la nueva estrategia: “Con el fin de no desviar las misiones que en principio se concentrarán en labores antinarcóticos y con el propósito de evitar polémicas internacionales y en el propio Congreso, los trabajos militares y de inteligencia contra las FARC y el ELN, principalmente, se enmarcarían en su status de ‘narcoguerrilleros’. [...] Las nuevas bases antinarcóticos localizadas en Ecuador, Aruba y Curazao serán puntos estratégicos para vigilar muy de cerca los pasos de la guerrilla y sus continuas incursiones hacia Venezuela, Panamá, Brasil, Perú y Ecuador”.

La violación del espacio aéreo del sábado se produjo al día siguiente de que 60 soldados colombianos del Batallón Especial Energético y Vial Nº 1, al mando de un subteniente, traspasaran 800 metros de la línea fronteriza con Venezuela. El ministro de Defensa venezolano, Gustavo Rangel, definió el hecho como “un eslabón más en la cadena de provocaciones en la que se quiere envolver a nuestro país”.

Existen 14 bases estadunidenses repartidas en diez países latinoamericanos: Aruba y Curazao (Antillas Holandesas), Manta (Ecuador), Comalapa (El Salvador), Palmerola (Honduras), Liberia (Costa Rica), Larandia, Puerto Leguizamo y Tres Esquinas (Colombia), Iquitos y Nanay (Perú), Mariscal Estigarribia (Paraguay), Guantánamo (Cuba) y Vieques (Puerto Rico).

Según datos del Pentágono, hay más de 735 instalaciones militares norteamericanas en 130 países. El Comando Sur opera desde Key West (Florida) y dispone en América Latina de una dotación de empleados que supera a la suma del personal de los Departamentos de Estado, Agricultura, Comercio, Defensa y Tesoro.

UNA LAPTOP INTERMINABLE, INDESTRUCTIBLE… Y BASTANTE INVEROSÍMIL

Posted 13 Mayo 2008 by RB
Categories: Estados Unidos, Iberoamérica

Roberto Bardini

La increíble PC del comandante Raúl Reyes, número dos de las FARC asesinado el 1 de marzo pasado en Ecuador por tropas colombianas, resultó ser una voluminosa caja de caudales binarios, repleta de correspondencia, documentos comprometedores, planes desestabilizadores y financiamientos secretos que, en manos de expertos en inteligencia contrainsurgente, parecen multiplicarse como los cinco panes y dos peces bíblicos con los que Jesús alimentó a cinco mil seguidores a orillas del Mar de Galilea.

El pequeño computador bolivariano es, como se sabe, una súper máquina blindada a prueba de ataques aéreos, ya que resistió exitosamente las diez bombas GBU 12 Paveway II guiadas por laser o GPS y más de 200 kilos cada una con que la Fuerza Aérea de Colombia arrasó el precario campamento guerrillero en pocos minutos.

Estos proyectiles, diseñados por las compañías Raytheon y Lockheed Martin para destruir edificios, hangares, pistas aéreas, puentes, embarcaciones artilladas y rampas de lanzamiento de misiles, pueden atravesar casi dos metros de hormigón armado. Observadores del ejército ecuatoriano comprobaron que en el reducto de las FARC los explosivos dejaron cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 metros de profundidad… pero la locuaz laptop salió ilesa.

Aunque la inteligencia militar colombiana continúa extrayendo un documento tras otro en esa especie Caja de Pandora portátil e invulnerable, queda la sensación de que cada hallazgo es más de lo mismo, con la obvia finalidad de comprometer al presidente Hugo Chávez en el financiamiento a la cincuentenaria organización insurgente y al gobierno de Rafael Correa como un cómplice que aporta territorio.

El mandatario venezolano, en honor a la verdad, está más interesado en liderar la integración económica de América del Sur que en una poco conveniente guerra con el país vecino, que seguramente serviría de excusa para la intervención militar de Estados Unidos. “Presidente Uribe, piense muy bien hasta dónde es capaz de llegar, le hago un llamado a la reflexión públicamente”, exhortó Chávez en su programa dominical Aló Presidente.

A mediados de abril pasado, un grupo de 21 expertos estadounidenses en asuntos internacionales –entre los que se encuentran académicos de las universidades de Harvard, Washington y Nueva York y del Consejo de Asuntos Hemisféricos– advirtió en una carta abierta que el informe que dará a conocer la Interpol sobre el contenido de la computadora de Reyes se basa en “exageraciones sustanciales con propósitos políticos”.

“Incluso si llegara a corroborarse que los computadores personales en efecto pertenecían a miembros de las FARC, no existe evidencia que indique que los documentos disponibles para el público pudieran servir de base para ninguna de las afirmaciones extremistas hechas por el gobierno colombiano en cuanto a que Ecuador y Venezuela tuvieran algún tipo de relación financiera con los rebeldes”, sostiene la carta divulgada en Washington. “De hecho, análisis independientes de los documentos indican que el gobierno colombiano ha exagerado de manera sustancial el contenido de estos documentos, quizás con fines políticos. Cualquier cobertura mediática de los hallazgos de la Interpol deberá dejar en claro que muchas de las acusaciones colombianas ya han sido ampliamente desacreditadas”.

Firman la declaración Charles Bergquist (University of Washington, Seattle), Larry Birns (Council on Hemispheric Affairs), Amy Chazkel (Queens College, City University of New York), Avi Chomsky (Salem State College), Luis Duno Gottberg (Florida Atlantic University), James Early (TransAfrica Forum Board of Directors and Institute for Policy Studies Board), Samuel Farber (Brooklyn College, City University of New York), Sujatha Fernandes (Queens College, City University of New York), Lesley Gill (American University), Greg Grandin (New York University), Daniel Hellinger (Webster University), Forrest Hylton (New York University), Diane Nelson (Duke University), Jocelyn Olcott (Duke University), Diana Paton (University of Newcastle, Reino Unido), Fred Rosen (North American Congress on Latin America), T. M Scruggs (University of Iowa), Sinclair Thomson (New York University), Miguel Tinker Salas (Pomona College), Mark Weisbrot (Center for Economic and Policy Research) y John Womack (Harvard University).

Desde luego que para el gobierno de Uribe y la administración de George W. Bush las firmas de esta constelación académica tienen el mismo peso que la rúbrica del cacique Toro Sentado o un autógrafo de Chespirito.

Por la mismas fechas, el Pentágono anunció que el 1 de julio restablecerá su Cuarta Flota naval –creada en 1943 con la misión enfrentar submarinos alemanes y disuelta en 1950– para navegar por aguas latinoamericanas y combatir el terrorismo “junto a sus socios comerciales”, con Colombia a la cabeza. Se trata de diez buques, un portaviones y un submarino nuclear que dependen del Comando Sur con sede en Miami. La formación marítima seguramente tiene la capacidad de presentar combate en condiciones de igualdad a toda una red de laptops narcoterroristas.

VIGILANCIA TOTAL: DE LOS CIBORG A MATRIX

Posted 2 Mayo 2008 by RB
Categories: Estados Unidos

Roberto Bardini

De ahora en más muchos empresarios, militares, terroristas, industriales, espías, científicos y militantes políticos deberán ser más cautos que de costumbre y desconfiar hasta de las cucarachas, libélulas y moscas. Ese bichito que camina o vuela por ahí quizás no sea simplemente un insecto. Puede ser un ciborg al servicio de competidores o enemigos.

El vocablo “ciborg” fue acuñado en 1960 como la fusión de las palabras inglesas cyb(ernetic) org(anism) para definir a un híbrido de máquina y ser vivo. En enero de 2006, ingenieros japoneses de la Universidad de Tokio crearon la primera cucaracha ciborg de la historia: le sustituyeron sus antenas por una micro mochila provista de una mini cámara. Aunque el sistema registraba fallas y tenía corta duración, la idea era destinar el engendro a la localización de supervivientes entre las ruinas de terremotos e, incluso, al espionaje industrial.

Ahora, uno de los más sofisticados laboratorios científicos del Departamento de Defensa de Estados Unidos ha diseñado con éxito un programa de injertos de microchips en larvas de insectos preparados para misiones de vigilancia policial y militar. El experimento fue desarrollado por la Agencia de Defensa para Proyectos de Investigación Avanzada (DARPA, por sus siglas en inglés = Defense Advanced Research Projects Agency). Es la división del Pentágono que diseñó las primeras aeronaves militares no tripuladas, creó internet en 1969 y puso en funcionamiento en 1993 el sistema de localización por satélite (Global Positioning System, más conocido por la sigla GPS).

Fundada en febrero de 1958 como reacción al lanzamiento del satélite espacial soviético Sputnik un año antes, que pescó totalmente desprevenido al gobierno de Dwight Eisenhower, actualmente la DARPA tiene menos de 300 empleados altamente calificados y dispone de un presupuesto de tres mil millones de dólares.

La agencia formó varios tipos de ciborg injertándoles diminutos chips en la etapa de las larvas. Cuando el insecto se transforma en adulto, puede ser teledirigido para escuchar conversaciones, filmar, detectar explosivos y retransmitir la información.

El 9 de octubre de 2007, The Washington Post informó que dispositivos similares podrían haber sido utilizados para vigilar manifestaciones contra la guerra en Irak realizadas en la capital y en Nueva York. Bajo el título “¿Libélula o insecto espía? Los científicos trabajan en bichos robotizados”, el reportero Rick Weiss cita a tres testigos. El texto original se puede consultar en: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/10/08/AR2007100801434.html].

“Yo miré y me dije ‘¿qué rayos es eso?’ Parecían libélulas o pequeños helicópteros. Quiero decir, no eran insectos”, dijo un estudiante. Y el abogado Bernard Crane, de Washington, declaró: “Nunca en mi vida había visto algo así. Eran demasiado grandes para ser libélulas, así que pensé: ¿esa cosa es mecánica o está viva?”. La manifestante Vanesa Alarcón también vio a los extraños insectos.

El reportero menciona que investigadores del Instituto de Tecnología de California construyeron un “micromurciélago ornicóptero” que vuela libremente y cabe en la palma de la mano, mientras un equipo de la Universidad de Harvard diseñó un robot-mosca de apenas 65 miligramos, “cuyas alas sintéticas pueden batir a razón de 120 golpes por segundo”.

En agosto del año pasado –recuerda The Washington Post– se realizó en Suiza un Simposio Internacional sobre Insectos Voladores y Robots, en el que científicos japoneses presentaron polillas artificiales con alas de cuatro pulgadas de envergadura.

Después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, la DARPA recibió duras críticas por impulsar un sistema de “vigilancia total” que recordaba a la novela 1984, de George Orwell. El proyecto TIA (Total Information Awareness = Conocimiento Total de la Información), destinado a “detectar, clasificar e identificar terroristas extranjeros en el país, descifrar sus planes y adelantarse a sus actos”, fue rechazado por el Congreso en julio de 2003 porque facilitaba el acceso a datos confidenciales de ciudadanos sin antecedentes delictivos y protegidos por garantías civiles.

Despechado, el Pentágono encargó a la agencia la creación de otro programa de vigilancia: Multistate Anti-Terrorism Information Exchange (Intercambio de Información Anti-Terrorista Multiestatal). En la comunidad de inteligencia se le conoce simplemente como Matrix.

RÉQUIEM POR EL HOMBRE DEL RIFLE

Posted 8 Abril 2008 by RB
Categories: Estados Unidos

Roberto Bardini

Una de sus últimas y más controvertidas apariciones públicas fue el 22 de mayo de 2000, en Charlotte (Carolina del Norte), cuando a los 76 años de edad fue reelegido presidente de la Asociación Nacional del Rifle (ANR) por tercera vez consecutiva. Con la voz aguardentosa y una ridícula peluca que más que postiza parecía la gorra de piel del cazador Davy Crockett, John Charles Carter sostuvo en alto con su tembloroso brazo un fusil de un solo tiro del siglo XVIII y bramó en el micrófono que ninguna ley iba a prohibirle tener sus armas: “¡Tendrán que arrebatarme el fusil de mis manos muertas y frías!”.

Probablemente ninguno de los 40 mil individuos que lo escuchaban conocía el verdadero nombre del viejo, nacido en 1924 en una pequeña ciudad de Illinois. Todos, sin embargo, sabían que fue un astro de Hollywood durante las décadas del ‘50 y ‘60 y que interpretó a personajes históricos como Moisés, San Juan Bautista, William F. Cody, el presidente Andrew Jackson, el Cid Campeador, el pintor renacentista Miguel Ángel y el cardenal Richelieu.

A lo largo de su carrera cinematográfica trabajó en 62 películas. Fue protagonista de El triunfo de Búfalo Bill (1953), Los diez mandamientos (1956), Horizontes de grandeza (1958), Ben-Hur (1959, por la que ganó el Oscar), El Cid (1961), 55 días en Pekín (1963), El tormento y el éxtasis (1965), Mayor Dundee (1965) y El señor de la guerra (1965), entre muchos otros filmes.

Su última película de éxito se filmó en 1968: El planeta de los simios. Fue la primera versión, la que finaliza con la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena. En los años ‘70 la estrella comenzó a declinar y actuó en algunas súper producciones de desastres como Aeropuerto. Y en los ‘80 su propia vida se transformó en una catástrofe durante la cual se volvió alcohólico, quedó completamente calvo y comenzó a insinuarse el cáncer de próstata.

Una ovación festejó las palabras de John Charles Carter aquel 22 de mayo en Charlotte. Al asumir por primera vez, en junio de 1998, la Asociación Nacional del Rifle contaba con tres millones y medio de asociados. Bajo su mandato, un millón de nuevos adherentes llenó sus fichas de ingreso. Sus palabras fueron impactantes pero, al mismo tiempo, alejadas de la realidad como cualquier show del mundo del espectáculo. Y tan ficticias como sus propios roles de patriarca judío, centurión romano, señor feudal, vaquero del Viejo Oeste y soldado de todas las guerras.

Lo cierto es que ese día hasta un niño de diez años podría haberle quitado el fusil sin ningún esfuerzo a ese anciano conservador que detestaba por igual a los demócratas, los homosexuales, las feministas y los trabajadores migrantes hispanoamericanos. Hubiera sido tan fácil como sustraerle el biberón a un bebé o el bastón blanco a un ciego. La vejez fue implacable con el hombre que encarnó a Moisés en Los Diez mandamientos: en 1997 se cayó en las escaleras de su casa en las montañas de Santa Mónica (California) y se rompió la cadera y todos los dientes.

Nuevamente lo aclamaron en Charlotte cuando se dirigió al entonces presidente William Clinton y lo acusó de ser un “deshonesto” que convirtió a la Casa Blanca “en un burdel”: “América no se fía de usted con la permisividad de homosexuales en el Ejército. América no le fiaría a usted nuestras hijas de 21 años y, Dios lo sabe, tampoco confiamos en usted para entregarle nuestras armas”.

El escritor de novelas bélicas John Hersey, ex corresponsal de guerra, ex director de la revista Life y ganador del Premio Pulitzer de Literatura 1945, considera que la estadounidense es “una cultura hambrienta de héroes y no parece importarle si son reales o de ficción”. El antropólogo Leonel Tiger, de la Universidad de Rutger (Nueva Jersey), define en pocas palabras las características que provocan admiración entre los ciudadanos medios: “Bravuconada sin majestuosidad y heroísmo sin dirección”. Estas opiniones le calzan como anillo a John Charles Carter y a sus seguidores en la Asociación Nacional del Rifle.

La organización, creada en 1871, posee 60 mil instructores de tiro, más de 15 mil clubes distribuidos en todo el país y una revista, The American Rifleman. Tiene casi 40 millones de aficionados al tiro al blanco, más que al béisbol o al fútbol americano. “Menos leyes y más pistolas” y “Los revólveres salvan vidas” son algunos de sus lemas más edificantes.

Durante la campaña presidencial de 2000, la ANR aportó cerca de 20 millones de dólares al Comité Nacional Republicano que impulsaba la candidatura de George W. Bush. Y John Charles Carter pidió a los electores que dieran su voto a W –como se conoce a Bush hijo– y llegó a decir: “Los patriotas de nuestro país ganaron la independencia gracias a las balas y ahora tenemos que defender esa libertad en las urnas. La nuestra es una guerra santa”.

El mismo día en que John Charles Carter era reelegido por tercera vez como presidente de la ANR, el corresponsal en Nueva York del diario español El Mundo escribió acerca de los miembros de la organización: “En un anuncio que durante esta semana han emitido varias televisiones americanas, los pistoleros se escudan tras la Estatua de la Libertad y se autoproclaman portadores del espíritu de la revolución norteamericana. Lo llevan haciendo desde hace 129 años, y ni el paso del tiempo ni las masacres escolares han surtido efecto en esa mentalidad del Viejo Oeste tan arraigada en la sociedad más violenta de Occidente”.

“El idiota internacional del año

El 20 de abril de 1999, un día de primavera, dos estudiantes entraron a la cafetería del centro de enseñanza secundaria Columbine, de Littleton (Colorado), y asesinaron a 15 alumnos. Dylan Klebold, de 17 años, y Eric Harris, de 18 años, irrumpieron en el lugar con un armamento muy superior al que utilizan los miembros de los grupos SWAT, los marines o las fuerzas de despliegue rápido: un rifle de asalto de nueve milímetros, una pistola automática con un cargador de 36 balas, dos escopetas con los cañones recortados y alrededor de tres docenas de granadas caseras, algunas de las cuales llegaron a lanzar en el ataque. Después, ambos se suicidaron.

Klebold y Harris, hijos de familias pudientes de Colorado, planificaron la matanza con un año de anticipación. Eligieron el 20 de abril porque se cumplía el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler.

Quizá fue una casualidad que en Colorado se hubiera convocado ese año la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle. Pero lo cierto es que en las pulcras calles de Littleton también se exhibían los carteles en los que aparecía John Charles Carter –con un fusil en las manos, desde luego– invitando a afiliarse.

En junio del 2000, el escritor Russell Banks, un crítico de los grandes mitos norteamericanos, opinó que John Charles Carter “en un tono que recordaba el que empleó Moisés cuando bajó del monte Sinaí, declaró solemnemente: «Si hubieran estado presentes guardias de seguridad bien armados, muchas vidas se habrían salvado.» Al parecer, el undécimo mandamiento es: «No irás por esos mundos de Dios desarmado»”.

Banks es autor de varias obras, entre las que destacan The book of Jamaica (1980), Aflicción (1992), Como en otro mundo (1994), La ley del hueso (1996) y Searching for Survivers (1999). Con motivo de la masacre de Littleton, el novelista publicó un artículo titulado “Nuestros hijos se matan los unos a los otros y se suicidan”, con una triste conclusión: “Durante el último medio siglo, sin saberlo, los estadounidenses hemos estado inmersos en un proceso de auto colonización. Faltos de indígenas en tierras lejanas a los que colonizar, hemos tenido que conformarnos con lo que había en nuestra propia tierra, y hemos colonizado a nuestros hijos con ayuda del cine, la televisión, los parques temáticos, Internet y los videojuegos. Es decir, con ayuda de esos imperios del ocio a los que íntimamente despreciamos, pero cuyas acciones compramos con avidez, nos hemos convertido en la cerda que se come a sus cerditos”.

El escritor iraní Salman Rushdie también opinó sobre la masacre de Littleton y consideró que el presidente de la Asociación Nacional del Rifle luchaba “por obtener el disputado titulo de Idiota Internacional del Año”. En una columna de opinión distribuida por New York Times Special Features en 1999, Rushdie expresó: “Piensa que en Estados Unidos los maestros deberían andar armados. Él cree que los institutos educacionales serán más seguros si su personal tiene la facultad de matar a balazos a los niños que se hallan a su cuidado. [...] El más famoso promotor de las armas de fuego en Estados Unidos, está haciendo todo lo posible para lograr que esas armas sigan formando parte integral del mobiliario de todo hogar norteamericano”.

Mientras tanto, John Charles Carter concluyó el primero de agosto de 2000 un tratamiento de tres semanas en una clínica de Utah. Según su vocera, Lisa De Matteo, no fue nada grave: apenas una “terapia de rehabilitación preventiva” contra el abuso en el consumo de bebidas alcohólicas.

Concluido el tratamiento “preventivo”, el ex actor se retiró a su casa en Santa Mónica. Allí, en el estudio, exhibía un ejemplar de la Constitución de Estados Unidos, biografías de los “Padres Fundadores”, libros sobre la Guerra Civil norteamericana y la Segunda Guerra Mundial, junto con miniaturas de aviones de combate. En una de las paredes cuelga la espada medieval fabricada en España cuando filmó El Cid, quien ganó su última batalla contra los árabes cabalgando aún después de muerto.

Pero a diferencia del legendario señor feudal español, este anciano retrógrado con el cuerpo y la mente en bancarrota, terminó sus días en posición horizontal, con sus “manos frías” cruzadas sobre el pecho y sin su fusil. En agosto de 2002, los médicos le diagnosticaron mal de Alzheimer. Falleció el pasado 5 de abril, seis meses antes de cumplir 84 años, de un cáncer de próstata. La prensa lo recordó en todo el mundo con el nombre artístico que lo hizo famoso: Charlton Heston.

SELSER, PERÓN, EL CORONEL JULES DUBOIS Y LA SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA

Posted 31 Marzo 2008 by RB
Categories: Iberoamérica, Periodismo

Roberto Bardini

El cementerio nacional de Arlington ocupa 250 hectáreas con más de 300 mil lápidas de mármol blanco sobre césped bien cortado cerca del Río Potomac y del edificio del Pentágono. Ahí están enterrados soldados que murieron en todas las guerras en la que participó Estados Unidos, desde la independencia de la Corona Británica y la Guerra de Secesión hasta las ocupaciones de Afganistán e Irak, pasando por Corea y Vietnam.

julesdubois.jpgTambién yacen en Arlington los restos algunos presidentes norteamericanos y de ciertos personajes que prestaron servicios distinguidos al país, como el coronel de inteligencia militar Jules Dubois, fallecido el 16 de agosto de 1966, a la edad de 56 años, en un hotel de Bogotá.

Casi desconocido por las nuevas generaciones de periodistas, Dubois fue retratado por el pintor mexicano Diego Rivera en el mural Gloriosa Victoria. La obra, que se conoció en México recién en 2007, fue donada por el artista a los trabajadores rusos y permaneció durante 50 años en una bodega del Museo Pushkin, de Moscú.

mural.jpgLa pieza es una condena al golpe militar promovido en Guatemala por la CIA y la empresa bananera United Fruit en junio de 1954. En ella aparecen dibujados, además de Dubois, el presidente Dwight Eisenhower (como si fuera una bomba), el dictador guatemalteco Carlos Castillo Armas, el embajador norteamericano John Emil Peurifoy y el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano mayor de Allen Welsh Dulles, ex presidente de la United Fruit y primer director civil de la CIA en 1953.

Fue precisamente John Foster Dulles, ex asesor legal de la compañía bananera y abogado de Prescott Bush abuelo del presidente George W. Bush quien calificó al derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz y la imposición de Castillo Armas como “una gloriosa victoria”. De ahí el título elegido por Diego Rivera para su mural. Tras el golpe, 12 mil personas fueron arrestadas, se disolvieron más de 500 sindicatos y dos mil dirigentes gremiales abandonaron el país.

En Miami también hay un edificio que lleva el nombre de Jules Dubois. Está ubicado en el número 1801 South West de la Tercera Avenida y alberga las instalaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), fundada en La Habana en 1943, durante la dictadura del ex sargento convertido en general Fulgencio Batista.

¿A qué se debe el honor? Luego de ser instructor militar en Fort Leavenworth (Kansas), el coronel se metamorfoseó como reportero del Chicago Tribune y “refundó” a la organización en 1950 en Nueva York. Desde entonces la SIP dejó de ser un ámbito más o menos plural y se transformó en lo que es hasta hoy: un cartel de empresarios, dueños de periódicos, revistas, canales de televisión y emisoras de radio, muchos de los cuales dejaron de ser periodistas hace muchos años para convertirse en hombres de negocios.

El periodista e historiador argentino Gregorio Selser se ocupó durante años de este organismo empresarial. El 1 de diciembre de 1974 publicó en la revista Dinamis, de Buenos Aires, algo que parece redactado ayer: “La SIP tendió a inmiscuirse cada vez más prepotente y altaneramente en los asuntos internos de los países del continente, como si la OEA o algún otro organismo supranacional hubiera delegado en ella la visión de velar los postulados de la libertad de prensa. [...] Obtenía de ese modo plusvalía al equivoco generalizado de que obraba en nombre de los periodistas del continente, cuando sólo era la expresión de los dueños de la prensa que en no pocos casos apenas si saben leer y escribir”.

El tres veces presidente argentino Juan Perón también se refirió, 51 años atrás, a las “grandes cadenas de diarios, revistas y órganos publicitarios diversos, que responden a la tendencia occidental, dirigidos, manejados y financiados desde la Sociedad Interamericana de Prensa”:

“Los órganos independientes, que en pequeño número funcionan en algunos países, deben vivir muy aleatoriamente, desde que las grandes cadenas les hacen una guerra ruinosa de avisadores, hasta conseguir su ruina económica. El sistema es fácil, mediante los grandes órganos que realizan el boicot a las empresas comerciales y particulares, que avisan en los diarios de la «lista negra». Así se va consiguiendo una unanimidad para que todos los «órganos de opinión» respondan a la «voz del amo». A esto se le llama ahora «libertad de prensa».

“Si algún mandatario, en uso de su derecho que no se le niega a estos empresarios de la falsedad, se decide a tener sus propios órganos de opinión o tomar medidas en defensa de los intereses nacionales limitando la licencia y la procacidad de los «órganos encadenados», mediante una censura apropiada, entonces todas las agencias de noticias también encadenadas, comienzan a cursar despachos con «noticias» en los que se tendrá buen cuidado de decir que se trata de un «dictador» y que el régimen es «totalitario» o «antidemocrático» y a renglón seguido se comienza a hablar de una revolucion, mientras viaja el inefable Jules Dubois para anunciarla”.

Esto fue escrito por Perón en Los vendepatria, publicado en el exilio en 1957, y también parece redactado ayer.

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UN MUNDO FELIZ

Posted 19 Marzo 2008 by RB
Categories: Estados Unidos, Medio Oriente

Roberto Bardini

misioncumplida.jpgEl primer chiste más cruel del siglo XXI lo hizo George W. Bush el primero de mayo de 2003, un mes después del derrocamiento de Saddam Hussein, cuando apareció disfrazado con uniforme de piloto militar en el portaaviones Abraham Lincoln y anunció, bajo un enorme cartel con la frase “¡Misión cumplida!”, que las mayores operaciones de combate en Irak habían terminado.

La segunda broma más macabra en lo que va de esta centuria la hizo el miércoles 19 de marzo en el Pentágono, cuando afirmó que “el mundo es ahora un lugar mejor, Estados Unidos está más seguro que antes de la invasión a Irak y ésta es una lucha que América puede y debe ganar”.

¿Es humor negro, humor involuntario o humor para causar malhumor? Los motivos del ataque fueron la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por parte del régimen iraquí y sus presuntos vínculos con Al Qaeda, pero el año pasado 16 agencias de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos reconocieron que las armas no existían ni había relación entre Hussein y Osama bin Laden.

En 60 meses de ocupación en Irak murieron 4.000 mil soldados estadounidenses y 60.000 resultaron heridos. La cifra de civiles árabes muertos es mucho mayor: más de un millón, según informó el pasado 28 de enero la agencia de sondeos británica Opinion Research Business. La Organización Mundial de la Salud estima que 151 mil iraquíes perdieron la vida en los primeros tres años. De acuerdo con un cálculo conservador de la morgue de Bagdad, sólo en la capital ingresaron 50 mil cadáveres en los últimos tres años, que equivalen a 190 veces el total de víctimas de los atentados en Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

Ahora “el mundo es un lugar mejor”, pero los iraquíes no pueden apreciarlo porque están demasiado ocupados en sobrevivir sin alimentos bajo los tiros y las bombas. La ONU informa que cuatro millones y medio de personas fueron desplazadas de sus hogares y cada mes 60 mil huyen por las fronteras. La mitad de los 26 millones de habitantes subsiste con un dólar diario, 40 por ciento no tiene acceso a raciones de comida y 70 por ciento carece de agua potable.

Hoy “Estados Unidos está más seguro que antes”, pero luego de cinco años Irak no es ningún ejemplo de democracia. El gobierno es incapaz de reorganizar el país, chiítas y sunitas están más enfrentados que en épocas de Hussein, las fuerzas armadas locales no garantizan la paz y los nuevos servicios de seguridad persiguen a los opositores con igual saña que los del régimen anterior.

¿Es “ésta una lucha que América puede y debe ganar”? Los gastos de la ocupación superan a los de las guerras del Golfo de 1991 (88.000 millones de dólares), de Corea (456.000 millones de dólares) y de Vietnam (518.000 millones de dólares). En cinco años el precio de petróleo subió de 25 dólares por barril a más de cien dólares por barril, Estados Unidos está al borde de la bancarrota económica y siete de cada diez estadounidenses culpan a la invasión por la crisis en sus bolsillos.

Cinco meses antes del desembarco en Irak, el periodista, escritor y político conservador Pat Buchanan, ex asesor de Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan y ex candidato presidencial republicano en 1992 y en 1996, cofundador de la revista The American Conservative y articulista en The Nation y Rolling Stone, escribió: “La única empresa en la que los pueblos islámicos sobresalen es en expulsar a las potencias imperiales mediante el terrorismo o la guerra de guerrillas. Sacaron a los británicos de Palestina y Adén, a los franceses de Argelia, a los estadounidenses de Somalia y Beirut, a los israelíes de Líbano. La única lección que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia”.

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EL MAESTRO NAZI DEL DALAI LAMA

Posted 18 Marzo 2008 by RB
Categories: Asia, Personajes

Roberto Bardini

Jorge Luis Borges atribuye a Rudyard Kipling una frase: “Si has oído el llamado de Oriente, ya no oirás otra cosa”. El pensador francés René Guénon, masón convertido al islamismo, le adjudica otra: “Oriente es Oriente y Occidente es Occidente, y jamás se han de encontrar”. Tibet, los sucesivos dalai lamas, el budismo y ciertas enseñanzas milenarias, independientemente de su real importancia filosófica y religiosa, siempre han sido territorio propicio para talentosos charlatanes, especialistas en embaucar a voluntades débiles obsesionadas con la meditación trascendental, la reencarnación y las “enseñanzas herméticas de los superiores desconocidos”.

blavatsky.jpgUna de las más célebres impostoras fue la “vidente” Helena Blavatsky, nacida en Ucrania e hija de un coronel alemán. Luego de trabajar en un circo como ayudante de una médium, en 1875 creó en Estados Unidos la Sociedad Teosófica, inspirada en un supuesto viaje de aprendizaje por Tibet. En 1884 la expulsaron de la India al descubrirse que recurría a sus destrezas como ilusionista para producir “materializaciones” de la nada. Tras una averiguación que duró un año, la Sociedad para la Investigación Psíquica, de Londres, la definió como “una de las impostoras más grandes de la historia”. Madame Blavatsky, que consideraba a los aborígenes australianos como pertenecientes a “una raza inferior” y a los semitas como “espiritualmente degenerados”, tuvo posteriormente muchos adeptos entre el nazismo. Sus libros Isis sin velo (1875) y Doctrina secreta (1888 ) se continúan vendiendo hasta hoy.

gurdjieff.jpgOtro de los “grandes maestros” fue el hipnotizador, traficante de alfombras orientales y ex espía zarista George Ivanovitch Gurdjieff, un sexópata nacido en la Armenia rusa e impulsor del “cuarto camino”, quien aseguraba a sus discípulos que en el Tibet se había iniciado en “medicina, danzas rituales y técnicas psíquicas”. El escritor y profesor universitario británico Romuald Landau, especialista en religiones comparadas, comprobó que este personaje era un agente secreto y traficante de armas al servicio del treceavo Dalai Lama, Thupten Gyatso, un gobernante despótico que en 1904 huyó a China y en 1910 se refugió en la India.

rampa.jpgEn 1956 se publicó en Gran Bretaña un éxito editorial, El tercer ojo, de Lobsang Rampa, quien se presentaba como miembro de una añeja estirpe de monjes tibetanos y conocedor desde los siete años de secretos relacionados con la espiritualidad. En 1958, el Daily Mail, de Londres, reveló que el misterioso autor se llamaba en realidad Cyril Henry Hoskin. Era hijo de un plomero de Devonshire, al suroeste del Reino Unido, y nunca había salido del país. El farsante huyó a Canadá, donde obtuvo la nacionalidad y se presentó como “Doctor Rampa” hasta su muerte en 1981, luego de publicar otros 20 títulos. A la fecha, El tercer ojo lleva vendidos millones de ejemplares en casi todos los idiomas.

harrer.jpgQuien pasó el dato al Daily Mail fue el geógrafo, esquiador, alpinista y explorador austriaco Heinrich Harrer, autor en 1953 del libro Siete años en el Tibet, traducido a 48 idiomas y llevado al cine en 1997, con la actuación de Brad Pitt. Harrer –que también escribió Mi vida en la corte del Dalai Lama, del que se vendieron 50 millones de ejemplares– fue maestro particular y amigo de Tendzin Gyatso, actual guía espiritual de los tibetanos, que entonces tenía 11 años. Lo que la película no muestra es que cuando tropas chinas invadieron Tibet en 1949, Harrer permaneció en la primera línea de la defensa hasta que tuvo que huir.

Calificado por la revista Vanity Fair como “el último explorador del siglo”, luego de regresar a Austria el alpinista viajó al Amazonas, Groenlandia, Alaska, el Congo, Nueva Guinea, Nepal, Surinam, Sudán, Borneo, India, Zaire y Uganda. El gobierno del Dalai Lama en el exilio le otorgó la condecoración Luz de la Verdad por su apoyo al Tíbet, país que él llamaba su “segunda patria”.

Poco después del estreno de Siete años en el Tibet, filmada en la Cordillera de los Andes en Argentina, el semanario alemán Stern reveló que Harrer pertenecía a las Schutzstaffel (SS), escuadras de protección nacionalsocialistas, desde 1933, cuando tenía 21 años. Con información de archivos secretos de la inteligencia militar de Estados Unidos, la revista informó que el montañista fue bien acogido en la corte del catorceavo Dalai Lama gracias a las excelentes relaciones que existían desde la década del ‘30 entre los monjes tibetanos y unos cuantos jerarcas nazis seguidores de madame Blavatsky e interesados en el orientalismo.

daharrer.jpgDesde entonces y hasta su muerte en 2006, a los 93 años, Harrer desapareció de la vida pública. “Sólo me puse el uniforme de las SS para mi casamiento”, declaró. Lo cierto es que entre 1939 y 1945, el tiempo que duró la Segunda Guerra Mundial, Harrer permaneció en Asia y no pudo haber participado en ningún crimen de guerra.

Cuando el explorador cumplió 90 años, recibió la visita del Dalai Lama. “Heinrich Harrer fue mi amigo personal”, escribió el monje al enterarse del fallecimiento. “Aprendí muchas cosas de él, particularmente acerca de Europa. Sentimos que hemos perdido un leal amigo de Occidente”.

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EL CASO ALDO MORO 30 AÑOS DESPUÉS

Posted 11 Marzo 2008 by RB
Categories: Estados Unidos, Europa

Roberto Bardini

moro.jpgLas sorprendentes declaraciones del psiquiatra estadounidense Steve Pieczenik al diario La Stampa, de Turín, en el sentido de que 30 años atrás manipuló al grupo terrorista Brigadas Rojas para que asesinara al político democristiano Aldo Moro, podrían ser una densa cortina de humo para ocultar a los verdaderos autores intelectuales de aquel crimen que conmovió a Italia y que se sabe fue planificado por la organización anticomunista conocida como Gladio.

Pieczenik, que se presenta como experto en antiterrorismo y es autor de algunas novelas de espionaje de dudosa calidad, dijo que tres décadas atrás viajó a Roma como enviado del entonces presidente James Carter para negociar con los secuestradores de Moro. Se encontró con un país “a punto de desestabilizarse”, pero –según su increíble opinión– la muerte del cautivo evitó que “la economía italiana se hundiera”.

moro2.jpgAldo Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 cuando se dirigía a una sesión extraordinaria del Congreso. Tras 52 días de cautiverio, su cadáver acribillado a tiros apareció el 9 de mayo en el baúl de un coche estacionado en el centro de Roma, a mitad de camino entre el local de la Democracia Cristiana y la sede del Partido Comunista. Fue un mensaje claramente mafioso: por gestiones de Moro, las dos agrupaciones se habían aliado coyunturalmente en el llamado “compromiso histórico” para afrontar la crisis económica y política que afectaba al país.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y durante 32 años el dirigente asesinado había ocupado sucesivos cargos de importancia en el gobierno italiano: diputado de la Asamblea Constituyente en 1946, secretario general de la Democracia Cristiana en 1959, ministro de Justicia, ministro de Instrucción Pública y primer ministro en 1963-1968 y 1974-1976.

Steve Pieczenik, nacido en Cuba y criado en Francia, también está vinculado a la política desde hace unos cuantos años. Tiene estudios de postgrado en Relaciones Internacionales en el Massachussets Institute of Technology (MIT), fue asistente de los secretarios de Estado Henry Kissinger, Cyrus Vance, George Schultz y James Baker, y asegura que es “experto en resolución de conflictos en Asia, Oriente Medio, América Latina y Europa”.

Tras pedir disculpas en La Stampa a la familia de Moro, el psiquiatra consideró que el crimen del político fue “una iniciativa brutal, una decisión cínica, un golpe a sangre fría, ya que un hombre tenía que ser sacrificado para la supervivencia del Estado”. Este llamativo lenguaje no debe sorprender, ya que Pieczenik también es novelista, guionista, productor de series de televisión y autor de un libro de autoayuda traducido al castellano con el ingeniosísimo título Vivo bien ¿Por qué me siento mal? (editorial Grijalbo, Buenos Aires, 1992).

Eso no es todo. El “experto en resolución de conflictos” en cuatro continentes también cultiva un original género literario denominado “psicopolítica”, término acuñado en el libro Lavado de cerebro, del imaginativo L. Ronald Hubbard, fundador en 1952 de la lucrativa Iglesia de la Cienciología.

Pieczenik asesora en “psicopolítica” al escritor conservador Tom Clancy, autor de varios best sellers que fueron llevados al cine, como La caza del Octubre Rojo (1990), Juegos de patriotas (1992), Peligro inminente (1994) y Pánico nuclear (2002). Los dos han firmado juntos dos series de novelas: Op-center y Net Force. La primera narra las andanzas de un grupo paramilitar al servicio de la Casa Blanca, en misiones al margen de la ONU; la segunda, describe las operaciones de una unidad que protege al gobierno de Estados Unidos de las amenazas por internet.

Con todos estos antecedentes, las declaraciones de Pieczenik a tres décadas del asesinato del ex primer ministro Aldo Moro resultan un poco sospechosas: desde hace años se sabe que el crimen fue inducido por la red Gladio, un grupo secreto creado en Italia al término de la Segunda Guerra Mundial por iniciativa de la CIA y el respaldo de diversos servicios de inteligencia europeos.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti reveló el 24 de octubre de 1990 que durante la Guerra Fría (1948-1991) existió en Italia una red clandestina en la que participaban ex nazis, neofascistas, militares y logias secretas como Propaganda Dos (P-2), que realizaban ataques terroristas que se pudieran atribuir a grupos anarquistas y las Brigadas Rojas, organización de ultraizquierda a la que lograron infiltrar y manipular.

En septiembre de 1991, un juez instructor de Venecia, Felice Casson, descubrió que el general Paolo Inzerilli, ex jefe de inteligencia militar, había sido el cabecilla de Gladio entre 1974 y 1986. El oficial confesó que las armas y explosivos utilizados en los atentados se guardaban en cuarteles de los carabineros y del ejército.

El 15 de julio de 1993, el juez Agostino Córdova, del tribunal de Palmi (Calabria), aseguró –luego de reabrir el caso y con documentos en la mano– que “desde el secuestro de Moro hasta la desintegración de la Democracia Cristiana fueron por decisión de una triada de poderes: CIA, mafia y masonería”. Investigaciones posteriores demostraron que esta “internacional negra” fue responsable en Italia de los atentados de Piazza Fontana (1969), Peteano (1972) y la estación de trenes de Bolonia (1980), además del asesinato de Aldo Moro en 1978.

Todas estas operaciones clandestinas contaban con el respaldo de la logia P-2, en la que participaban 14 generales del ejército, nueve generales de carabineros, nueve almirantes, cuatro generales de aviación, seis ministros, 63 funcionarios de diversos ministerios, 60 dirigentes políticos, 18 jueces y procuradores, 83 grandes industriales y varios obispos del Vaticano.

Entre los empresarios vinculados a la P-2 figuraba Giovanni Agnelli, fallecido en 1993, dueño de la Fiat y del diario La Stampa. Quizá no sea casual que el peculiar psiquiatra-novelista Steve Pieczenik haya elegido precisamente ese periódico para asumir la ruidosa –y poco convincente– responsabilidad pública del asesinato de Aldo Moro.

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