UN FÜHRER RUSO EN EL GABINETE ISRAELÍ

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Roberto Bardini

La nueva pesadilla de los palestinos, los israelíes moderados y los países vecinos del Estado Judío tiene nombre y apellido: se llama Avigdor Lieberman y es el líder del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu (Israel es Nuestro Hogar), integrado mayoritariamente por emigrados rusos.

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, anunció el 23 de octubre que la organización de extrema derecha se sumaba al gobierno de coalición y que Lieberman sería designado viceprimer ministro al frente de una nueva cartera, Asuntos Estratégicos, a la que algunos analistas de prensa ya denominan irónicamente como “el ministerio encargado de la amenaza de Irán”. Además, con el ingreso de once diputados del partido Yisrael Beitenun a la Knesset (parlamento), Olmert logró una favorable mayoría de 78 diputados sobre 120 en la cámara.

Avigdor Lieberman considera que la actual “debilidad” de George W. Bush impide a Estados Unidos plantarse ante el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad y sostiene que es Israel el que debe enfrentar a Irán. “Somos nosotros contra ellos”, repite.

Nacido hace 48 años en Moldavia –una región que entonces pertenecía al sur de Rusia, ubicada al pie de la cadena de los Montes Cárpatos, entre Ucrania y Rumania– Lieberman emigró a Israel en la década del 80. En 1999 creó Yisrael Beitenun, que cuenta con un millón de adherentes llegados de la ex Unión Soviética, y en poco tiempo fue calificado como “fascista” y “racista”. El dirigente es partidario de bombardear los territorios palestinos ocupados y deportar a la población árabe para lograr que Israel sea “puro” desde el punto de vista religioso,

En su libro Mi verdad, que muchos comparan con Mi lucha, de Adolf Hitler, Lieberman propone intercambios territoriales y de población entre Israel y la Autoridad Palestina “para crear dos Estados étnicamente homógeneos”. Durante la invasión israelí a Líbano, en julio pasado, pidió la aprobación de una ley para exigir lealtad al Estado judío a todos los ciudadanos, como en las épocas del Tercer Reich alemán.

Antes, en mayo, el dirigente propuso que se ejecutara por “alta traición” a los diez legisladores árabes israelíes que mantenían contactos con Hamas, el grupo que encabeza el gobierno palestino. “La Segunda Guerra Mundial concluyó con los juicios de Nüremberg y con la ejecución de la dirección nazi. Pero no sólo se ejecutó a los cabecillas, sino también a quienes colaboraron con ellos. Deseo que ése sea el destino de los colaboracionistas que hay en esta casa”, dijo Lieberman en el parlamento.

Pero la “pureza” racial, el nacionalismo extremo y la ortodoxia religiosa que impulsa Lieberman tienen su contracara: el actual viceprimer ministro se ha visto implicado en más de un escándalo de corrupción por su relación con las mafias ruso-judías instaladas en el país. Desde luego que Lieberman no es el único. En mayo de 2002, el intelectual estadounidense James Petras publicó un artículo titulado “¿Quién financia al Estado de Israel?”, en el que afirma: “Los acaudalados y poderosos judíos del extranjero gravitan en torno a la órbita de [Ariel] Sharon. Siete de entre los ocho oligarcas billonarios de la Mafia rusa han realizado generosas contribuciones al Estado de Israel y mantienen excelentes relaciones con Sharon y con Shimon Peres”.

Israel recibe enormes sumas de dinero enviadas por magnates judíos de todo el mundo. Una porción considerable de esos aportes termina en las cuentas de los partidos de derecha y extrema derecha, y sirven para financiar los asentamientos judíos en los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza. Pero esta generosidad monetaria no responde sólo a motivos políticos, religiosos o humanitarios: Israel figura en la lista negra del Grupo de los Ocho (G-8) como uno de los principales paraísos internacionales de lavado de dinero.

Unos cuantos millonarios de la llamada “mafia rusa” establecida en Oriente Medio aseguran que descienden de judíos. Entre ellos figura Vladimir Gusinsky, el opulento zar ruso de los medios de comunicación, actualmente buscado por la justicia de su país. Gusinsky, quien se benefició con un pasaporte israelí sin mayores trámites, es socio del traficante internacional de armas Yaakov Nimrodi y dueño del 25 por ciento de las acciones del diario sionista Maariv, de Tel Aviv .

Por el momento hay que descartar que Israel se encamine hacia la paz con los palestinos y sus vecinos. El ex diputado y ex jefe del Mosad, Daniel Yatom, advirtió que la presencia de Avigdor Lieberman en el gabinete “permitirá legitimar sus posiciones extremistas”.

“Cuando muchos amantes de la paz de Israel se horrorizan ante la posibilidad de que un racista como Lieberman integre el gobierno, están olvidando que ya sin él el gobierno de Olmert desarrolla políticas de extrema derecha”, escribió Gideon Levy, columnista del diario Haaretz. “Es preferible un gobierno de extrema derecha con Lieberman pero sin camuflaje antes que un gobierno sin Lieberman que se hace pasar como de centro-izquierda. […] La participación de Lieberman sólo le quitará la máscara a un gobierno que se embarcó en una guerra sin sentido, que rechaza cualquier acuerdo con Siria, que es cruel con los palestinos y que fortalece las ocupaciones de territorios”.

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