ISRAEL Y LOS “ASESINATOS SELECTIVOS”

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Roberto Bardini

El 17 de marzo de 1981, el teniente general Roberto Viola le dijo a un reportero del diario Clarín, de Buenos Aires, que si el Tercer Reich hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial, “el juicio de Nuremberg se hubiera realizado en Virginia”, uno de los 13 estados originales de la Unión Americana.

El entonces presidente de la Junta Militar Argentina se refería el Tribunal Militar Internacional que entre noviembre de 1945 y octubre de 1946 juzgó a 24 jerarcas nazis y seis organizaciones -entre las que se contaban la Gestapo y las SS- por “crímenes de guerra”.

Quizá Viola se imaginaba sentados en el banquillo a los generales estadounidenses Dwight Eisenhower y George Patton, junto con los mariscales Bernard Montgomery, de Gran Bretaña, y Georg Zhukov, de la Unión Soviética… todos juzgados por ecuánimes vencedores alemanes.

Lo que seguramente Viola no se imaginó en ese momento fue que en diciembre de 1985 sería condenado a 17 años de prisión, luego de ser enjuiciado junto con sus cómplices del ejército, la marina y la aeronáutica, Jorge Videla, Emilio Massera, Orlando Agosti, Armando Lambruschini, Omar Grafigna, Leopoldo Galteri, Jorge Amaya y Basilio Lami Dozo.

Todos eran integrantes de una asociación ilícita autodenominada “proceso de reorganización nacional”, pomposo nombre de una dictadura que en siete años fue responsable de la muerte o desaparición de más de nueve mil personas –según la Comisión Nacional sobre Desaparecidos (Conadep)– o de 30 mil, de acuerdo con las Madres de la Plaza de Mayo y otros organismos de defensa de los derechos humanos.

Un año después de las declaraciones de Viola y a miles de kilómetros de Argentina, un militar israelí participaba como segundo comandante en la llamada Operación Paz para Galilea, nombre de la invasión a Líbano en junio de 1982. Este militar, que también llegó a teniente general -el rango más alto de las Fuerzas de Defensa de Israel- era un licenciado en Física y Matemáticas llamado Ehud Barak, nacido en 1942 en un kibutz, quien estuvo 35 años en el ejército antes de alcanzar el máximo grado del escalafón.

Aparte del grado, el argentino y el israelí tienen algo más en común. Dos décadas más tarde de la mención de Viola sobre el juicio de Nuremberg, Barak llegó a primer ministro.

Claro que, a diferencia del oficial católico, el judío había participado en unas cuantas operaciones militares de verdad. Además de la invasión a Líbano, intervino en la Guerra de los Seis Días en 1967 y en la Guerra de Yom Kippur en 1973. Diez años después fue jefe de la División de Inteligencia y en 1987 asumió como segundo jefe de Estado Mayor.

No es la única diferencia entre Viola y Barak, cuya hoja de servicios registra que es el militar más condecorado en la historia de Israel, con cinco medallas. Una de ellas la ganó como agente de inteligencia en una misión secreta en Beirut, donde en 1973 se disfrazó de mujer para infiltrarse entre los árabes y recolectar información.

Barak fue primer ministro de Israel por el Partido Laborista desde mayo de 1999 hasta marzo de 2001. Llegó al gobierno gracias a una coalición con los judíos ultraortodoxos, a quienes luego les retribuyó eximiéndolos del servicio militar obligatorio.

Pero hay un dato que no figura en la hoja de servicio de Barak y que en cierta forma lo iguala con Viola. El ex militar israelí -que en la actualidad está retirado de la política y se dedica a los negocios- durante la última etapa de su gobierno autorizó “asesinatos selectivos” de palestinos. Lo hizo para sofocar la intifada que estalló el 29 de septiembre de 2000, luego de la provocadora visita del entonces líder del partido Likud, Ariel Sharon, a la Explanada de las Mezquitas, lugar venerado por los musulmanes en la ciudad vieja de Jerusalén.

Sharon, que en 2001 sucedió a Barak y fue reelecto dos años después, retomó bajo el eufemismo de “intercepciones” la modalidad de eliminar opositores palestinos. En 2003, el ejército y los servicios secretos israelíes ejecutaron extrajudicialmente a 209 árabes considerados “terroristas”, entre los que más de 60 mujeres y niños fueron considerados como “daños colaterales”.

Uno de los asesinatos que provocó más reacciones fue el del líder espiritual del partido Hamas, el jeque Ahmed Tassin, de 67 años y tetrapléjico, abatido un amanecer de marzo de 2004 al salir de una mezquita en Gaza acompañado por varios seguidores. Los israelíes dispararon misiles desde helicópteros y “colateralmente” murieron otros nueve palestinos. Cuando estallaron disturbios de protesta, el ejército mató a 14 personas más.

El 22 de noviembre pasado, el gabinete israelí decidió continuar con los “asesinatos selectivos” de palestinos en la Franja de Gaza, que deberán contar con la autorización personal del primer ministro Ehud Olmert y del ministro de Defensa Amir Peretz.

Desde el inicio de la Operación Nubes de Otoño, lanzada el primero de noviembre por tropas israelíes contra los territorios palestinos, las víctimas mortales son más de 90, incluidos niños y mujeres, y los heridos pasan de 300.

Los ataques israelíes, según denuncias de organizaciones humanitarias árabes y europeas, no diferencian entre el “asesinato selectivo” de miembros del partido Hamas o de la OLP y la población civil. La reciente masacre de civiles en Beit Hanun, al norte de la franja de Gaza, fue uno de los casos más inhumanos.

Muchos judíos alrededor del mundo se enorgullecen de que Israel es “la única democracia en Oriente Medio”, pero también deberían considerar que es el único país del mundo donde se ordenan “asesinatos selectivos” y desde 1997 se considera legal la tortura a prisioneros.

Por eso muchos palestinos imaginan que ya llegará ese oscuro día de justicia en que un tribunal árabe juzgue a criminales de guerra israelíes… aunque sea extrajudicialmente, como las “ejecuciones selectas” al margen de la ley.

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One Comment en “ISRAEL Y LOS “ASESINATOS SELECTIVOS””

  1. Remo Erdosain Says:

    Pareciera ser que los dirigentes judíos no han aprendido (¿o han aprendido a imitar?) del holocausto producido por la basura nazi, esa verguenza de la historia de la humanidad.
    Por desgracia para la democracia, la convivencia y el progresismo, los dirigentes políticos israelíes se mimetizan escandalosamente con sus ex verdugos, los jerarcas nazis.
    Definitivamente: el fin NO justifica los medios y menos aún cuando se trata de víctimas civiles inocentes e indefensas.


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