PINOCHET, LAS MALVINAS Y LOS NO ALINEADOS

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Roberto Bardini

Entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, cuando prácticamente toda América Latina y muchos países del Tercer Mundo apoyaban a Argentina en la guerra contra el Reino Unido por la posesión de las Islas Malvinas, el ejército chileno traicionó a sus viejos cómplices del Plan Cóndor en el Cono Sur y suministró información de inteligencia a los invasores británicos.

A pesar de las diferencias ideológicas y políticas con la Junta Militar que había tomado el poder el 24 de marzo de 1976, la Unión Soviética, Cuba, la Nicaragua sandinista y el Movimiento de Países No Alineados respaldaron a Argentina en la recuperación de las Malvinas, ocupadas ilegítimamente por Gran Bretaña desde 1833.

Curiosamente, en diciembre de 1981 el entonces canciller Nicanor Costa Méndez, ex embajador en Chile de 1962 a 1964 y miembro del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), había declarado que Argentina no pertenecía al Tercer Mundo ni a los No Alineados porque los integrantes de esos bloques no eran “de raza blanca y religión católica”.

Cinco años antes, en 1976, el diplomático había escrito en Carta Política, la revista mensual que dirigía su viejo amigo Mariano Grondona, también integrante del CARI: “La militancia en el grupo de los No Alineados constituye el extremo de una posición. La Argentina está, en verdad, alineada con los Estados Unidos […]. La militancia en el grupo de los No Alineados puede alejarnos de nuestros viejos amigos y de nuestros aliados”.

Desde su creación en la Conferencia Afroasiática de Bandung de 1955, que reunió a 29 jefes de Estado de Asia y África, el Movimiento de No Alineados (NOAL) extendió su influencia al resto del mundo, sobre todo en América Latina y el Caribe. Actualmente reúne a 116 naciones –entre las que sobresalen Argelia, Egipto, Filipinas, India, Indonesia, Malasia, Pakistán, Singapur, Sudáfrica, Tailandia y Vietnam– que incluyen a 24 países de América Latina y el Caribe. Existen 15 países en calidad de observadores, entre los que se destaca China. Casi las dos terceras partes de los miembros de la Organización de Naciones Unidas pertenecen al NOAL.

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Costa Méndez, ex abogado de varias empresas británicas en Argentina, no se imaginaba que en medio de la guerra en el Archipiélago Sur viajaría a La Habana a una reunión de los No Alineados, se abrazaría con Fidel Castro y recibiría una andanada de muestras de solidaridad del bloque, al cual Argentina se había integrado en 1973 durante el gobierno de Héctor J. Cámpora pero se distanció notoriamente a partir de marzo de 1976.

En esa ocasión, Fidel Castro declaró al periódico italiano L’Unitá: “Esta lucha [por las Malvinas] ha creado un sentimiento nacionalista, un patriotismo latinoamericano que nunca antes hemos sentido tan intensamente. Hemos sentido la causa argentina como nuestra causa. Hemos sufrido los muertos argentinos como propios. La victoria argentina es nuestra victoria. La derrota argentina sería nuestra derrota”.

El vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba, Carlos Rafael Rodríguez, quien se encontraba de viaje en Madrid, afirmó que su país estaba dispuesto a participar “con todos los pueblos de América Latina, con todos los elementos de ayuda” en favor de Argentina. Obviamente, los “elementos de ayuda” eran armas y equipo de guerra.

El comandante Tomás Borge, integrante de la Dirección Nacional del Frente Sandinista y ministro del Interior de Nicaragua, había señalado el 23 de mayo de 1982 que “es intolerable que una potencia extracontinental, una potencia europea, agreda a un país de América Latina” y que tanto la Organización de Estados Americanos (OEA) como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) “han llegado a su etapa de crisis más elevada”. Sobre la posibilidad de participación de su país en la guerra de las Malvinas, Borge aseguró: “Estoy seguro que muchos nicaragüenses irían. Sobrarían los voluntarios”.

El canciller de Panamá, Jorge Illueca, habló en la reunión de los No Alineados a nombre de las delegaciones latinoamericanas y denunció “la demencia política inglesa y la consecuente miopía norteamericana”. El gobierno estadounidense, agregó Illueca, “facilita misiles, municiones y material de guerra con los cuales se da muerte a centenares de heroicos jóvenes argentinos” y condenó “la política hostil, prepotente e inamistosa de Inglaterra, Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea”.

Poco antes, el presidente panameño Arístides Royo había enviado un carta a Ronald Reagan solicitándole que no utilizara las bases militares de Estados Unidos en la zona del Canal para apoyar directa o indirectamente al Reino Unido. Royo apuntaba que la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) fue burlada por quienes debían ser sus principales custodios y acusó a Estados Unidos de padecer “una extraña identificación con los estertores del colonialismo europeo”.

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Ante estas muestras de solidaridad, el canciller Nicanor Costa Méndez renovó su lenguaje. Se mostró seguro de que el Movimiento de No Alineados comprendería la lucha de Argentina porque muchos de sus integrantes libraron “largas guerras por su autodeterminación y su derecho a la vida independiente” y citó los casos de Argelia, Cuba, India, Vietnam y “tantos otros”.

El propio general Leopoldo Galtieri envió el 25 de mayo una carta al comandante Fidel Castro y le expresó su “agradecimiento conmovido” por el apoyo de los No Alineados.

Tres días más tarde, Costa Méndez habló en Washington ante los ministros de Relaciones Exteriores de casi todos los países latinoamericanos reunidos a petición de Argentina en la OEA. El representante diplomático de la Junta Militar mencionó el “resabio de apetencias coloniales al que América Latina tiene que dar respuesta”. Ese mismo día, durante una entrevista con el programa Nightline, de la cadena de televisión ABC, se manifestó partidario del reingreso de Cuba al sistema interamericano.

Posteriormente, de regreso a Buenos Aires, el canciller declaró a Radio Mitre que “este mundo entiende muy bien el problema de la agresión porque siempre ha sido agredido”. Y al referirse a la reunión de los No Alineados en La Habana , explicó que ese bloque “nos ha recibido con enorme interés y también con una enorme desconfianza, porque Argentina siempre ha manifestado no ser miembro real –aunque fuera miembro formal– del movimiento”.

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“¿Para un militar argentino es muy difícil de superar un abrazo Fidel Castro-Costa Méndez?”, le preguntó en junio de 1982 una reportera de la revista Gente al general Héctor Iglesias, secretario de la Presidencia y uno de los hombres más próximos a Galtieri. “Yo tengo una gran cantidad de amigos con los cuales no comulgo ideológicamente y sin embargo me estrecho en un abrazo con ellos. Porque como ser humano me brindan algo o porque en una etapa de mi vida me han prestado apoyo”, respondió Iglesias.

Luego el militar fue más claro: “Entre ellos [los No Alineados] hay quienes tienen regímenes marxistas o pro marxistas. Eso no quiere decir que nos vayamos a hacer marxistas. Cuando Inglaterra se alió con Rusia para luchar contra el nazismo, no se hizo marxista”. Y finalmente el secretario de la Presidencia no anduvo con vueltas: “Mire, cuando yo necesito armas para la defensa nacional y los supremos intereses de la patria, le compro a quien me venda”.

El general Nikolai Leonov, vicedirector de la KGB entre 1983 y 1991, relató al diario Clarín el 31 de marzo de 2002 que la Unión Soviética suministró a Argentina imágenes satelitales del desplazamiento de tropas inglesas: “Durante el conflicto se establecieron contactos confidenciales entre los agregados militares de la embajada soviética en Buenos Aires y los militares argentinos. […] La Junta –que también veía en la URSS , tanto a una adversaria ideológica como a una eventual aliada– prefería tratar todas las cuestiones a nivel de empresas particulares. El Kremlin no estaba preparado para eso porque ignoraba esas formas de contactos. Como resultado, las conversaciones se atascaron y no dieron ningún resultado. […] Cuba y Perú poseían armas soviéticas, pero Argentina no se atrevió a dirigirse directamente a esos países. […] Quizás la única ayuda soviética relativamente eficaz aceptada por los militares argentinos fueron los datos de reconocimiento espacial respecto a las fuerzas británicas”.

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El Chile de Augusto Pinochet, en cambio, se alineó con los invasores ingleses durante la recuperación de las Islas Malvinas. Se sospechaba, pero se supo con toda certeza a mediados del año pasado.

El 31 de agosto de 2005, el general Fernando Matthei, comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile, reveló al diario Últimas Noticias, de Santiago, el secreto mejor guardado durante más de dos décadas por la dictadura pinochetista. Durante los dos meses y medio de guerra en el Atlántico Sur, en la que perdieron la vida cerca de 800 soldados argentinos, el ejército chileno entregó al gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher información estratégica acerca de los movimientos de tropas argentinas.

“Yo hice todo lo posible para que Argentina perdiera la guerra de las Malvinas”, declaró Matthei, ex agregado de aeronáutica en Londres entre 1971 y 1974 y miembro de la Junta Militar chilena de 1977 a 1989. “Negociamos la entrega de aviones, misiles antiaéreos y radares [ingleses] a cambio de información. Los apoyamos con monitoreo permanente y escuchas con dispositivos electrónicos”.

Matthei aseguró que actuó por cuenta propia: “Fue una jugada personal. Pinochet y la Junta Militar que gobernaba Chile no estaban al tanto”. Esto, sin embargo, resulta difícil de creer. El propio Pinochet se enorgullecía de que en su país no se movía ni siquiera la hoja de un árbol sin que él se enterara.

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