CUSCUS WESTERN

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Roberto Bardini

Está en el Golfo Pérsico y parece surgido de Las mil y una noches, pero en versión siglo XXI, con teléfonos satelitales, información digital de Wall Street y la cotización minuto a minuto del barril de petróleo en los mercados internacionales. Dubai, uno de los siete emiratos árabes, ubicado en la antigua Costa de los Piratas –que describió Emilio Salgari hace más de cien años sin haber salido de Italia– es un paraíso fiscal con poco más de un millón de habitantes, que representa lujo, enormes fortunas y negocios multimillonarios.

El pequeño reino árabe tiene el único hotel siete estrellas del mundo que, además, es el más alto del planeta y fue construido en una de las siete islas artificiales frente a la costa. El precio por día de una habitación sencilla es de tres mil dólares.

En la zona comercial se encuentran The Emirates Towers, las torres más elevadas de Medio Oriente, con 355 metros de altura. Y se está levantando el edificio más alto del globo, de 800 metros de altura y alrededor de 180 pisos.

Dubai, además, ofrece prostitución de lujo con sexoservidoras que “importa” de Bulgaria, Hungría, Rumania, Rusia y Ucrania. Estas mujeres blancas tienen gran demanda entre los hijos y sobrinos de los jeques petroleros de la región. Para los magnates árabes y europeos que las prefieren de piel más oscura, el discreto pero muy caro mercado mercado brinda jóvenes de Etiopía.

Y hacia allí se va la empresa petrolera texana Halliburton, que trasladará su sede para aprovechar el boom del mercado energético en la región, que le genera 38 por ciento de sus ingresos y donde trabajan 16 mil de sus 45 mil empleados repartidos en 70 países. El presidente ejecutivo de la compañía, David Lesar, mudará su oficina del impersonal Houston a la paradisíaca Dubai. Lesar, de 53 años, en 2007 se embolsó 26 millones y medio de dólares de ganancias personales.

No está de más recordar que el vicepresidente Richard Cheney fue el principal ejecutivo de Halliburton de 1995 a 2000.

El anuncio provocó en Washington el enojo de varios congresistas, ya que la firma sacó enorme provecho de contratos con las fuerzas armadas de Estados Unidos en Irak. “Es el peor ejemplo de la codicia corporativa”, dijo el senador demócrata Patrick Leahy, presidente del Comité Judicial de la cámara alta. “Es un insulto a los soldados estadounidenses y a los contribuyentes que pagaron por contratos no licitados y padecieron sus sobreprecios en todos estos años”.

Toda la opulencia que Dubai ofrece a los ejecutivos de Halliburton contrasta con las ratas, las cucarachas y el moho que padecían hasta hace poco los soldados heridos en Irak y Afganistán e internados en el Hospital Walter Reed, de Washington, una de las instituciones médicas supuestamente más prestigiosas de Estados Unidos. Las largas y lentas filas que debían hacer los convalecientes para lograr tratamiento seguramente no figurarán entre las futuras preocupaciones de David Lesar y los ávidos hombres de negocios de Halliburton que se establecerán en el Golfo Pérsico. Al fin y al cabo, esos incómodos soldados jamás aparecerán en las páginas de Forbes.

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