CON EL RENCOR DE UN MASTÍN ACORRALADO

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Roberto Bardini

Jorge Mariscal, nacido en Los Ángeles y chicano de tercera generación, es hijo y nieto de soldados. Su abuelo, originario de Sonora, combatió en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Su padre peleó en Corea (1950-1953) y él estuvo en Vietnam en 1969, a los 19 años. Hoy es profesor del Departamento de Estudios Chicanos de la Universidad de San Diego, activista contra el reclutamiento militar de hispanoamericanos para Irak y miembro de la organización Oportunidades No Militares para los Jóvenes (YA-NO, por sus siglas en inglés).

Mariscal no es un cobarde, ni un tardío hippie pacifista, ni un desclasado oportunista de origen hispano que quiere trepar como sea en la escala social estadounidense. Al contrario, él representa a lo mejor de lo que el historiador boliviano Alcides Arguedas (1879-1946) bautizó como “raza de bronce” en 1919 y el pensador mexicano José Vasconcelos denominó la “raza cósmica” en 1948.

En febrero de 2006, cuando muy pocos podían aportar datos biográficos del hoy cuestionado secretario de Justicia de Estados Unidos, Alberto González, hijo de campesinos mexicanos del sur de Texas, Mariscal lo definió como un “ejemplo no significativo pero sí justificador de la agenda de la clase dirigente” de Estados Unidos.

El activista chicano incluyó en su comentario a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y al general Ricardo Sánchez, el máximo comandante de Operaciones en Irak en 2003-2004 y responsable del ataque que costó la vida a los hermanos Uday y Qusay Husein y de la captura del padre, Saddam Hussein. En otras palabras, menos académicas: a pesar de su origen y del color de su piel, los tres funcionarios estadounidenses eran bien amaestrados perros de caza.

“González, Rice y Sánchez son todo lo contrario para los que queremos promover una sociedad más justa, no para unos ‘elegidos’, sino para todos”, dijo Mariscal hace un año, cuando el hoy acorralado secretario de Justicia estaba en la cresta de la ola. El profesor universitario citó a Frantz Fanon, autor de Los condenados de la tierra y combatiente condecorado por Francia en la Segunda Guerra: “El colonialismo fabrica ‘individuos ejemplares’, sacados del grupo oprimido, para demostrar las buenas intenciones de sus amos”.

El diario La Opinión, de Los Ángeles, opinó el 15 de marzo pasado: “Creemos que la pleitesía del ex juez a la Presidencia y su defensa de posiciones constitucionalmente dudosas, ha perjudicado a los ciudadanos tanto como a los inmigrantes en este país. […] Sus argumentos a favor de la tortura recuerdan a las dictaduras latinoamericanas defendiendo la ‘guerra sucia’. Su área de trabajo en la Casa Blanca parece ser elaborar excusas para defender esa aberración legal en ciertas situaciones”.

González, uno de los principales responsables de los excesos antiterroristas de Estados Unidos, ha tenido desde 1995 la fidelidad de un perro doberman con George W. Bush. Cuestionado por los escándalos de torturas a los prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib y en la base militar de Guantánamo, le gustaba escudarse tras una frase: “Todos los días son 12 de septiembre”, en alusión al día siguiente de los atentados aéreos en Nueva York. Ahora se lamerá las heridas con el rencor de un mastín de caza que ha quedado fuera de combate.
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