A LOS QUE MURIERON PARA QUE LA PATRIA VIVA

José María Fernández Unsaín (*)


Míralos cómo caen
cómo tienen partidas las espaldas
y ardientes agujeros en la nuca
y los huesos quebrados como ramas.

Ya están tendidos en la piedra
rodeados de su sangre y de su alma.
El más pequeño tiene los cabellos
tirantes como un arpa.

Aquel se ha muerto alegremente,
un hilo rojo oscuro le ilumina la cara.
La muerte lo deslumbra.
Tiene los dedos largos y las yemas moradas.

Afuera está la noche en flor.
Hay un principio de alba
húmeda y triste, llena de sonidos
que escapan y retornan como una marejada.

Ahora llega una voz.

Quién sabe qué garganta
la ha parido y la suelta en el aire
desnuda de palabras
para iniciar un llanto miserable,
para adornar el drama.

No queremos tu llanto

Porque saben vivir como una llama
ellos saben morir sin alaridos.

Míralos qué bien muertos están de madrugada.
Mira cómo se pudren sus tejidos:
y la verdad se les agranda.

Qué bien asesinados están entre los ángeles,
qué bien Dios mío, los doma la mortaja.

Nadie debe gemir.
No queremos tu lágrima.
Solamente queremos un odio prodigioso
y una soledad bien amarga.

Ya están muertos, los pobres.
Ya no sufren, ni esperan, ni ríen, ni nada.

Ya no podrán usar la tardecita
para querer a las muchachas,
ya no podrán besar, ni morirse de a poco
ni preferir la Patria.

Pero nosotros los preferimos y los recordamos.

Cada vez que matemos o gocemos del alba,
cada vez que los puños golpeen o baleen,
cuando estemos a solas con el alma,
cada vez que matemos, que matemos,
cuando la vida sea más alta,
cada vez que apretemos a una mujer querida,
en todo tiempo, en toda vida y en toda distancia,
ellos serán el puño, el amor y la bala.

Ellos están muertos
pudriéndose en lo hondo de la tierra cuajada.

Está fría la tierra lastimosa
pero está ardiendo toda la forma de la Patria.

 

 

(*) El poeta, escritor y guionista de cine José María Fernández Unsaín -hombre muy cercano a Eva Perón- nació en Rafaela (Santa Fe, Argentina) en 1918 y falleció en México en 1997. Después del golpe subversivo de septiembre de 1955 se exilió en el país del tequila y los mariachis, donde fue uno de los fundadores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) y su principal impulsor. Caballero, ocurrente, simpático y generoso, obtuvo en la hospitalaria patria de Emiliano Zapata y Pancho Villa el reconocimiento que por peronista le negaron en su Patria. En Argentina estuvo casado con María Elena Durañona y Vedia, y en México contrajo matrimonio con dos actrices: primero con Olivia Michel y después con Jacqueline Andere. Se dice que fue el escritor cinematográfico con más argumentos filmados en el mundo: redactó 240 guiones que se transformaron en películas en México, España, Estados Unidos y Venezuela.

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