EL CASO ALDO MORO 30 AÑOS DESPUÉS

Roberto Bardini

moro.jpgLas sorprendentes declaraciones del psiquiatra estadounidense Steve Pieczenik al diario La Stampa, de Turín, en el sentido de que 30 años atrás manipuló al grupo terrorista Brigadas Rojas para que asesinara al político democristiano Aldo Moro, podrían ser una densa cortina de humo para ocultar a los verdaderos autores intelectuales de aquel crimen que conmovió a Italia y que se sabe fue planificado por la organización anticomunista conocida como Gladio.

Pieczenik, que se presenta como experto en antiterrorismo y es autor de algunas novelas de espionaje de dudosa calidad, dijo que tres décadas atrás viajó a Roma como enviado del entonces presidente James Carter para negociar con los secuestradores de Moro. Se encontró con un país “a punto de desestabilizarse”, pero –según su increíble opinión– la muerte del cautivo evitó que “la economía italiana se hundiera”.

moro2.jpgAldo Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 cuando se dirigía a una sesión extraordinaria del Congreso. Tras 52 días de cautiverio, su cadáver acribillado a tiros apareció el 9 de mayo en el baúl de un coche estacionado en el centro de Roma, a mitad de camino entre el local de la Democracia Cristiana y la sede del Partido Comunista. Fue un mensaje claramente mafioso: por gestiones de Moro, las dos agrupaciones se habían aliado coyunturalmente en el llamado “compromiso histórico” para afrontar la crisis económica y política que afectaba al país.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y durante 32 años el dirigente asesinado había ocupado sucesivos cargos de importancia en el gobierno italiano: diputado de la Asamblea Constituyente en 1946, secretario general de la Democracia Cristiana en 1959, ministro de Justicia, ministro de Instrucción Pública y primer ministro en 1963-1968 y 1974-1976.

Steve Pieczenik, nacido en Cuba y criado en Francia, también está vinculado a la política desde hace unos cuantos años. Tiene estudios de postgrado en Relaciones Internacionales en el Massachussets Institute of Technology (MIT), fue asistente de los secretarios de Estado Henry Kissinger, Cyrus Vance, George Schultz y James Baker, y asegura que es “experto en resolución de conflictos en Asia, Oriente Medio, América Latina y Europa”.

Tras pedir disculpas en La Stampa a la familia de Moro, el psiquiatra consideró que el crimen del político fue “una iniciativa brutal, una decisión cínica, un golpe a sangre fría, ya que un hombre tenía que ser sacrificado para la supervivencia del Estado”. Este llamativo lenguaje no debe sorprender, ya que Pieczenik también es novelista, guionista, productor de series de televisión y autor de un libro de autoayuda traducido al castellano con el ingeniosísimo título Vivo bien ¿Por qué me siento mal? (editorial Grijalbo, Buenos Aires, 1992).

Eso no es todo. El “experto en resolución de conflictos” en cuatro continentes también cultiva un original género literario denominado “psicopolítica”, término acuñado en el libro Lavado de cerebro, del imaginativo L. Ronald Hubbard, fundador en 1952 de la lucrativa Iglesia de la Cienciología.

Pieczenik asesora en “psicopolítica” al escritor conservador Tom Clancy, autor de varios best sellers que fueron llevados al cine, como La caza del Octubre Rojo (1990), Juegos de patriotas (1992), Peligro inminente (1994) y Pánico nuclear (2002). Los dos han firmado juntos dos series de novelas: Op-center y Net Force. La primera narra las andanzas de un grupo paramilitar al servicio de la Casa Blanca, en misiones al margen de la ONU; la segunda, describe las operaciones de una unidad que protege al gobierno de Estados Unidos de las amenazas por internet.

Con todos estos antecedentes, las declaraciones de Pieczenik a tres décadas del asesinato del ex primer ministro Aldo Moro resultan un poco sospechosas: desde hace años se sabe que el crimen fue inducido por la red Gladio, un grupo secreto creado en Italia al término de la Segunda Guerra Mundial por iniciativa de la CIA y el respaldo de diversos servicios de inteligencia europeos.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti reveló el 24 de octubre de 1990 que durante la Guerra Fría (1948-1991) existió en Italia una red clandestina en la que participaban ex nazis, neofascistas, militares y logias secretas como Propaganda Dos (P-2), que realizaban ataques terroristas que se pudieran atribuir a grupos anarquistas y las Brigadas Rojas, organización de ultraizquierda a la que lograron infiltrar y manipular.

En septiembre de 1991, un juez instructor de Venecia, Felice Casson, descubrió que el general Paolo Inzerilli, ex jefe de inteligencia militar, había sido el cabecilla de Gladio entre 1974 y 1986. El oficial confesó que las armas y explosivos utilizados en los atentados se guardaban en cuarteles de los carabineros y del ejército.

El 15 de julio de 1993, el juez Agostino Córdova, del tribunal de Palmi (Calabria), aseguró –luego de reabrir el caso y con documentos en la mano– que “desde el secuestro de Moro hasta la desintegración de la Democracia Cristiana fueron por decisión de una triada de poderes: CIA, mafia y masonería”. Investigaciones posteriores demostraron que esta “internacional negra” fue responsable en Italia de los atentados de Piazza Fontana (1969), Peteano (1972) y la estación de trenes de Bolonia (1980), además del asesinato de Aldo Moro en 1978.

Todas estas operaciones clandestinas contaban con el respaldo de la logia P-2, en la que participaban 14 generales del ejército, nueve generales de carabineros, nueve almirantes, cuatro generales de aviación, seis ministros, 63 funcionarios de diversos ministerios, 60 dirigentes políticos, 18 jueces y procuradores, 83 grandes industriales y varios obispos del Vaticano.

Entre los empresarios vinculados a la P-2 figuraba Giovanni Agnelli, fallecido en 1993, dueño de la Fiat y del diario La Stampa. Quizá no sea casual que el peculiar psiquiatra-novelista Steve Pieczenik haya elegido precisamente ese periódico para asumir la ruidosa –y poco convincente– responsabilidad pública del asesinato de Aldo Moro.

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4 comentarios en “EL CASO ALDO MORO 30 AÑOS DESPUÉS”

  1. El pingú Says:

    El comunismo es un fraude como doctrina política, inaplicable en las sociedades humanas por estructurarse en torno a la sobre validación del derecho común sobre el derecho individual desnaturalizando un derecho humano básico que hizo al hombre amo de su propia realidad y destino; La Libre Empresa. El comunismo científico es una doctrina resultado de la distorsionada interpretación del materialismo dialectico que conduce al extremismo político. Hasta ahora comunistas fraudulentos ofrecen BIENESTAR y LIBERTAD a los pueblos oprimidos instaurando a nombre del proletariado dictaduras militares para despojar a explotadores y explotados conduciendo a un ostracismo comercial y canibalismo social semejante al canibalismo monopólico de las corporaciones transnacionales. ¿Cuál es el remedio?

  2. buzo Says:

    Creo que no me equivoco, al decir, que le pongan cuidado al grupo de Henry Kissinger y a él mismo!
    Es importante que estemos atentos a cuidar la verdadera democracia,NO la de los halcones norteamericanos encabezados por los sionistas de cualquier parte del mundo,ellos no tienen patria ni consiencia humana.

  3. Masseratti Says:

    Lo único bueno que puede decirse de H Kissinger es la palabra Paz que acompaña al extraño Premio Nobel que recibió nadie sabe por qué.

    A lo largo de los años que estuvo y sigue en el poder, ha sido cerebro o cómplice de cualquier descalabro imaginable.

    Pero ello no nos debe alejar del otro eje del mal que es la CIA. Bajo el pretexto o mal entendida misión de defender a los EEUU de sus enemigos ha convertido al Imperio en enemigo de todos.

    En todo caso hay demasiado paño para cortar en esa mortaja.


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