ENRIQUE OLIVA, UN HIDALGO DEL PUEBLO

Roberto Bardini

Foto: cortesía de Cigarros Manrique (Catamarca 211) cigarrosmanrique@gmail.com

Nacido en Mendoza e hijo de inmigrantes andaluces, fue un aristócrata de los nuestros. O, como de sí mismo decía el francés Jacques de Mahieu, “un hidalgo del pueblo”, que también los tenemos. Porque Enrique Oliva fue un hombre culto, elegante y caballero, de los que no heredan estirpe sino que se construyen desde abajo. Pertenecía al incorregible campo nacional y popular y, cuando fue necesario, no eludió la acción directa ni el riesgo físico.

Era doctor en Ciencias Políticas y había sido profesor en las universidades de Cuyo y de Neuquén, de la que fue rector organizador antes de que se transformara en la del Comahue, pero jamás posó de académico. Participó en 1951 de la fundación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), organismo que años después y a causa de su militancia peronista, lo ninguneó olímpicamente. No le importó: no le interesaba ser funcionario público al costo de cerrar la boca, agachar el lomo y mirar hacia otro lado. También fue, de 1991 a 1999, director de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero no descendió a las amaneradas ínfulas de ciertos diplomáticos de carrera. Y fue, sobre todo en los activos últimos años de su vida, un pensador al que no le gustaba que lo etiquetaran como intelectual.

Sus credenciales eran otras. En un medio donde proliferan cagatintas y ganapanes, se consideraba un periodista. En una época en que pululan mojigatos y cobardes, se enorgullecía de haber integrado la Resistencia Peronista. Y en una etapa de amnesia inducida y desmalvinización, estaba dedicado a la causa de las Islas Malvinas. Lo hacía con un vigor del que hoy parecen carecer muchos cuarentones y cincuentones distraídos con trenzas políticas de pasillo,  andinismo laboral, Boca y River, el baile del caño o los culos del verano, endebles marcas registradas del cancherismo local, que arruga al primer amague.

Oliva creyó, como Miguel de Unamuno en El Sepulcro de Don Quijote, que “en cuanto una alucinación se hace colectiva, se hace popular, se hace social, deja de ser alucinación para convertirse en una realidad”. Lo demostró hasta el último día de su fecunda vida.

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5 comentarios en “ENRIQUE OLIVA, UN HIDALGO DEL PUEBLO”

  1. Mario Elgue Says:

    Muy bueno, Tito! Oliva era, efectivamente, un “hidalgo del pueblo”

    Un abrazo
    Mario

  2. Alfredo Ossorio Says:

    Roberto:
    Como el hombre de acción supera las veleidades del intelectual que, como el pavo en el “Piú Avanti” de Almafuerte, “amaina su plumaje al primer ruido”, la caracterización de Enrique Oliva le corresponde. El no solo vió y denunció sino que puso su coraje en acción al servicio de la Resistencia Peronista, un baldón difícil de superar: la lucha por la justicia social. A nuestro homenaje deberá unirse el de una juventud que necesita sumergirse en la verdad histórica y recuperar los valores de la línea política de la liberación nacional. Un abrazo. Alfredo


  3. Estimado Roberto. Don Enrique era mi amigo. Un hombre a cuyo lado, entre puro y puro, resguardé invalorables anécdotas de su valiosa experiencia en los diferentes campos en que le tocó actuar. Escucharlo era un bálsamo que no solo entusiasmaba, sino que también hacía bullir la sangre cuando relataba situaciones de las buenas y de las otras hasta conseguir arrancarte alegría por el éxito, lágrimas por el fracaso o indignación ante la incomprensión. Se ha ido un hombre de verdad. Es de esperar que sus enseñanzas prendan en los ámbitos que supo frecuentar. Adiós Don Enrique. Quédese tranquilo que sus enemigos ya lo entienden.

  4. Faustino Velasco Says:

    Tuve la suerte de conocerlo en sus últimos años y haber compartido algunas tardes del TORTONI con él.

    Me sorprendió su vasta biografía que desconocía. A su intelectualidad supo sobreponer su militancia sobre todo en la tan dura RESISTENCIA PERONISTA.

    Y un antecedente que mucho hay que destacar: su participación en 1951 (!) en la fundación del Consejo de Ciencia y Técnica (que perversamente se oculta como logro peronista, verdadera avanzada en esos tiempos, y se lo hace aparecer como creado en abril de 1958 en las postrimerías de la Fusiladora por Bernardo HOUSSAY)

  5. roberto Says:

    Buen mendocino el compañero Oliva y buen peronista es un gusto que lo recuerden


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