LOS QUE LLORAN Y LOS QUE LUCHAN

Roberto Bardini

“No nos van a callar aunque esta lamentable saga tenga que terminar con un muerto si el gobierno así lo decide”, dijo Joaquín Morales Solá, columnista del diario La Nación y periodista del Grupo Clarín, el 29 de abril de este año en el Congreso.

Su vaticinio se cumplió el 3 de septiembre, pero el muerto no pertenecía a las filas que representa el comunicador, quien estaba acompañado en el recinto parlamentario por Magdalena Ruiz Guiñazú, Luis Majul, Daniel Santoro, Gustavo Silvestre, Marcelo Bonelli, Edgardo Alfano, Ricardo Kirschbaum y Fanny Mandelbaum.

La víctima –muy distante de ese ámbito mediático– era Adams Ledesma, un periodista y trabajador social boliviano de 33 años, asesinado en la Villa 31 bis, director de la TV comunitaria Mundo Villa y delegado de la manzana en la que vivía desde una década y media atrás.

La Villa 31 bis, asentada en terrenos que pertenecen al Ferrocarril General San Martín en el barrio de Retiro, ocupa una superficie aproximada de 10 hectáreas compuesta por 15 manzanas, y constituye un dolor de cabeza para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El Jefe, Mauricio Macri, desde la campaña electoral manifestó interés en la zona y desde hace meses promueve su erradicación con el argumento de que no puede ser urbanizada y que genera aumento en los impuestos.

Dos meses antes de su muerte, cuando inauguró la señal de televisión, Adams Ledesma había declarado: “Vamos a hacer periodismo de investigación, a filmar a los famosos que vienen en 4×4 y BMW a comprar droga”.

Ni Morales Solá, ni la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), ni la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) se refirieron al hecho. Y el diario La Nación lo registró en un editorial, autocríticamente tardío, más de un mes después.

Treinta y seis años atrás, en esa misma villa fue asesinado de cinco balazos el sacerdote Carlos Mugica, de 43 años, vinculado al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y fundador de la parroquia Cristo Obrero. El crimen, que inicialmente se atribuyó a una lucha interna de la “tendencia revolucionaria” del peronismo, fue perpetrado el 11 de mayo de 1974 por Rodolfo Eduardo Almirón, ex inspector de la Policía Federal y uno de los fundadores de la Triple A. [Ver al final del artículo, el comentario aclaratorio de Alejandro Pandra]

Ahora, la muerte en Avellaneda a manos de una patota sindical ferrocarrilera del joven Mariano Ferreyra, un estudiante, trabajador y militante político de 23 años, vuelve a confirmar que en general las víctimas fatales pertenecen a “otro bando”, sin acceso directo a las columnas editoriales ni a los programas de radio y televisión.

El mismo “bando”, por ejemplo, al que pertenecían Maximiliano Kosteki, de 25 años, y Darío Santillán, de 21, de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Los dos fueron asesinados por policías el 26 de junio de 2002, durante la represión a una protesta piquetera en el Puente Pueyrredón, a pocas cuadras de donde mataron a Ferreyra.

En cierta forma ése también es el “bando” de Jorge Julio López, el albañil y ex militante barrial peronista de 77 años, desaparecido el 18 de septiembre de 2006 cuando se dirigía a la audiencia final del juicio al ex comisario Miguel Etchecolatz, de la Policía Bonaerense.

En las semanas previas, López –que ya había sido desaparecido anteriormente, desde octubre de 1976 hasta junio de 1979– aportó un testimonio clave al juicio a Etchecolatz. El ex comisario fue condenado como autor de “delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar en la República Argentina entre los años 1976 y 1983”, como expresó el tribunal al dar a conocer la sentencia.

Otro crimen perpetrado hace 17 años que aún permanece sin esclarecer fue el del periodista Mario Bonino, reportero deportivo en los diarios Popular, Sur y La Razón, que trabajaba en el área de prensa de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA).

Bonino, de 37 años, desapareció el 11 de noviembre de 1993 –durante el gobierno del presidente Carlos Menem– mientras distribuía comunicados por agresiones a periodistas. Cuatro días después, su cuerpo fue hallado en el Riachuelo. Las pericias legales determinaron que había sido asesinado.

En la madrugada del 14 de noviembre, horas antes de aparecer su cadáver, tres individuos entraron al edificio de la Obra Social de los periodistas y golpearon con caños de hierro en la cabeza al sereno, que sufrió conmoción cerebral. A la mañana, la UTPBA recibió un llamado telefónico anónimo y una voz femenina amenazó: “Lo que les pasó anoche les puede volver a pasar”.

La posición del gobierno de Menem –de acuerdo con compañeros de Bonino en la UTPBA– osciló “entre ignorar el tema, calificarlo como un suicidio y, ante la evidencia contundente de que se trataba de un crimen, adjudicárselo a sectores mafiosos”.

Los casos de Ledesma, Mugica, Kosteki, Santillán, Ferreyra, López, Bonino –y otros, como el del fotógrafo José Luis Cabezas, asesinado en Pinamar en enero de 1997– se resumen en la jerga policial y de los servicios de informaciones con una lapidaria frase: “Tirar un muerto”.

La tétrica expresión es muy similar a la utilizada por Morales Solá durante su visita al Congreso en abril: “No nos van a callar aunque esta lamentable saga tenga que terminar con un muerto”.

Sin embargo, mientras el periodista y todos sus colegas aún continúan hablando a buen resguardo, son otros los que lamentablemente terminan muertos.

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6 comentarios en “LOS QUE LLORAN Y LOS QUE LUCHAN”

  1. oscar spinosa melo Says:

    Mi Distinguido amigo:

    No es en mi criterio necesario ningún comentario a su VALIENTE y excelente artículo… La mención a Carlitos Mugica, con quien almorzábamos semanalmente en la Casa de Ejercicios Espirituales con Mi venerado Maestro Don Julio Meinvielle, no ha hecho más que reabrir esa vieja herida nunca cerrada…Cada uno sentirá por los otros, tal vez sentimientos similares… Sólo me pregunto: ¿Hasta cuándo?

  2. Rudy Catoni Says:

    Como todo buen periodista, a usted no se le escapa ningún detalle de la historia para realizar una excelente asociación. Lástima la primera foto de ciertos personajes que me produjeron náuseas. Pero la pasé con un Santa Julia Syrah.
    Un abrazo
    Rudy Catoni


  3. Un detalle secundario: el cura Mugica, que provenía de una familia muy acomodada, efectivamente trabajaba en la parroquia Cristo Obrero, que él mismo fundó en el Bajo Retiro (hoy Villa 31), no fue asesinado en ese barrio. El 11 de mayo de 1974 fue emboscado cuando se disponía a subir a su automóvil Renault 4 azul estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano de la calle Zelada 4771 en el barrio porteño de Villa Luro donde acababa de celebrar misa.

    • Jorge Savino Says:

      El cura Mujica no murió en la villa. Lo matan al salir de una misa, creo que en Luro.

      Acá lo que nadie dice es qué hacía este muchacho del PO, que tomaba café todos los días en Uriburu y M. T. de Alvear, en una protesta de ferroviarios. El muerto y los dos heridos no eran ferroviarios y del otro lado tampoco. Es joda, los obreros no luchan por lo ellos, y se meten las agrupaciones.

  4. laurapodetti Says:

    No hay palabras.

    El General Perón dijo que preferia un pueblo pequeño y feliz a uno grande y desgraciado. Pero no leemos a Perón; si lo leemos, no lo pensamos; si lo pensamos, no lo practicamos. En general -a mi juicio- no perseveramos en nuestros ideales juveniles. Me refiero a los que en los 70 fuimos militantes, sin más armas que nuestras convicciones y organización.

    Que Mariano no fuera obrero, no quita nada a su sacrificio y ejemplo en una sociedad que se solaza en la TV basura, para no llorar, ni luchar. Que se deja llevar de la nariz por los medios.

    Mis amigos saben que no comparto ideas ni metodología del PO, pero sus víctimas son argentinos y argentinas de bien. Dejemos por un momento las teorías conspirativas y busquemos justicia, rezando los creyentes por Mariano, su familia, y nuestro pueblo.

    Y si Perón o Evita no son santos de nuestra devoción, encontraremos conceptos parecidos en San Martín, Bolívar, José Martí, Monteagudo, etc. Se los dice quien los lee a todos y todas ellas hace décadas.

    Laura

  5. Daniel R. Calderón Says:

    Roberto, el comentario está a la altura de siempre. Gracias y felicitaciones.
    Es bueno reencontrarnos con BAMBÚ PRESS al abrir nuestro correo.
    Gracias.
    Daniel


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