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UNA LAPTOP INTERMINABLE, INDESTRUCTIBLE… Y BASTANTE INVEROSÍMIL

13 mayo 2008

Roberto Bardini

La increíble PC del comandante Raúl Reyes, número dos de las FARC asesinado el 1 de marzo pasado en Ecuador por tropas colombianas, resultó ser una voluminosa caja de caudales binarios, repleta de correspondencia, documentos comprometedores, planes desestabilizadores y financiamientos secretos que, en manos de expertos en inteligencia contrainsurgente, parecen multiplicarse como los cinco panes y dos peces bíblicos con los que Jesús alimentó a cinco mil seguidores a orillas del Mar de Galilea.

El pequeño computador bolivariano es, como se sabe, una súper máquina blindada a prueba de ataques aéreos, ya que resistió exitosamente las diez bombas GBU 12 Paveway II guiadas por laser o GPS y más de 200 kilos cada una con que la Fuerza Aérea de Colombia arrasó el precario campamento guerrillero en pocos minutos.

Estos proyectiles, diseñados por las compañías Raytheon y Lockheed Martin para destruir edificios, hangares, pistas aéreas, puentes, embarcaciones artilladas y rampas de lanzamiento de misiles, pueden atravesar casi dos metros de hormigón armado. Observadores del ejército ecuatoriano comprobaron que en el reducto de las FARC los explosivos dejaron cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 metros de profundidad… pero la locuaz laptop salió ilesa.

Aunque la inteligencia militar colombiana continúa extrayendo un documento tras otro en esa especie Caja de Pandora portátil e invulnerable, queda la sensación de que cada hallazgo es más de lo mismo, con la obvia finalidad de comprometer al presidente Hugo Chávez en el financiamiento a la cincuentenaria organización insurgente y al gobierno de Rafael Correa como un cómplice que aporta territorio.

El mandatario venezolano, en honor a la verdad, está más interesado en liderar la integración económica de América del Sur que en una poco conveniente guerra con el país vecino, que seguramente serviría de excusa para la intervención militar de Estados Unidos. “Presidente Uribe, piense muy bien hasta dónde es capaz de llegar, le hago un llamado a la reflexión públicamente”, exhortó Chávez en su programa dominical Aló Presidente.

A mediados de abril pasado, un grupo de 21 expertos estadounidenses en asuntos internacionales –entre los que se encuentran académicos de las universidades de Harvard, Washington y Nueva York y del Consejo de Asuntos Hemisféricos– advirtió en una carta abierta que el informe que dará a conocer la Interpol sobre el contenido de la computadora de Reyes se basa en “exageraciones sustanciales con propósitos políticos”.

“Incluso si llegara a corroborarse que los computadores personales en efecto pertenecían a miembros de las FARC, no existe evidencia que indique que los documentos disponibles para el público pudieran servir de base para ninguna de las afirmaciones extremistas hechas por el gobierno colombiano en cuanto a que Ecuador y Venezuela tuvieran algún tipo de relación financiera con los rebeldes”, sostiene la carta divulgada en Washington. “De hecho, análisis independientes de los documentos indican que el gobierno colombiano ha exagerado de manera sustancial el contenido de estos documentos, quizás con fines políticos. Cualquier cobertura mediática de los hallazgos de la Interpol deberá dejar en claro que muchas de las acusaciones colombianas ya han sido ampliamente desacreditadas”.

Firman la declaración Charles Bergquist (University of Washington, Seattle), Larry Birns (Council on Hemispheric Affairs), Amy Chazkel (Queens College, City University of New York), Avi Chomsky (Salem State College), Luis Duno Gottberg (Florida Atlantic University), James Early (TransAfrica Forum Board of Directors and Institute for Policy Studies Board), Samuel Farber (Brooklyn College, City University of New York), Sujatha Fernandes (Queens College, City University of New York), Lesley Gill (American University), Greg Grandin (New York University), Daniel Hellinger (Webster University), Forrest Hylton (New York University), Diane Nelson (Duke University), Jocelyn Olcott (Duke University), Diana Paton (University of Newcastle, Reino Unido), Fred Rosen (North American Congress on Latin America), T. M Scruggs (University of Iowa), Sinclair Thomson (New York University), Miguel Tinker Salas (Pomona College), Mark Weisbrot (Center for Economic and Policy Research) y John Womack (Harvard University).

Desde luego que para el gobierno de Uribe y la administración de George W. Bush las firmas de esta constelación académica tienen el mismo peso que la rúbrica del cacique Toro Sentado o un autógrafo de Chespirito.

Por la mismas fechas, el Pentágono anunció que el 1 de julio restablecerá su Cuarta Flota naval –creada en 1943 con la misión enfrentar submarinos alemanes y disuelta en 1950– para navegar por aguas latinoamericanas y combatir el terrorismo “junto a sus socios comerciales”, con Colombia a la cabeza. Se trata de diez buques, un portaviones y un submarino nuclear que dependen del Comando Sur con sede en Miami. La formación marítima seguramente tiene la capacidad de presentar combate en condiciones de igualdad a toda una red de laptops narcoterroristas.

VIGILANCIA TOTAL: DE LOS CIBORG A MATRIX

2 mayo 2008

Roberto Bardini

De ahora en más muchos empresarios, militares, terroristas, industriales, espías, científicos y militantes políticos deberán ser más cautos que de costumbre y desconfiar hasta de las cucarachas, libélulas y moscas. Ese bichito que camina o vuela por ahí quizás no sea simplemente un insecto. Puede ser un ciborg al servicio de competidores o enemigos.

El vocablo “ciborg” fue acuñado en 1960 como la fusión de las palabras inglesas cyb(ernetic) org(anism) para definir a un híbrido de máquina y ser vivo. En enero de 2006, ingenieros japoneses de la Universidad de Tokio crearon la primera cucaracha ciborg de la historia: le sustituyeron sus antenas por una micro mochila provista de una mini cámara. Aunque el sistema registraba fallas y tenía corta duración, la idea era destinar el engendro a la localización de supervivientes entre las ruinas de terremotos e, incluso, al espionaje industrial.

Ahora, uno de los más sofisticados laboratorios científicos del Departamento de Defensa de Estados Unidos ha diseñado con éxito un programa de injertos de microchips en larvas de insectos preparados para misiones de vigilancia policial y militar. El experimento fue desarrollado por la Agencia de Defensa para Proyectos de Investigación Avanzada (DARPA, por sus siglas en inglés = Defense Advanced Research Projects Agency). Es la división del Pentágono que diseñó las primeras aeronaves militares no tripuladas, creó internet en 1969 y puso en funcionamiento en 1993 el sistema de localización por satélite (Global Positioning System, más conocido por la sigla GPS).

Fundada en febrero de 1958 como reacción al lanzamiento del satélite espacial soviético Sputnik un año antes, que pescó totalmente desprevenido al gobierno de Dwight Eisenhower, actualmente la DARPA tiene menos de 300 empleados altamente calificados y dispone de un presupuesto de tres mil millones de dólares.

La agencia formó varios tipos de ciborg injertándoles diminutos chips en la etapa de las larvas. Cuando el insecto se transforma en adulto, puede ser teledirigido para escuchar conversaciones, filmar, detectar explosivos y retransmitir la información.

El 9 de octubre de 2007, The Washington Post informó que dispositivos similares podrían haber sido utilizados para vigilar manifestaciones contra la guerra en Irak realizadas en la capital y en Nueva York. Bajo el título “¿Libélula o insecto espía? Los científicos trabajan en bichos robotizados”, el reportero Rick Weiss cita a tres testigos. El texto original se puede consultar en: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/10/08/AR2007100801434.html].

“Yo miré y me dije ‘¿qué rayos es eso?’ Parecían libélulas o pequeños helicópteros. Quiero decir, no eran insectos”, dijo un estudiante. Y el abogado Bernard Crane, de Washington, declaró: “Nunca en mi vida había visto algo así. Eran demasiado grandes para ser libélulas, así que pensé: ¿esa cosa es mecánica o está viva?”. La manifestante Vanesa Alarcón también vio a los extraños insectos.

El reportero menciona que investigadores del Instituto de Tecnología de California construyeron un “micromurciélago ornicóptero” que vuela libremente y cabe en la palma de la mano, mientras un equipo de la Universidad de Harvard diseñó un robot-mosca de apenas 65 miligramos, “cuyas alas sintéticas pueden batir a razón de 120 golpes por segundo”.

En agosto del año pasado –recuerda The Washington Post– se realizó en Suiza un Simposio Internacional sobre Insectos Voladores y Robots, en el que científicos japoneses presentaron polillas artificiales con alas de cuatro pulgadas de envergadura.

Después de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, la DARPA recibió duras críticas por impulsar un sistema de “vigilancia total” que recordaba a la novela 1984, de George Orwell. El proyecto TIA (Total Information Awareness = Conocimiento Total de la Información), destinado a “detectar, clasificar e identificar terroristas extranjeros en el país, descifrar sus planes y adelantarse a sus actos”, fue rechazado por el Congreso en julio de 2003 porque facilitaba el acceso a datos confidenciales de ciudadanos sin antecedentes delictivos y protegidos por garantías civiles.

Despechado, el Pentágono encargó a la agencia la creación de otro programa de vigilancia: Multistate Anti-Terrorism Information Exchange (Intercambio de Información Anti-Terrorista Multiestatal). En la comunidad de inteligencia se le conoce simplemente como Matrix.

RÉQUIEM POR EL HOMBRE DEL RIFLE

8 abril 2008

Roberto Bardini

Una de sus últimas y más controvertidas apariciones públicas fue el 22 de mayo de 2000, en Charlotte (Carolina del Norte), cuando a los 76 años de edad fue reelegido presidente de la Asociación Nacional del Rifle (ANR) por tercera vez consecutiva. Con la voz aguardentosa y una ridícula peluca que más que postiza parecía la gorra de piel del cazador Davy Crockett, John Charles Carter sostuvo en alto con su tembloroso brazo un fusil de un solo tiro del siglo XVIII y bramó en el micrófono que ninguna ley iba a prohibirle tener sus armas: “¡Tendrán que arrebatarme el fusil de mis manos muertas y frías!”.

Probablemente ninguno de los 40 mil individuos que lo escuchaban conocía el verdadero nombre del viejo, nacido en 1924 en una pequeña ciudad de Illinois. Todos, sin embargo, sabían que fue un astro de Hollywood durante las décadas del ‘50 y ‘60 y que interpretó a personajes históricos como Moisés, San Juan Bautista, William F. Cody, el presidente Andrew Jackson, el Cid Campeador, el pintor renacentista Miguel Ángel y el cardenal Richelieu.

A lo largo de su carrera cinematográfica trabajó en 62 películas. Fue protagonista de El triunfo de Búfalo Bill (1953), Los diez mandamientos (1956), Horizontes de grandeza (1958), Ben-Hur (1959, por la que ganó el Oscar), El Cid (1961), 55 días en Pekín (1963), El tormento y el éxtasis (1965), Mayor Dundee (1965) y El señor de la guerra (1965), entre muchos otros filmes.

Su última película de éxito se filmó en 1968: El planeta de los simios. Fue la primera versión, la que finaliza con la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena. En los años ‘70 la estrella comenzó a declinar y actuó en algunas súper producciones de desastres como Aeropuerto. Y en los ‘80 su propia vida se transformó en una catástrofe durante la cual se volvió alcohólico, quedó completamente calvo y comenzó a insinuarse el cáncer de próstata.

Una ovación festejó las palabras de John Charles Carter aquel 22 de mayo en Charlotte. Al asumir por primera vez, en junio de 1998, la Asociación Nacional del Rifle contaba con tres millones y medio de asociados. Bajo su mandato, un millón de nuevos adherentes llenó sus fichas de ingreso. Sus palabras fueron impactantes pero, al mismo tiempo, alejadas de la realidad como cualquier show del mundo del espectáculo. Y tan ficticias como sus propios roles de patriarca judío, centurión romano, señor feudal, vaquero del Viejo Oeste y soldado de todas las guerras.

Lo cierto es que ese día hasta un niño de diez años podría haberle quitado el fusil sin ningún esfuerzo a ese anciano conservador que detestaba por igual a los demócratas, los homosexuales, las feministas y los trabajadores migrantes hispanoamericanos. Hubiera sido tan fácil como sustraerle el biberón a un bebé o el bastón blanco a un ciego. La vejez fue implacable con el hombre que encarnó a Moisés en Los Diez mandamientos: en 1997 se cayó en las escaleras de su casa en las montañas de Santa Mónica (California) y se rompió la cadera y todos los dientes.

Nuevamente lo aclamaron en Charlotte cuando se dirigió al entonces presidente William Clinton y lo acusó de ser un “deshonesto” que convirtió a la Casa Blanca “en un burdel”: “América no se fía de usted con la permisividad de homosexuales en el Ejército. América no le fiaría a usted nuestras hijas de 21 años y, Dios lo sabe, tampoco confiamos en usted para entregarle nuestras armas”.

El escritor de novelas bélicas John Hersey, ex corresponsal de guerra, ex director de la revista Life y ganador del Premio Pulitzer de Literatura 1945, considera que la estadounidense es “una cultura hambrienta de héroes y no parece importarle si son reales o de ficción”. El antropólogo Leonel Tiger, de la Universidad de Rutger (Nueva Jersey), define en pocas palabras las características que provocan admiración entre los ciudadanos medios: “Bravuconada sin majestuosidad y heroísmo sin dirección”. Estas opiniones le calzan como anillo a John Charles Carter y a sus seguidores en la Asociación Nacional del Rifle.

La organización, creada en 1871, posee 60 mil instructores de tiro, más de 15 mil clubes distribuidos en todo el país y una revista, The American Rifleman. Tiene casi 40 millones de aficionados al tiro al blanco, más que al béisbol o al fútbol americano. “Menos leyes y más pistolas” y “Los revólveres salvan vidas” son algunos de sus lemas más edificantes.

Durante la campaña presidencial de 2000, la ANR aportó cerca de 20 millones de dólares al Comité Nacional Republicano que impulsaba la candidatura de George W. Bush. Y John Charles Carter pidió a los electores que dieran su voto a W –como se conoce a Bush hijo– y llegó a decir: “Los patriotas de nuestro país ganaron la independencia gracias a las balas y ahora tenemos que defender esa libertad en las urnas. La nuestra es una guerra santa”.

El mismo día en que John Charles Carter era reelegido por tercera vez como presidente de la ANR, el corresponsal en Nueva York del diario español El Mundo escribió acerca de los miembros de la organización: “En un anuncio que durante esta semana han emitido varias televisiones americanas, los pistoleros se escudan tras la Estatua de la Libertad y se autoproclaman portadores del espíritu de la revolución norteamericana. Lo llevan haciendo desde hace 129 años, y ni el paso del tiempo ni las masacres escolares han surtido efecto en esa mentalidad del Viejo Oeste tan arraigada en la sociedad más violenta de Occidente”.

“El idiota internacional del año

El 20 de abril de 1999, un día de primavera, dos estudiantes entraron a la cafetería del centro de enseñanza secundaria Columbine, de Littleton (Colorado), y asesinaron a 15 alumnos. Dylan Klebold, de 17 años, y Eric Harris, de 18 años, irrumpieron en el lugar con un armamento muy superior al que utilizan los miembros de los grupos SWAT, los marines o las fuerzas de despliegue rápido: un rifle de asalto de nueve milímetros, una pistola automática con un cargador de 36 balas, dos escopetas con los cañones recortados y alrededor de tres docenas de granadas caseras, algunas de las cuales llegaron a lanzar en el ataque. Después, ambos se suicidaron.

Klebold y Harris, hijos de familias pudientes de Colorado, planificaron la matanza con un año de anticipación. Eligieron el 20 de abril porque se cumplía el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler.

Quizá fue una casualidad que en Colorado se hubiera convocado ese año la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle. Pero lo cierto es que en las pulcras calles de Littleton también se exhibían los carteles en los que aparecía John Charles Carter –con un fusil en las manos, desde luego– invitando a afiliarse.

En junio del 2000, el escritor Russell Banks, un crítico de los grandes mitos norteamericanos, opinó que John Charles Carter “en un tono que recordaba el que empleó Moisés cuando bajó del monte Sinaí, declaró solemnemente: «Si hubieran estado presentes guardias de seguridad bien armados, muchas vidas se habrían salvado.» Al parecer, el undécimo mandamiento es: «No irás por esos mundos de Dios desarmado»”.

Banks es autor de varias obras, entre las que destacan The book of Jamaica (1980), Aflicción (1992), Como en otro mundo (1994), La ley del hueso (1996) y Searching for Survivers (1999). Con motivo de la masacre de Littleton, el novelista publicó un artículo titulado “Nuestros hijos se matan los unos a los otros y se suicidan”, con una triste conclusión: “Durante el último medio siglo, sin saberlo, los estadounidenses hemos estado inmersos en un proceso de auto colonización. Faltos de indígenas en tierras lejanas a los que colonizar, hemos tenido que conformarnos con lo que había en nuestra propia tierra, y hemos colonizado a nuestros hijos con ayuda del cine, la televisión, los parques temáticos, Internet y los videojuegos. Es decir, con ayuda de esos imperios del ocio a los que íntimamente despreciamos, pero cuyas acciones compramos con avidez, nos hemos convertido en la cerda que se come a sus cerditos”.

El escritor iraní Salman Rushdie también opinó sobre la masacre de Littleton y consideró que el presidente de la Asociación Nacional del Rifle luchaba “por obtener el disputado titulo de Idiota Internacional del Año”. En una columna de opinión distribuida por New York Times Special Features en 1999, Rushdie expresó: “Piensa que en Estados Unidos los maestros deberían andar armados. Él cree que los institutos educacionales serán más seguros si su personal tiene la facultad de matar a balazos a los niños que se hallan a su cuidado. […] El más famoso promotor de las armas de fuego en Estados Unidos, está haciendo todo lo posible para lograr que esas armas sigan formando parte integral del mobiliario de todo hogar norteamericano”.

Mientras tanto, John Charles Carter concluyó el primero de agosto de 2000 un tratamiento de tres semanas en una clínica de Utah. Según su vocera, Lisa De Matteo, no fue nada grave: apenas una “terapia de rehabilitación preventiva” contra el abuso en el consumo de bebidas alcohólicas.

Concluido el tratamiento “preventivo”, el ex actor se retiró a su casa en Santa Mónica. Allí, en el estudio, exhibía un ejemplar de la Constitución de Estados Unidos, biografías de los “Padres Fundadores”, libros sobre la Guerra Civil norteamericana y la Segunda Guerra Mundial, junto con miniaturas de aviones de combate. En una de las paredes cuelga la espada medieval fabricada en España cuando filmó El Cid, quien ganó su última batalla contra los árabes cabalgando aún después de muerto.

Pero a diferencia del legendario señor feudal español, este anciano retrógrado con el cuerpo y la mente en bancarrota, terminó sus días en posición horizontal, con sus “manos frías” cruzadas sobre el pecho y sin su fusil. En agosto de 2002, los médicos le diagnosticaron mal de Alzheimer. Falleció el pasado 5 de abril, seis meses antes de cumplir 84 años, de un cáncer de próstata. La prensa lo recordó en todo el mundo con el nombre artístico que lo hizo famoso: Charlton Heston.

EL CASO ALDO MORO 30 AÑOS DESPUÉS

11 marzo 2008

Roberto Bardini

moro.jpgLas sorprendentes declaraciones del psiquiatra estadounidense Steve Pieczenik al diario La Stampa, de Turín, en el sentido de que 30 años atrás manipuló al grupo terrorista Brigadas Rojas para que asesinara al político democristiano Aldo Moro, podrían ser una densa cortina de humo para ocultar a los verdaderos autores intelectuales de aquel crimen que conmovió a Italia y que se sabe fue planificado por la organización anticomunista conocida como Gladio.

Pieczenik, que se presenta como experto en antiterrorismo y es autor de algunas novelas de espionaje de dudosa calidad, dijo que tres décadas atrás viajó a Roma como enviado del entonces presidente James Carter para negociar con los secuestradores de Moro. Se encontró con un país “a punto de desestabilizarse”, pero –según su increíble opinión– la muerte del cautivo evitó que “la economía italiana se hundiera”.

moro2.jpgAldo Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 cuando se dirigía a una sesión extraordinaria del Congreso. Tras 52 días de cautiverio, su cadáver acribillado a tiros apareció el 9 de mayo en el baúl de un coche estacionado en el centro de Roma, a mitad de camino entre el local de la Democracia Cristiana y la sede del Partido Comunista. Fue un mensaje claramente mafioso: por gestiones de Moro, las dos agrupaciones se habían aliado coyunturalmente en el llamado “compromiso histórico” para afrontar la crisis económica y política que afectaba al país.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y durante 32 años el dirigente asesinado había ocupado sucesivos cargos de importancia en el gobierno italiano: diputado de la Asamblea Constituyente en 1946, secretario general de la Democracia Cristiana en 1959, ministro de Justicia, ministro de Instrucción Pública y primer ministro en 1963-1968 y 1974-1976.

Steve Pieczenik, nacido en Cuba y criado en Francia, también está vinculado a la política desde hace unos cuantos años. Tiene estudios de postgrado en Relaciones Internacionales en el Massachussets Institute of Technology (MIT), fue asistente de los secretarios de Estado Henry Kissinger, Cyrus Vance, George Schultz y James Baker, y asegura que es “experto en resolución de conflictos en Asia, Oriente Medio, América Latina y Europa”.

Tras pedir disculpas en La Stampa a la familia de Moro, el psiquiatra consideró que el crimen del político fue “una iniciativa brutal, una decisión cínica, un golpe a sangre fría, ya que un hombre tenía que ser sacrificado para la supervivencia del Estado”. Este llamativo lenguaje no debe sorprender, ya que Pieczenik también es novelista, guionista, productor de series de televisión y autor de un libro de autoayuda traducido al castellano con el ingeniosísimo título Vivo bien ¿Por qué me siento mal? (editorial Grijalbo, Buenos Aires, 1992).

Eso no es todo. El “experto en resolución de conflictos” en cuatro continentes también cultiva un original género literario denominado “psicopolítica”, término acuñado en el libro Lavado de cerebro, del imaginativo L. Ronald Hubbard, fundador en 1952 de la lucrativa Iglesia de la Cienciología.

Pieczenik asesora en “psicopolítica” al escritor conservador Tom Clancy, autor de varios best sellers que fueron llevados al cine, como La caza del Octubre Rojo (1990), Juegos de patriotas (1992), Peligro inminente (1994) y Pánico nuclear (2002). Los dos han firmado juntos dos series de novelas: Op-center y Net Force. La primera narra las andanzas de un grupo paramilitar al servicio de la Casa Blanca, en misiones al margen de la ONU; la segunda, describe las operaciones de una unidad que protege al gobierno de Estados Unidos de las amenazas por internet.

Con todos estos antecedentes, las declaraciones de Pieczenik a tres décadas del asesinato del ex primer ministro Aldo Moro resultan un poco sospechosas: desde hace años se sabe que el crimen fue inducido por la red Gladio, un grupo secreto creado en Italia al término de la Segunda Guerra Mundial por iniciativa de la CIA y el respaldo de diversos servicios de inteligencia europeos.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti reveló el 24 de octubre de 1990 que durante la Guerra Fría (1948-1991) existió en Italia una red clandestina en la que participaban ex nazis, neofascistas, militares y logias secretas como Propaganda Dos (P-2), que realizaban ataques terroristas que se pudieran atribuir a grupos anarquistas y las Brigadas Rojas, organización de ultraizquierda a la que lograron infiltrar y manipular.

En septiembre de 1991, un juez instructor de Venecia, Felice Casson, descubrió que el general Paolo Inzerilli, ex jefe de inteligencia militar, había sido el cabecilla de Gladio entre 1974 y 1986. El oficial confesó que las armas y explosivos utilizados en los atentados se guardaban en cuarteles de los carabineros y del ejército.

El 15 de julio de 1993, el juez Agostino Córdova, del tribunal de Palmi (Calabria), aseguró –luego de reabrir el caso y con documentos en la mano– que “desde el secuestro de Moro hasta la desintegración de la Democracia Cristiana fueron por decisión de una triada de poderes: CIA, mafia y masonería”. Investigaciones posteriores demostraron que esta “internacional negra” fue responsable en Italia de los atentados de Piazza Fontana (1969), Peteano (1972) y la estación de trenes de Bolonia (1980), además del asesinato de Aldo Moro en 1978.

Todas estas operaciones clandestinas contaban con el respaldo de la logia P-2, en la que participaban 14 generales del ejército, nueve generales de carabineros, nueve almirantes, cuatro generales de aviación, seis ministros, 63 funcionarios de diversos ministerios, 60 dirigentes políticos, 18 jueces y procuradores, 83 grandes industriales y varios obispos del Vaticano.

Entre los empresarios vinculados a la P-2 figuraba Giovanni Agnelli, fallecido en 1993, dueño de la Fiat y del diario La Stampa. Quizá no sea casual que el peculiar psiquiatra-novelista Steve Pieczenik haya elegido precisamente ese periódico para asumir la ruidosa –y poco convincente– responsabilidad pública del asesinato de Aldo Moro.

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PUTIN, VOZ BAJA Y UN GARROTE EN LA MANO

16 octubre 2007

Roberto Bardini

En 1990, tras el desmantelamiento del KGB, Vladimir Putin –de origen humilde, graduado con honores en Derecho, especialista en relaciones internacionales e hijo único de un inválido de guerra– tenía 37 años, se había quedado sin empleo y consideraba la posibilidad de trabajar como taxista en Leningrado. Sus últimos destinos como analista de inteligencia habían sido Dresde y Berlín, en la hoy disuelta República Democrática Alemana.

lentes.JPGPero en 1998 fue nombrado director del Servicio Federal de Seguridad (FSB), la agencia que sucedió al KGB, y menos de una década después se transformó en uno de los hombres más poderosos del mundo y en un fuerte dolor de hígado para Washington.

Parece que Alemania representa un espacio estratégico para Putin. Fue en la Conferencia sobre Seguridad de Munich en febrero de este año, a la que asistieron 250 jefes de gobierno, ministros y expertos de 40 países, donde se convirtió en el protagonista indiscutible con un lenguaje de confrontación que recordó los años de la Guerra Fría. El presidente ruso cuestionó a Estados Unidos por querer implantar un mundo unipolar, lo acusó de ejecutar acciones unilaterales al margen de la ley internacional y le advirtió contra el uso militar del espacio.

3.JPG“Constatamos un uso exagerado y casi incontrolado de la fuerza en las relaciones internacionales”, dijo Putin. “Estados Unidos, ha traspasado sus fronteras nacionales en todas las formas. Esto es muy peligroso, nadie se siente ya seguro, porque nadie puede protegerse en el derecho internacional”.

Con una dureza que sorprendió a los analistas internacionales, Putin criticó el concepto de un “mundo unipolar” y dijo que las acciones de Estados Unidos en el exterior habían empeorado los conflictos. “¿Qué es un mundo unipolar? No importa lo bonito que sea este término, implica un solo centro de poder, un solo centro de fuerza y un solo maestro”, señaló. Y con palabras muy poco usuales en este tipo de reuniones internacionales, agregó: “Siempre nos dan lecciones sobre democracia, pero los que nos enseñan la democracia no quieren aprenderla ellos mismos”.

merkelputin.jpgAhora no le debe haber causado mucha gracia al Departamento de Estado norteamericano la entrevista de Putin con la canciller alemana Angela Merkel el lunes 15 de octubre en Wiesbaden, un elegante balneario de aguas termales conocido como “la Niza del Norte”, donde uno de cada 270 habitantes es millonario y que, curiosamente, era el destino preferido de la aristocracia rusa antes de la revolución de octubre de 1917.

rambo.JPGLuego de recibir con honores militares a Putin –que habla perfecto alemán– Merkel calificó como “compañerismo estratégico” los vínculos entre los dos países, que incluyen convenios sobre seguridad, petróleo y gas. El mandatario llegó con 13 ministros, entre los que destacaban los de Relaciones Exteriores, Interior, Defensa, Finanzas y de Energía.

El intercambio comercial entre Alemania y Rusia llegó en lo que va de 2007 a casi 23 mil millones de dólares. En los primeros seis meses de este año la inversión alemana en la economía rusa superó los dos mil millones de dólares. Y en diciembre próximo se fundará en Moscú la Cámara Germano-Rusa de Comercio.

Dos días antes de viajar a Alemania y luego a Irán, Putin amenazó con la posible salida de Rusia del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Más Corto (INF por las siglas en inglés: Intermediate-Range Nuclear Forces) por el que Moscú y Washington acordaron hace 20 años eliminar para siempre estos proyectiles.

1.JPGFirmado en diciembre de 1987 por Ronald Reagan y Mijail Gorbachov, el Tratado INF prevé la prohibición permanente de misiles estadounidenses y soviéticos con un alcance de 500, 1.000 y 5.000 kilómetros. Ahora el acuerdo podría quedar sin efecto como respuesta al emplazamiento estadounidense de un escudo de cohetes antimisiles en Polonia y la República Checa, cerca de las fronteras rusas.

1judo.JPGEso no fue todo. Al día siguiente de su visita a Alemania, en la reunión cumbre de países del Mar Caspio realizada en Teherán, Putin defendió el derecho de Irán a poseer la energía nuclear y advirtió contra cualquier acción militar de represalia. El presidente ruso y los jefes de estado de Azerbaiyán, Irán, Kazajistán y Turkmenistán firmaron una declaración de apoyo al programa iraní de enriquecimiento de uranio.

Putin es el primer líder ruso que llega a este país desde 1943, cuando José Stalin se reunió en Teherán con Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial.

putinjudo2.JPGEl ex agente secreto se declara seguidor de la Iglesia ortodoxa, no fuma ni bebe y practica deportes. Se destaca en judo, del que es cinturón negro, y sambo, un arte marcial de las fuerzas especiales soviéticas del que fue varias veces campeón en San Petersburgo. Además del idioma alemán, en el KGB adquirió algunas nociones de español, francés e inglés.

Putin tiene algo en común con Roosevelt. Igual que el presidente norteamericano, el ruso conoce –y, si es necesario, aplica– un viejo proverbio africano: “Cuando te dirijas a tu adversario, habla en voz baja pero lleva un garrote en la mano”.

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MÍRALO A LOS OJOS Y DISPARA

6 septiembre 2007

Míralo a los ojos, dispárale… y luego

silba una antigua canción de Tennesee

a-rifle.jpgRoberto Bardini

Una explicación no académica pero tan aceptable como cualquier otra acerca del surgimiento, crecimiento y consolidación de Estados Unidos debería considerar un factor que muchos historiadores soslayan: la vocación para el tiro al blanco y la puntería de sus hombres más decididos, también esenciales para la expansión dentro y fuera de sus fronteras.

Esta característica poco analizada podría resumirse con una simple pero certera expresión de Mao Tse Tung, formulada por primera vez en Problemas de la guerra y de la estrategia, obra publicada en 1938: “El poder nace del fusil”. La célebre frase también le cabe a Estados Unidos como un cartucho en la recámara.

akc.jpgNo es por azar que el fortalecimiento del capitalismo y la extensión del imperialismo fueran acompañadas por legendarias marcas de fábrica, como Springfield, Remington y Winchester, junto con artefactos Colt, Browning y Smith & Wesson.

Es casi imposible imaginar a célebres cazadores, tramperos y exploradores como Davy Crockett, Daniel Boone, Jim Bowie, Kit Carson y William Frederick Cody, más conocido como “Búfalo Bill”, sin una carabina como prolongación del brazo.

Con revólveres, rifles y escopetas desde Washington se conquistó el Lejano Oeste. Estados Unidos casi duplicó su territorio con la apropiación de la mitad de la superficie original de México, los marines desembarcaron en casi todos los puertos de América Latina y el Caribe, la bandera de barras y estrellas ondeó en los rincones más apartados del planeta. Los hombres que llegaban a esas comarcas lejanas, desconocidas y exóticas no llevaban flores en sus manos, ni golosinas, ni espejitos de colores. Llevaban pistolas, fusiles y cañones.

Lo mismo puede decirse de próceres menores, pero también partidarios de la iniciativa privada, la libre empresa y la “mano invisible del mercado”, como William Henry Booney, alias “Billy the Kid”, y los hermanos Dalton, John Dillinger, Bonnie & Clyde.

Ninguna de estas celebridades podía permitirse una equivocación, un mal cálculo o fallas en la puntería. En aquellas épocas los menesteres se hacían a mano, y se hacían bien. Eran artesanales, exactos y fríos como un rubí de la India.

csmedleybutler.jpgEn 1935, el general Smedley M. Butler, comandante de Infantería de Marina dos veces condecorado con la Medalla de Honor, pronunció un memorable discurso en el Congreso de Estados Unidos y relató cómo había participado en invasiones a México, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Honduras y China: “Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone”, dijo Butler. “Él, como gangster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine, operé en tres continentes”.

Pero los tiempos cambian y aunque muchos hombres decididos aún viajan a los confines más distantes de la tierra para poner las cosas en orden, la tecnología se impone y las tradiciones se van perdiendo. Computadoras, radares, controles remotos y consolas han suplantado la corajuda eficacia del dedo en el gatillo a pocos metros de distancia de los malos, frente a frente con rebeldes, bandidos, nativos y otras alimañas bípedas.

La semana pasada un bombardero estadounidense B-52 transportó por error seis misiles de crucero provistos de cabezas nucleares desde Dakota del Norte, en la frontera de Canadá, hasta Luisiana, al sur de Estados Unidos, frente al Golfo de México. El avión llevaba los cohetes para su destrucción, pero las cabezas nucleares deberían haber sido retiradas de los proyectiles antes de ser subidos a la nave y, además, la tripulación ignoraba ese detalle.

Fabricado en 1954, en plena “guerra fría” entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el B-52 mide 48 metros y medio de largo por 12 metros de alto y puede transportar 190 mil kilos.

dmisil.jpgUn misil de crucero, propulsado por un reactor, es prácticamente un avión no tripulado que mide más de cinco metros y pesa entre 1.300 y 1.500 kilos. Es un arma de destrucción masiva porque lleva una cabeza nuclear, cuyo elemento explosivo es uranio o plutonio. Por seguridad, cuando se transporta de un lugar a otro, la cabeza debe ser desmontada.

En seis horas la mortífera carga atravesó cinco estados de un extremo a otro del país: Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma y Arkansas. El error que puso en riesgo a miles de vidas se descubrió recién cuando el aparato llegó a destino. No hay que tener una excesiva imaginación para suponer qué hubiera ocurrido en caso de accidente del avión.

La revelación de la revista independiente Army Times, publicada desde 1940 por una compañía privada que también edita USA Today y USA Weekend, ya provocó que rodaran algunas cabezas, no atómicas sino humanas. Un alto oficial fue relevado de su cargo y a varios más se les retiró el permiso para manejar armas nucleares.

Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos no abusan en el uso de la palabra “error”, sino que prefieren el concepto “daño colateral”, eufemismo que comenzó a ser manejado internamente en la guerra de Vietnam (1958-1975) y se hizo público durante la guerra del Golfo Pérsico, en 1991. La expresión indica, bastante benévolamente, daños no intencionales o accidentales sobre personas, equipos y construcciones aliadas o neutrales, generalmente civiles.

Afganistán e Irak suministran unos cuantos ejemplos de “daños colaterales”. El 1 de julio de 2002, un error de puntería transformó una boda en un funeral: tres aviones abrieron fuego y lanzaron bombas en la aldea afgana de Kakarak, a unos 250 kilómetros al suroeste de Kabul, donde se celebraba un casamiento, y perpetraron una de las peores masacres desde el inicio de la ocupación: 40 personas murieron y más de 70 fueron heridas. Todos eran civiles.

El 9 de enero de 2005 un avión estadounidense arrojó una bomba en una casa de Mosul, al norte de Irak y mató a 14 personas inocentes. Un vocero militar admitió que fue un “objetivo equivocado”.

El 17 de agosto de 2006 murieron doce policías afganos cuando un avión lanzó una bomba “erróneamente” sobre dos vehículos policiales en el este de Afganistán, cerca de la frontera con Pakistán. Los agentes buscaban a terroristas de Al Qaeda.

El 8 de mayo de 2007, siete niños, alumnos de una humilde escuela pública en la aldea iraquí de Mandali, en la frontera con Irán, murieron junto a tres maestros, ametrallados por un helicóptero estadounidense.

El 24 de agosto pasado un avión norteamericano bombardeó por error a soldados británicos en Afganistán después de que sus aliados les pidieron apoyo aéreo. Errores similares por parte de los militares estadounidenses en Irak causaron la muerte de 12 soldados ingleses.

Los buenos viejos tiempos han quedado atrás: fueron sepultados por monitores, sensores y chips. Ya nadie le dispara a un malo mirándolo a los ojos, lo despacha al otro mundo, sopla el cañón de la pistola, enfunda el arma, monta en el caballo y se aleja en el horizonte silbando una antigua canción sobre una muchacha que espera en Misouri, Mississipi o Tennesee.

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VENEZUELA: “LOCOS PELIGROSOS”

16 agosto 2007

Roberto Bardini

La historia no se repite como calco o fotocopia, pero en ciertos momentos hay hechos, personajes y frases del pasado que se reiteran en el presente, en las mismas latitudes y parecidas circunstancias.

bolivar.jpgLeamos a un político y militar venezolano, admirado y odiado por partes iguales en Iberoamérica, al presentar en el Congreso la nueva Carta Magna con estas palabras: “El presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución, como el sol que, firme en su centro, da vida al Universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos: los hombres y las cosas. Dadme un punto fijo, decía un antiguo, y moveré el mundo”.

Es el 25 de mayo de 1826, cuando Simón Bolívar lee su proyecto de Constitución para la recién creada Bolivia. Con ese nombre ha sido bautizada en honor al Libertador nueve meses antes –con inevitable remembranza de parto– por el mariscal venezolano José Antonio de Sucre (1795-1830), primer mandatario de la nueva república andina.

En ese momento, el Libertador recomienda la figura de un “presidente vitalicio”. Y al referirse a los controles legislativos al nuevo jefe de estado explica: “Se le ha cortado la cabeza para que nadie tema sus intenciones, y se le han ligado las manos para que a nadie dañe”. Bolívar, republicano y partidario de un presidencialismo fuerte, aspiraba a un ordenamiento constitucional acorde al gran cambio que requería la América hispana después de 15 años de guerras externas y desencuentros internos.

Ese mismo 25 de mayo de 1826, Bolívar recibe un obsequio llegado desde el otro extremo del continente: la familia de George Washington, fallecido 27 años antes, le envía un medallón con el retrato del héroe de la independencia de Estados Unidos y primer presidente de la nación, junto con un mechón de su cabello que actualmente se exhibe en el Museo Bolivariano de Caracas. “Hoy he tocado con mis manos este inestimable presente: la imagen del primer bienhechor del continente de Colón, ofrecido por esa familia inmortal”, dice Bolívar.

Aquel lejano intercambio de elogios, visto con ojos actuales, es sorprendente. El encargado de negocios estadounidense en Bogotá, Beaufort T. Watts, escribe en marzo de 1827 al Departamento de Estado que Bolívar tiene “una fuerza intrínseca moral” que inspira confianza a pesar de “todas las calumnias” en su contra.

hugochavez.jpgLos hombres y sus circunstancias no son muy diferentes 181 años después. “Me van a decir loco por todos lados”, declara el presidente Hugo Chávez a un canal de televisión el martes 14 de agosto, 24 horas antes de presentar al Parlamento su proyecto de reforma de la Constitución de 1999, que incluye la reelección presidencial continua. Con certeza, él no recibirá ninguna efigie de Washington por su propuesta, aunque a varios en la capital de Estados Unidos les gustaría tener en la mano unos cuantos mechones de sus cabellos.

Ellos quizá tienen más en común con el cónsul norteamericano en Lima de 1824 a 1827, William Tudor, un bostoniano que antes de ocupar puestos diplomáticos había sido fundador en 1815 de la North American Review, la primera revista literaria de Estados Unidos. Tudor calificó a Bolívar como “el peligroso loco de Colombia”, culpable del “engrandecimiento excesivo de la América liberada de España” y que sería recordado como “uno de los más rastreros usurpadores militares”.

El cónsul, graduado en Derecho por la Universidad de Harvard, remarcaba que “Inglaterra y Estados Unidos tienen razones de Estado comunes y poderosas” para oponerse al surgimiento de una América del Sur unida desde Caracas hasta Buenos Aires. Como ciertas partituras clásicas, las recomendaciones de Tudor suenan a música que conserva vigencia.

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LAS “JOYAS DE LA FAMILIA”

25 junio 2007

Roberto Bardini

cia-1.jpgLa película El buen pastor (Robert De Niro, 2006) narra en 160 minutos 30 años de intrigas de la CIA y su antecesora, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, por sus siglas en inglés). En un tramo de la historia, uno de los personajes le dice a un estadounidense de pura cepa y orgulloso de su estirpe: “Los italianos tenemos a nuestras familias y a la Iglesia; los irlandeses, a su madre patria; los judíos, sus tradiciones; incluso los negros tienen su música. ¿Pero qué tienen ustedes?”. Y el interpelado responde: “Nosotros tenemos a los Estados Unidos de América. Ustedes están aquí de visita”.

¿Y qué es Estados Unidos para esta clase de hombres que conspiran en las sombras? Un gigante que se proyecta en todo el planeta a través de grandes empresas, un ejército poderoso y un servicio de espionaje activo en casi todos los países del mundo.

cia.jpgAhora la CIA ha decidido desclasificar la mayor parte de un enorme archivo secreto de 693 páginas de 1973, al que el director de la organización, general de aeronáutica Michael Hayden, ha definido como “las joyas de la familia”. Si de buscar símbolos se trata, esos documentos quizá se aproximen más a pestilentes residuos de cloaca que a elaboradas piezas de joyería.

Mucho de lo que hay en el archivo del cuartel general de Langley ya fue filtrado y revelado por la prensa en años pasados: grabaciones telefónicas ilegales, vigilancia secreta a periodistas, golpes de Estado, invasiones militares, eliminación de personas, intentos de asesinato a líderes “enemigos”, experimentos con seres humanos sin su consentimiento, utilización de armas bacteriológicas y un largo etcétera que nada tiene que ver con los relatos de Ian Fleming, John Le Carré y Robert Ludlum.

Se sabe, por ejemplo que el demonio latinoamericano más longevo del siglo XX y lo que va del XXI, Fidel Castro, exhibe el récord mundial como blanco móvil en más de 630 complots para matarlo en 40 años. Los planes de eliminación se efectuaron durante ocho gobiernos estadounidenses: 38 intentos con Dwight Eisenhower, 42 con John Kennedy, 72 con Lyndon Johnson, 184 con Richard Nixon, 64 con James Carter, 197 con Ronald Reagan, 16 con George Bush padre y 21 con William Clinton.

La prensa internacional informó en su momento sobre las fallidas tentativas de asesinar al ex jefe de Estado cubano en la cumbre iberoamericana de Cartagena (Colombia) en 1994, el encuentro iberoamericano en Bariloche (Argentina) en 1995, una reunión similar en la isla venezolana de Margarita en 1997, una visita a República Dominicana en agosto de 1998 y la cumbre de líderes de Iberoamérica en Oporto (Portugal) a fines de ese mismo año.

En su tenaz esfuerzo por instaurar la democracia, el respeto a los derechos humanos, la empresa privada, la “mano invisible del mercado” y las sonrisas infantiles en ese Gulag del Caribe que es Cuba, la CIA trató de utilizar contra Fidel Castro francotiradores, habanos envenenados, bombas de tiempo, lanzacohetes, pastillas de cianuro, explosivos acuáticos disimulados en caracoles marinos y un traje de buceo con bacterias letales. Incluso en 1960 recurrió a una ex amante alemana, Marita Lorenz, que a último momento se arrepintió y le confesó al líder cubano cuál era su intención.

marita.jpgLa frustrada Mata Hari, nacida en Alemania en 1941 e hija de un capitán de la marina mercante, en la Segunda Guerra Mundial fue prisionera en el campo de concentración de Bergen-Belsen, a los ocho años fue violada por un soldado norteamericano y a los 19 vivió su aventura con Fidel Castro en La Habana. También fue amante a los 22 años del ex hombre fuerte de Venezuela, Marcos Pérez Jiménez, con quien tuvo una hija.

La mujer trabajó para el FBI, donde se casó con un agente con el que tuvo un hijo, se vinculó a la Mafia ítaloamericana y conoció a Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del presidente John Kennedy en 1963. Actualmente sobrevive a duras penas en un barrio pobre de Nueva York, donde recibe un cheque mensual de 461 dólares de la asistencia social del gobierno. La CIA, por lo visto, es bastante austera con las heroínas jubiladas.

“Mi amor era más fuerte”, relató Marita Lorenz en la película documental alemana Querido Fidel, estrenada en 2000. “No lo maté porque por naturaleza no soy una asesina, no podía arrebatarle la vida a alguien que amaba, aunque la CIA –que no sabía que seguía enamorada– me haya entrenado para matarlo. Ese momento fue determinante, algo me detuvo, quizá el gran amor que sentía por él”.

Luego de la desclasificación de los archivos secretos de la CIA quizá se conozcan otros detalles acerca de esta situación imprevista –más cercana a una telenovela mexicana que a las parcas memorias de ex espías– en su épica lucha por la libertad, las películas de Hollywood y las hamburguesas MacDonald.

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CABEZA PARA PREVER O ESPALDAS PARA AGUANTAR

23 junio 2007

Roberto Bardini

roberto_bardini.jpgCuando lean, escuchen o vean en las noticias que alguien ha declarado una “guerra sin cuartel” al tráfico de drogas, encójanse de hombros como si no sucediera nada y sigan haciendo lo que estaban haciendo. Desde hace más de dos décadas es más de lo mismo, puro bla bla.

En mayo de 1951, el general Omar Bradley, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Estados Unidos, declaró ante el Senado que la guerra de Corea comprometería a su país en “un conflicto desacertado, en un lugar inapropiado y en un momento inoportuno”. En la contienda de Corea (1951-1953) conocida como la “guerra olvidada” o la “primera guerra de la guerra fría”, los norteamericanos perdieron 44 mil soldados, un poco menos que en la ocupación de Vietnam pero en un tiempo mucho más breve.

El tres veces presidente argentino Juan Perón, un experto en estrategia y geopolítica, el 24 de mayo de 1951 comentó en el diario Democracia y bajo el seudónimo Descartes, las declaraciones del general Bradley con una frase que aún hoy utilizan muchos instructores en algunos institutos de inteligencia militar: “El que no tiene buena cabeza para prever, ha de tener buenas espaldas para aguantar”.

No hay que complicarse mucho. Prever es estudiar con anticipación lo que puede ocurrir, barajar hipótesis o posibilidades, intentar adelantarse a los hechos. Aguantar es hacerse cargo de las consecuencias no previstas.

El aforismo de Perón, expresado hace 56 años, cobra vigencia en la actual guerra contra el narcotráfico, en la que se atacan militarmente los efectos sin ir socialmente a las causas.

Esto lo advirtió casi dos décadas atrás el sociólogo argentino Marcos Kaplan (1926-2004), del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Ciencias Penales de la Procuraduría General de la República (PGR), uno de los primeros en percibir los peligros de lo que él denomina “una narcosociedad, una narcocultura, una narcopolítica y la aspiración a un narco Estado”.

En su libro Aspectos sociopolíticos del narcotráfico (editado en 1989 por el Instituto Nacional de Ciencias Penales de la PGR), Kaplan llama la atención acerca de que, más allá de pistoleros y sicarios, muchas personas se benefician económicamente del tráfico de estupefacientes. En primer lugar, campesinos que cultivan, refinadores en laboratorios, transportistas, distribuidores, revendedores mayoristas y minoristas. La acción punitiva se dirige casi únicamente contra ellos.

Pero hay un segundo peldaño de complicidad, según Kaplan: contadores, empleados administrativos, blanqueadores de dinero, abogados defensores, asesores legales y económicos. Este sector generalmente resulta poco afectado. El jurista incluye otras categorías al servicio de los capos de la droga: intelectuales, periodistas y profesionales en relaciones públicas. Y también menciona a “políticos, gobernantes, funcionarios, jueces, policías y militares, que se involucran en actividades al servicio del narcotráfico y se benefician de ellas”. Pero para ellos, lamentablemente, no hay allanamientos espectaculares con presencia de la prensa ni se han inventado aún los retenes en las carreteras.

Para Estados Unidos la raíz del mal está en la “oferta” de los países productores de drogas. Para los países productores, está en la “demanda” de los consumidores de Estados Unidos, el país con más adictos a los estupefacientes del mundo.

Y mientras se continué en ese crónico círculo vicioso, la tan publicitada “guerra contra el narcotráfico” más que “un conflicto desacertado, en un lugar inapropiado y en un momento inoportuno” continuará siendo una inútil payasada que no afecta en nada a un multimillonario negocio que aumenta día a día.

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VIRGINIA FUE UNA TRAGEDIA; BAGDAD SERÁ UNA ESTADÍSTICA

20 abril 2007

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Roberto Bardini

El lunes 16 de abril, 33 personas fueron acribilladas a tiros en la Universidad Tecnológica de Virginia por Cho Seung-Hui, de 23 años, un desequilibrado estudiante coreano de literatura inglesa. Las imágenes del rescate de las víctimas en el campus universitario dieron la vuelta al mundo. Se ve a obesos policías que llegaron tarde al lugar, muy agitados, mientras cargan con dificultad cuerpos de muertos y heridos.

El presidente George W. Bush se manifestó “horrorizado” por la matanza y en una breve conferencia de prensa dijo: “Hoy nuestra nación llora por aquellos que perdieron a seres queridos. Le pedimos a la Providencia que lleve consuelo a los que están sufriendo”. La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, afirmó que el mandatario sentía una “profunda preocupación por las familias de las víctimas, las propias víctimas, los estudiantes, los profesores y todos los residentes en Virginia que han hecho frente a este terrible incidente”. Por orden del presidente, las banderas fueron izadas a media asta en todo el país en señal de duelo nacional.

El miércoles 18 las explosiones de cinco coches-bomba en Bagdad mataron a casi 200 personas en el peor atentado desde la invasión multinacional de marzo de 2003. Los ataques ocurrieron pocas horas después de que el módico primer ministro iraquí Hurí al Maliki declarara que su gobierno tomaría el control de la seguridad en el país, que hasta ahora está en manos de 150 mil soldados estadounidenses y británicos. “La calle se convirtió en una piscina de sangre”, dijo a la prensa el comerciante Ahmed Hameed.

Cerca de 650 mil civiles iraquíes murieron luego de la invasión estadounidense al país árabe, según cálculos de expertos norteamericanos y de la universidad de Bagdad publicados por la revista médica británica The Lancet en octubre de 2006. Esa cantidad equivale al 2.5 por ciento de la población de Irak, que tiene 27 millones de habitantes. The Washington Post apuntó que era una cifra 20 veces mayor que la de 30 mil muertes de civiles iraquíes que el George W. Bush había mencionado en un discurso de diciembre del año pasado y más de diez veces los 50 mil muertos civiles contabilizados por el grupo de investigación británico Iraq Body Count.

La tasa de mortalidad bruta en Irak saltó de 5.5 por mil habitantes, antes de la ocupación estadounidense, a 13.3 por mil actualmente.A esto hay que agregar que casi siete de cada diez pacientes heridos de gravedad por la violencia en Irak mueren en las unidades de urgencias y cuidados intensivos por la falta de médicos, así como por la carencia de medicamentos y equipamiento, de acuerdo con datos divulgados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra.

La OMS indicó que el 80 por ciento de la población no recibe una atención médica efectiva, el 70 por ciento tiene problemas de abastecimiento de agua potable y sólo el 60 por ciento tiene acceso al sistema público de distribución de alimentos. Para agravar la situación, aumentan los casos de diarrea e infecciones respiratorias en los niños, agudizados por los altos niveles de malnutrición y se convirtieron en la causa de muerte de las dos terceras partes de niños menores de cinco años. La agencia de la ONU estima que el 21 por ciento de niños sufre, además, desnutrición crónica aguda.

La invasión estadounidense y la violencia entre grupos rivales iraquíes tienen más consecuencias. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), indicó que hay dos millones 300 mil refugiados en diferentes países de Medio Oriente, sobre todo en Siria y Jordania, y casi dos millones de desplazados dentro de Irak. Son muy pocas las imágenes que dan vuelta al mundo y muestran el drama que vive Irak.

La masacre en la Universidad de Virginia ocupó el primer lugar en diarios, radios y canales de televisión de casi todo el mundo; fue una tragedia. Los muertos del último atentado en Bagdad –seis veces más que en Virginia– en pocos días más serán números para las estadísticas.
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TIEMPO DE MASACRE

17 abril 2007

Roberto Bardini

asesino.jpgDesde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el tema de seguridad interior tiene prioridad uno en Estados Unidos. Las Fuerzas Armadas –compuestas por ejército, marina, fuerza aérea, Cuerpo de Marines, Guardia Nacional y Guardacostas– poseen un millón y medio de efectivos, disponen de un presupuesto de casi 500 mil millones de dólares y están consideradas las segundas más poderosas del mundo, después de China. Cuentan con el más sofisticado armamento de tierra, aire y mar con apoyo satelital, y tienen la capacidad de intervenir en cualquier parte del mundo en poco tiempo.

En Estados Unidos existen distintas corporaciones policiales: la Policía Federal, que incluye al FBI, la DEA, el United States Marshall Service y el Servicio Secreto; la Policía Estatal, conocida como State Troopers o Highway Patrol; la Policía de Condado (sheriffs y alguaciles) y la policía para vigilancia de parques, lugares públicos, escuelas y fábricas. A esto se suma el Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) y la Patrulla Fronteriza.

Fuera de las fuerzas de seguridad existen entre 220 y 230 millones de armas de fuego en poder de particulares, según datos del FBI. Un 33 por ciento de las familias norteamericanas posee al menos un arma de fuego en su casa y al alcance de cualquiera de sus miembros, incluidos los niños. Según estadísticas, 32 mil personas mueren cada año en Estados Unidos por herida de bala, entre los que se incluyen 5 mil niños.

La Asociación Nacional del Rifle, creada en 1871, posee 50 mil instructores de tiro, 14 mil clubes distribuidos en todo el país y la revista The American Rifleman. En 2000, manejaba un presupuesto anual de 80 millones de dólares. Un vicepresidente de la organización, Wayne LaPierre, declaró: “En este país hay 35 millones de aficionados al tiro al blanco, más que al béisbol o al fútbol americano”. La asociación tiene lemas muy edificantes: “Menos leyes y más pistolas” y “Los revólveres salvan vidas”.

Estados Unidos es el único país del continente donde existe la pena de muerte. Se aplica en 38 de los 50 estados de la Unión Americana.

Luego del ataque aéreo a las Torres Gemelas de Nueva York, se creó la Dirección de Inteligencia Nacional, que agrupa a 16 agencias –entre las que figuran la CIA, el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional– que intensificaron la vigilancia interior y consumen el 85 por ciento del presupuesto asignado al espionaje en el país.

El 16 de enero de 2006, el ex vicepresidente Al Gore dio un discurso invitado por la American Constitution Society y la Liberty Coalition en el que denunció el espionaje interno a “un número impresionante de ciudadanos” y el monitoreo secreto de “un gran número de comunicaciones telefónicas y mensajes de correo electrónico dentro de Estados Unidos”.

Pero nada de esto parece ser suficiente para evitar fronteras adentro otro flagelo tan fuerte como el “terrorismo internacional”: las matanzas colectivas que, como un padecimiento crónico e incurable, cada cierto tiempo conmueven a los ciudadanos de a pie.

El lunes 16 de abril, 33 personas fueron acribilladas a tiros en la Universidad Tecnológica de Virginia por Cho Seung-Hui, un coreano de 23 años y estudiante de literatura inglesa, quien dejó una nota en su dormitorio en la cual criticaba a los “chicos ricos”, la “degeneración” y los “charlatanes mentirosos” de la universidad.

Fue la peor masacre en la historia de Estados Unidos desde que el 1 agosto de 1966 un francotirador asesinó a 15 personas e hirió a 31 en el campus de la Universidad de Texas, en Austin.

El nuevo ataque también superó la escabechina del Instituto Columbine del 20 de abril de 1999, en la que murieron 12 personas y resultaron heridas otras 24 antes de que los dos asesinos, de 17 y 18 años de edad, se suicidaran.

La matanza en la Universidad Tecnológica de Virginia es el atentado número 23 de este tipo desde mayo de 1992. Estados Unidos figura en el puesto mundial número uno del tétrico ranking. Las causas que originan esta clase de comportamiento patológico hay que buscarlas adentro y no en las cuevas afganas donde se oculta Al Qaeda. Están ahí, en la tierra promisoria, en el país de las grandes oportunidades, y también forman parte del american way of life.
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EL “YO ACUSO” DE BRZEZINSKI

9 abril 2007

Roberto Bardini


zbig.jpg Zbigniew Brzezinski, ex consejero de Seguridad Nacional del presidente James Carter, no es alguien de quien se pueda decir que tiene la sensibilidad de un modisto italiano, un bailarín de ballet ruso o un gourmet francés. Y la definición de “halcón” le queda tan chica como un traje tres tallas menor que su tamaño real.

Nacido en Polonia hace 79 años, profesor en la Universidad John Hopkins y autor de diez libros de geopolítica, Brzezinski está considerado junto con Henry Kissinger como uno de los más prestigiosos analistas de la política exterior estadounidense en el mundo.

Añejo socio del banquero David Rockefeller –nieto del magnate petrolero John D. Rockefeller, fundador de la filantrópica Standard Oil– Brzezinski es director desde 1973 de ese poder en las sombras llamado Comisión Trilateral, que reúne a ex presidentes, personajes del comercio mundial, la industria, los bancos internacionales y dueños de grandes medios de comunicación de Estados Unidos, Europa y Japón. “Buenos muchachos”, como se dice, y aplicados discípulos de Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Teresa de Calcuta

Brzezinski, un hombre de mirada tan gélida como un ofidio al acecho, ha publicado un artículo en The Washington Post en el que enumera una serie de críticas a la Casa Blanca que parecen formuladas por Fidel Castro y Hugo Chávez en el improbable caso de que ambos se hubieran emborrachado tres días seguidos con ron del Caribe. Sólo faltaría Osama bin Laden para completar el trío, pero el Corán le prohíbe beber alcohol (lo que quizá explique su escatológica expresión de estrenimiento crónico) .

Zbig afirma que la “guerra contra el terrorismo” creó una cultura del miedo en Estados Unidos y que esa frase hizo “un daño infinitamente mayor de lo que podrían haber soñado jamás los fanáticos autores de los ataques del 11 de septiembre de 2001 cuando tramaban su complot en las cuevas afganas”. Y señala que George W. Bush usó ese miedo “para aplicar sus políticas durante cinco años de lavado de cerebro”. El resultado es que Estados Unidos “se ha vuelto inseguro y más paranoide”.

ahmadineyad.jpgEn coincidencia con este golpe de karate en la yugular de la Casa Blanca, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, anunció que su programa nuclear es capaz de enriquecer uranio a gran escala con fines pacíficos. “Irán se unió a la lista de países capaces de producir combustible nuclear y no vamos a permitir que ciertos países occidentales socaven estos logros. Nuestro sendero nuclear es un camino de no retorno”, dijo Ahmadineyad en una ceremonia en la planta atómica de Natanz, en el centro del país, para conmemorar el llamado “día nacional de la energía atómica”. Es lo que en Suramérica denominan “tocarle la oreja” al adversario.

El Consejo de Seguridad de la ONU –cuyos miembros permanentes son Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, China y Rusia– aprobó hace dos semanas una nueva resolución sobre Irán que prevé un embargo de armas, el bloqueo de inversiones extranjeras y restricciones de viajes. En caso de que Irán no suspenda su enriquecimiento de uranio en un plazo de 60 días, el máximo órgano de la ONU aplicará “nuevas medidas adecuadas”, dice el texto. El “quinteto del terror”, para variar, arroja más leña al fuego.

Y mientras tanto, la “cultura del miedo” que describe Zbigniew Brzezinski seguramente se transformará en los próximos días en parte del paisaje estadounidense como la goma de mascar, la cerveza en el refrigerador y el fútbol americano.
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