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CUANDO UN MARINO ARGENTINO IGNORÓ LA BANDERA DE EE.UU EN REPÚBLICA DOMINICANA

15 enero 2011

El 13 de enero de 1920, el gobierno y la Marina de Guerra de Argentina dan un noble, atrevido y admirable ejemplo de solidaridad iberoamericana –casi sin equivalente en todo el siglo XX– que ha sido cuidadosamente olvidado por nuestra historia oficial

Roberto Bardini

Sucede en aguas del Caribe. El crucero 9 de Julio, ancla en el puerto de Santo Domingo e ignora la bandera de Estados Unidos, que desde 1907 ocupa militarmente al pequeño país antillano. Rinde honores, en cambio, al inexistente –en ese momento– pabellón de la República Dominicana.

Entre 1899 y 1920, los marines yanquis han desembarcado en Cuba, Honduras, Nicaragua, Haití, México y Panamá. Y en varias ocasiones se quedan unos cuantos años.

En el caso de Dominicana, permanecen hasta 1924. Es “para bien de los dominicanos a pesar de ellos mismos”, escribe convencido el historiador norteamericano Samuel Flagg Bemis en La diplomacia de Estados Unidos en América Latina, publicado en 1943.

Pero esta pequeña historia que culmina en Santo Domingo comienza, en realidad, unos meses antes y en otro país. Exactamente el 24 de mayo de 1919, cuando muere en Uruguay el embajador mexicano Juan Crisóstomo Ruiz, también concurrente en Argentina.

El diplomático es mucho más conocido en toda América hispana por su seudónimo de poeta, novelista y ensayista: Amado Nervo.

El autor de La amada inmóvil y Raza de bronce fallece a los 48 años. “Eran tiempos en que la muerte de un poeta conmovía a pueblos y gobiernos”, escribirá décadas más tarde Carlos Piñeiro Iñíguez, ex embajador argentino en República Dominicana.

El gobierno uruguayo decide que el cuerpo del poeta se traslade a Veracruz en el crucero Uruguay. El presidente argentino Hipólito Yrigoyen acompaña el gesto y dispone que el crucero 9 de Julio lo escolte hasta México.

El comandante de la nave argentina es un desconocido capitán de fragata. Se llama Francisco Antonio de la Fuente y tiene 38 años. Ocho meses después demostrará que es un auténtico oficial y caballero de mar.

Cumplida su misión, inicia el regreso. Tiene instrucciones de efectuar visitas de cortesía en algunos países del Caribe.

El 6 de enero, cuando avista la costa de Santo Domingo, el capitán De la Fuente enfrenta un dilema: debe realizar el saludo protocolar de 21 salvas a la bandera nacional del puerto al que llega… Pero ve que en la fortaleza Ozama, construida por los españoles en el siglo XVI para vigilar el mar, ondea la bandera de Estados Unidos.

Pide instrucciones por telégrafo al embajador argentino en Washington. El diplomático se comunica con la cancillería en Buenos Aires. Y poco después, el marino recibe un mensaje muy claro: por orden del presidente Yrigoyen, debe saludar a la bandera dominicana.

Pero no existe esa bandera en el puerto… No importa. En el crucero hay varias de distintas repúblicas y De la Fuente encuentra una del país que visita. El 13 de enero, fondea frente a Santo Domingo, hace izar el pabellón dominicano en lo más alto del palo mayor y, ante la vista del pueblo que se ha reunido en los muelles, ordena disparar los 21 cañonazos de rigor como saludo a una nación soberana.

Frente a este inesperado gesto de nobleza y homenaje, los dominicanos enloquecen y estallan en gritos de alegría. Inmediatamente se corre la voz y los pobladores se lanzan a las calles, desafiando las ordenanzas de las fuerzas ocupantes.

Algunas personas juntan trozos de tela y los unen precariamente, componen los colores de su enseña patria y la hacen flamear en el torreón de la fortaleza Ozama para ser dignos de ese honor. La felicidad del sufrido pueblo dominicano dura apenas un par de horas, pero es suficiente. Y cuando los marinos argentinos desembarcan, la gente aplaude, los abraza y les entrega ramos de flores.

Así, un viejo –para la época– presidente de 68 años, un poeta romántico y un joven marino amalgaman ética, estética y épica, valores que casi nunca coinciden con la política. Pero cuando lo hacen, son los ingredientes que al gesto más pequeño le confieren dimensión de epopeya. Como este simple episodio de soberanía nacional que honra al respetado y al que respeta.

Pero la historia no concluye ahí. En  1965, en su viaje de instrucción alrededor del mundo, la fragata argentina Libertad se detiene en Santo Domingo y entrega como obsequio el cañón del crucero 9 de Julio con el cual se hicieron aquellos disparos de honor. Aún hoy permanece frente a la Escuela Naval de la República Dominicana como símbolo de amistad entre los dos pueblos.

“HAY QUE ARROJAR AL MAR TODAS LAS ESTATUAS DE SAN MARTÍN, O’HIGGINS Y BOLÍVAR”

9 octubre 2008

Roberto Bardini

Pocos días atrás se cumplieron 42 años de la Operación Cóndor en las Islas Malvinas y, como sucede desde hace décadas, el aniversario fue totalmente ignorado en los grandes diarios, radios y canales de televisión de Argentina.

Los medios de comunicación, más ocupados en comentar temas derivados del exitoso programa filantrópico Bailando por un sueño –un educativo compendio de nalgas movedizas, senos descomunales, enanos cantores, salivazos y recomendaciones prácticas de sexo oral– no le dedicaron una sola línea impresa o un minuto al aire a la pequeña gran gesta patriótica del 28 de septiembre de 1966, cuando 18 jóvenes desviaron un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las Malvinas para reivindicar la soberanía nacional en el archipiélago sur.

El acontecimiento, sin embargo, fue decisivo en su momento para que uno de los más renombrados pensadores británicos contemporáneos se lamentara de que el nacionalismo se hubiera convertido en “una religión más potente que el cristianismo” y no vacilara en recomendar a los hispanoamericanos que “arrojaran al mar” todas las estatuas de José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Simón Bolívar.

El exabrupto figura en el libro Entre el Maule y el Amazonas, publicado en 1967 por Oxford University Press. Su autor es el filósofo e historiador Arnold Toynbee, quien obtuvo renombre internacional con Estudio de la historia, doce volúmenes que le demandaron 27 años de trabajo.

Toynbee (1889-1975), graduado en Oxford, profesor en Cambridge y director del Real Instituto de Relaciones Internacionales, recorrió 11 países iberoamericanos en 1966 y era huésped del régimen militar del general Juan Carlos Onganía cuando se produjo el secuestro aéreo.

El presidente de facto, como muchos de sus camaradas del arma de caballería, se mantenía a cautelosa distancia de bibliotecas y librerías. Sus esporádicos golpes de mano en territorio impreso se reducían a revistas sobre perros de raza y caballos de polo, pero un par de asesores civiles habían dedicado 20 minutos a explicarle quién era el historiador británico.

De regreso a Londres, Toynbee escribió en un capítulo titulado “¿Falkland o Malvinas?”:

“Me encontraba en Córdoba, Argentina, en momentos en que un ‘comando’ secuestró en vuelo un avión obligándolo a aterrizar en las Islas Falkland, y cuando la noticia de esta actuación melodramática fue seguida por las informaciones de los ataques a la embajada británica en Buenos Aires y al consulado británico en Rosario.

“Como era de esperarse, tanto el gobierno argentino como el británico se condujeron con una prudencia ejemplar y –lo que es más importante– con recíproca comprensión y buena voluntad. La contrariedad del gobierno argentino por la inconducta de un puñado de jóvenes ciudadanos argentinos fue bastante natural. Bajo la capa de gestos aparentemente patrióticos, los participantes en la escapada del comando y los más serios transgresores que efectuaron los disparos, estaban buscando en realidad crear dificultades a su propio gobierno, saboteando tal vez su intento de llegar a un acuerdo en la prolongada disputa sobre las islas. La acción de los saboteadores fue, en consecuencia, muy censurada no sólo por el gobierno sino también por el periodismo responsable. Sin embargo, […] tanto la prensa como el gobierno, enfatizaron de todas maneras el hecho de que todos los argentinos estaban de acuerdo en sostener que las islas eran legalmente suyas, que el reclamo británico sobre ellas no tenía valor alguno y que la ocupación británica de las islas es, en consecuencia, una usurpación ilegítima”.

Especializado en la civilización griega, el despiste de Toynbee sobre temas americanos es tan imponente como el Partenón. ¿Cuál era en ese momento el “reclamo británico” sobre las Malvinas? ¿Qué usurpación no es ilegítima? En lo único que acierta es en la censura, por parte de lo que él denomina “periodismo responsable”, a la operación patriótica. Más de cuatro décadas después, ese tipo de periodismo continúa ignorando la Operación Cóndor.

Pero las reflexiones de Toynbee van mucho más allá de este episodio. Al final de Entre el Maule y el Amazonas, en el capítulo titulado “¿Hacia la integración latinoamericana?”, el historiador perpetra una sorprendente recomendación:

“En algunos países latinoamericanos, los libertadores nacionales del siglo XIX son ahora venerados como héroes; se los reverencia como verdaderos dioses. El nacionalismo, en verdad, se ha convertido en una religión más potente que el cristianismo.

“Cuando se visitan los templos del nacionalismo, se ven procesiones de niños de escuela guiados por sus maestros para ser adoctrinados. Si este adoctrinamiento no se contrarresta con la inculcación de una lealtad algo menos estrecha, estos niños crecerán como nacionalistas incorregibles. Se resistirán al llamado para la integración regional, para no hablar del llamado a la unidad en una escala mundial.

“Si yo fuera un integracionista latinoamericano, mi primer paso sería arrojar todas las estatuas de San Martín al Atlántico, todas las estatuas de O’Higgins al Pacífico y todas las de Bolívar al Caribe, y prohibiría que las reemplazaran, bajo pena de muerte”.

En los actuales tiempos de consolidación del Mercado Común del Sur y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la letal recomendación toynbeeniana suena como una involuntaria muestra de humor al estilo de Groucho Marx, Woody Allen o George W. Bush.

UNA LAPTOP INTERMINABLE, INDESTRUCTIBLE… Y BASTANTE INVEROSÍMIL

13 mayo 2008

Roberto Bardini

La increíble PC del comandante Raúl Reyes, número dos de las FARC asesinado el 1 de marzo pasado en Ecuador por tropas colombianas, resultó ser una voluminosa caja de caudales binarios, repleta de correspondencia, documentos comprometedores, planes desestabilizadores y financiamientos secretos que, en manos de expertos en inteligencia contrainsurgente, parecen multiplicarse como los cinco panes y dos peces bíblicos con los que Jesús alimentó a cinco mil seguidores a orillas del Mar de Galilea.

El pequeño computador bolivariano es, como se sabe, una súper máquina blindada a prueba de ataques aéreos, ya que resistió exitosamente las diez bombas GBU 12 Paveway II guiadas por laser o GPS y más de 200 kilos cada una con que la Fuerza Aérea de Colombia arrasó el precario campamento guerrillero en pocos minutos.

Estos proyectiles, diseñados por las compañías Raytheon y Lockheed Martin para destruir edificios, hangares, pistas aéreas, puentes, embarcaciones artilladas y rampas de lanzamiento de misiles, pueden atravesar casi dos metros de hormigón armado. Observadores del ejército ecuatoriano comprobaron que en el reducto de las FARC los explosivos dejaron cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 metros de profundidad… pero la locuaz laptop salió ilesa.

Aunque la inteligencia militar colombiana continúa extrayendo un documento tras otro en esa especie Caja de Pandora portátil e invulnerable, queda la sensación de que cada hallazgo es más de lo mismo, con la obvia finalidad de comprometer al presidente Hugo Chávez en el financiamiento a la cincuentenaria organización insurgente y al gobierno de Rafael Correa como un cómplice que aporta territorio.

El mandatario venezolano, en honor a la verdad, está más interesado en liderar la integración económica de América del Sur que en una poco conveniente guerra con el país vecino, que seguramente serviría de excusa para la intervención militar de Estados Unidos. “Presidente Uribe, piense muy bien hasta dónde es capaz de llegar, le hago un llamado a la reflexión públicamente”, exhortó Chávez en su programa dominical Aló Presidente.

A mediados de abril pasado, un grupo de 21 expertos estadounidenses en asuntos internacionales –entre los que se encuentran académicos de las universidades de Harvard, Washington y Nueva York y del Consejo de Asuntos Hemisféricos– advirtió en una carta abierta que el informe que dará a conocer la Interpol sobre el contenido de la computadora de Reyes se basa en “exageraciones sustanciales con propósitos políticos”.

“Incluso si llegara a corroborarse que los computadores personales en efecto pertenecían a miembros de las FARC, no existe evidencia que indique que los documentos disponibles para el público pudieran servir de base para ninguna de las afirmaciones extremistas hechas por el gobierno colombiano en cuanto a que Ecuador y Venezuela tuvieran algún tipo de relación financiera con los rebeldes”, sostiene la carta divulgada en Washington. “De hecho, análisis independientes de los documentos indican que el gobierno colombiano ha exagerado de manera sustancial el contenido de estos documentos, quizás con fines políticos. Cualquier cobertura mediática de los hallazgos de la Interpol deberá dejar en claro que muchas de las acusaciones colombianas ya han sido ampliamente desacreditadas”.

Firman la declaración Charles Bergquist (University of Washington, Seattle), Larry Birns (Council on Hemispheric Affairs), Amy Chazkel (Queens College, City University of New York), Avi Chomsky (Salem State College), Luis Duno Gottberg (Florida Atlantic University), James Early (TransAfrica Forum Board of Directors and Institute for Policy Studies Board), Samuel Farber (Brooklyn College, City University of New York), Sujatha Fernandes (Queens College, City University of New York), Lesley Gill (American University), Greg Grandin (New York University), Daniel Hellinger (Webster University), Forrest Hylton (New York University), Diane Nelson (Duke University), Jocelyn Olcott (Duke University), Diana Paton (University of Newcastle, Reino Unido), Fred Rosen (North American Congress on Latin America), T. M Scruggs (University of Iowa), Sinclair Thomson (New York University), Miguel Tinker Salas (Pomona College), Mark Weisbrot (Center for Economic and Policy Research) y John Womack (Harvard University).

Desde luego que para el gobierno de Uribe y la administración de George W. Bush las firmas de esta constelación académica tienen el mismo peso que la rúbrica del cacique Toro Sentado o un autógrafo de Chespirito.

Por la mismas fechas, el Pentágono anunció que el 1 de julio restablecerá su Cuarta Flota naval –creada en 1943 con la misión enfrentar submarinos alemanes y disuelta en 1950– para navegar por aguas latinoamericanas y combatir el terrorismo “junto a sus socios comerciales”, con Colombia a la cabeza. Se trata de diez buques, un portaviones y un submarino nuclear que dependen del Comando Sur con sede en Miami. La formación marítima seguramente tiene la capacidad de presentar combate en condiciones de igualdad a toda una red de laptops narcoterroristas.

SELSER, PERÓN, EL CORONEL JULES DUBOIS Y LA SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA

31 marzo 2008

Roberto Bardini

El cementerio nacional de Arlington ocupa 250 hectáreas con más de 300 mil lápidas de mármol blanco sobre césped bien cortado cerca del Río Potomac y del edificio del Pentágono. Ahí están enterrados soldados que murieron en todas las guerras en la que participó Estados Unidos, desde la independencia de la Corona Británica y la Guerra de Secesión hasta las ocupaciones de Afganistán e Irak, pasando por Corea y Vietnam.

julesdubois.jpgTambién yacen en Arlington los restos algunos presidentes norteamericanos y de ciertos personajes que prestaron servicios distinguidos al país, como el coronel de inteligencia militar Jules Dubois, fallecido el 16 de agosto de 1966, a la edad de 56 años, en un hotel de Bogotá.

Casi desconocido por las nuevas generaciones de periodistas, Dubois fue retratado por el pintor mexicano Diego Rivera en el mural Gloriosa Victoria. La obra, que se conoció en México recién en 2007, fue donada por el artista a los trabajadores rusos y permaneció durante 50 años en una bodega del Museo Pushkin, de Moscú.

mural.jpgLa pieza es una condena al golpe militar promovido en Guatemala por la CIA y la empresa bananera United Fruit en junio de 1954. En ella aparecen dibujados, además de Dubois, el presidente Dwight Eisenhower (como si fuera una bomba), el dictador guatemalteco Carlos Castillo Armas, el embajador norteamericano John Emil Peurifoy y el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano mayor de Allen Welsh Dulles, ex presidente de la United Fruit y primer director civil de la CIA en 1953.

Fue precisamente John Foster Dulles, ex asesor legal de la compañía bananera y abogado de Prescott Bush abuelo del presidente George W. Bush quien calificó al derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz y la imposición de Castillo Armas como “una gloriosa victoria”. De ahí el título elegido por Diego Rivera para su mural. Tras el golpe, 12 mil personas fueron arrestadas, se disolvieron más de 500 sindicatos y dos mil dirigentes gremiales abandonaron el país.

En Miami también hay un edificio que lleva el nombre de Jules Dubois. Está ubicado en el número 1801 South West de la Tercera Avenida y alberga las instalaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), fundada en La Habana en 1943, durante la dictadura del ex sargento convertido en general Fulgencio Batista.

¿A qué se debe el honor? Luego de ser instructor militar en Fort Leavenworth (Kansas), el coronel se metamorfoseó como reportero del Chicago Tribune y “refundó” a la organización en 1950 en Nueva York. Desde entonces la SIP dejó de ser un ámbito más o menos plural y se transformó en lo que es hasta hoy: un cartel de empresarios, dueños de periódicos, revistas, canales de televisión y emisoras de radio, muchos de los cuales dejaron de ser periodistas hace muchos años para convertirse en hombres de negocios.

El periodista e historiador argentino Gregorio Selser se ocupó durante años de este organismo empresarial. El 1 de diciembre de 1974 publicó en la revista Dinamis, de Buenos Aires, algo que parece redactado ayer: “La SIP tendió a inmiscuirse cada vez más prepotente y altaneramente en los asuntos internos de los países del continente, como si la OEA o algún otro organismo supranacional hubiera delegado en ella la visión de velar los postulados de la libertad de prensa. […] Obtenía de ese modo plusvalía al equivoco generalizado de que obraba en nombre de los periodistas del continente, cuando sólo era la expresión de los dueños de la prensa que en no pocos casos apenas si saben leer y escribir”.

El tres veces presidente argentino Juan Perón también se refirió, 51 años atrás, a las “grandes cadenas de diarios, revistas y órganos publicitarios diversos, que responden a la tendencia occidental, dirigidos, manejados y financiados desde la Sociedad Interamericana de Prensa”:

“Los órganos independientes, que en pequeño número funcionan en algunos países, deben vivir muy aleatoriamente, desde que las grandes cadenas les hacen una guerra ruinosa de avisadores, hasta conseguir su ruina económica. El sistema es fácil, mediante los grandes órganos que realizan el boicot a las empresas comerciales y particulares, que avisan en los diarios de la «lista negra». Así se va consiguiendo una unanimidad para que todos los «órganos de opinión» respondan a la «voz del amo». A esto se le llama ahora «libertad de prensa».

“Si algún mandatario, en uso de su derecho que no se le niega a estos empresarios de la falsedad, se decide a tener sus propios órganos de opinión o tomar medidas en defensa de los intereses nacionales limitando la licencia y la procacidad de los «órganos encadenados», mediante una censura apropiada, entonces todas las agencias de noticias también encadenadas, comienzan a cursar despachos con «noticias» en los que se tendrá buen cuidado de decir que se trata de un «dictador» y que el régimen es «totalitario» o «antidemocrático» y a renglón seguido se comienza a hablar de una revolucion, mientras viaja el inefable Jules Dubois para anunciarla”.

Esto fue escrito por Perón en Los vendepatria, publicado en el exilio en 1957, y también parece redactado ayer.

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EL EXTRAÑO CASO DE LA LAPTOP BLINDADA

6 marzo 2008

Roberto Bardini

laptop.jpgLa exhuberante correspondencia que el portavoz internacional de las FARC, comandante Raúl Reyes, almacenaba en su laptop un artefacto aparentemente blindado a prueba de bombardeos aéreos y que fue divulgada a los cuatro vientos por el gobierno colombiano, descorre el velo de sorprendentes operaciones encubiertas que parecen imaginadas por el novelista británico John Le Carré, maestro de la literatura de espionaje.

Con el telón de fondo de las negociaciones para lograr la libertad gradual de 43 rehenes en poder de la guerrilla desde hace seis años, en la supuesta documentación secuestrada por la inteligencia militar colombiana aparecen mercenarios libaneses que proponen a las FARC canjear misiles por droga, infiltrados de la CIA y la DEA en el gobierno de Ecuador, un misterioso agente de los servicios secretos franceses y la adquisición de uranio para fabricar bombas nucleares en plena jungla.

Según la correspondencia en poder de Reyes, los traficantes libaneses ofrecen una cantidad indeterminada de misiles valuados en 35 mil dólares cada uno e instructores para entrenar a los insurgentes a cambio de 5 mil kilos de cocaína que el cartel de Cali entregaría en México al cartel de Tijuana para transportarlos a Europa en barco y avión.

En los mensajes recibidos por el ex número dos de las FARC se menciona a “un ministro de apellido Bustamante que es de la CIA”, a su “segundo o sucesor de apellido Roldán, que es de la DEA” y a un representante del presidente Nicolás Sarkozy, llamado Noé, que es “de la inteligencia francesa”.

El ministro de Gobierno de Ecuador es Fernando Bustamante, un sociólogo graduado en Chile, con una maestría en Administración Pública de Harvard y un doctorado en Política del Massachussets Institute of Technology (MIT). El subsecretario general de ese ministerio es Juan Sebastián Roldán, de sólo 29 años, master en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca (España). Ambos parecen tener perfiles de académicos, no de espías.

naranjo.jpgEl jefe de la policía colombiana, general Óscar Naranjo, aportó algunos increíbles párrafos a este relato de intriga internacional cuando el lunes pasado afirmó que en la laptop de Reyes también había datos que comprometían a las FARC en la compra de 50 kilos de uranio para fabricar bombas radioactivas.

Naranjo no explicó en qué clase de choza selvática o tienda de campaña móvil se instalaría un laboratorio atómico para armar los artefactos, lo cual elevaría a los aislados rebeldes colombianos a la misma categoría que los ingenieros nucleares israelíes o iraníes.

El vicepresidente colombiano, Francisco Santos Calderón, agregó su grano de arena o gramo de uranio al día siguiente, cuando en la Conferencia de Desarme de la ONU, efectuada en Ginebra, sostuvo sin pestañear que las FARC “estarían negociando material radiactivo con el fin de fabricar armas sucias de destrucción y terrorismo”.

El insólito caso de la documentación rescatada de una laptop a prueba de ataques aéreos recuerda a la Operación Demavend, nombre clave de una serie de maniobras internacionales encubiertas en los años 80 en las que Estados Unidos, Israel e Irán negociaron en secreto el intercambio de rehenes por armas y que se conoció como escándalo Irán-contras o Teherángate.

El 3 de noviembre de 1986, el periódico libanés Al Shiraa reveló que Washington había vendido clandestinamente a Teherán con la intermediación de Tel Aviv repuestos para aviones, misiles TOW antitanque y equipo electrónico a cambio de la liberación de seis estadounidenses secuestrados en Líbano por el grupo musulmán chií Partido de Dios.

Durante 18 meses, agentes del Consejo Nacional de Seguridad dirigidos por el teniente coronel de marines Oliver North mantuvieron negociaciones secretas con políticos iraníes para que intercedieran ante los fundamentalistas islámicos y lograran la liberación de los rehenes, entre los que se encontraba el jefe de la estación de la CIA en Beirut, William Buckley, capturado en marzo de 1984 y posteriormente asesinado.

La Operación Demavend (nombre de la montaña más alta de Irán) consistió en seis embarques estadounidenses destinados a Irán entre agosto de 1985 y octubre de 1986. El dinero iraní se depositaba en el banco Credit Suisse, de Ginebra, el tercero en importancia en Suiza. De allí lo retiraban los “contras” nicaragüenses instalados en el sur de Honduras y compraban cocaína colombiana. Después, con el respaldo de la CIA y la DEA, enviaban la droga a Estados Unidos a cambio de armamento que utilizaban contra el gobierno sandinista.

El escándalo Irán-contras ocupó a las primeras planas en todo el mundo porque el entonces presidente republicano Ronald Reagan había autorizado la operación a espaldas del Congreso, los políticos, la prensa y los contribuyentes. “Es la más desagradable sorpresa de política exterior de los últimos 25 años”, sostuvo The New York Times el 14 de noviembre de 1986.

En aquellos años, la guerra no declarada de Estados Unidos contra Nicaragua desde territorio hondureño dejó 50 mil muertos y pérdidas materiales por 18 mil millones de dólares. Honduras, entonces con apenas cuatro millones de habitantes, tenía la mayor cantidad de campamentos militares y bases aéreas de toda América Latina. En febrero de 1984, el senador demócrata James Sasser, de Tennesee, dijo que era “el país con más pistas de aterrizaje per cápita del mundo”.

El presidente venezolano Hugo Chávez definió a Colombia como “el Israel de América Latina”, idea que fue retomada por varios analistas de prensa. Sin embargo, el vecino de Venezuela y principal aliado de Estados Unidos en el continente, cumple hoy en América del Sur la misma función que antes desempeñaba Honduras en América Central.

Ubicada estratégicamente como una cuña entre Ecuador, el norte de la Amazonia y Venezuela, Colombia tiene el segundo ejército más grande de América Latina después de Brasil. Las Fuerzas Armadas cuentan con cerca de 300 mil efectivos y la policía sobrepasa los 400 mil.

Colombia dispone de un presupuesto para defensa y seguridad nacional de nueve mil millones de dólares y es el tercer receptor mundial de ayuda militar estadounidense luego de Israel y Egipto. Además, desde 2000 recibe entre 400 y 600 millones de dólares anuales como parte del Plan Colombia diseñado por Estados Unidos hasta 2013.

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EL “FORREST GUMP DE LA PAZ”

20 noviembre 2007

Roberto Bardini

gustavomoncayo.jpgEl personaje central de la película Forrest Gump, novela de 1985 llevada al cine en 1994, que ganó seis Oscar y dio casi 700 millones de dólares de ganancias en todo el mundo, nació en el “sur profundo” de Estados Unidos y tiene un cociente intelectual de 75. No es el caso de Gustavo Moncayo, un humilde profesor de ciencias sociales en Sandoná, un pueblito del departamento de Nariño, al extremo sur de Colombia y cerca de la frontera con Ecuador, conocido como “el caminante de la paz” y “el Forrest Gump colombiano”.

pablo_emilio.jpgMoncayo, de 53 años y padre de un joven suboficial retenido desde el 21 de diciembre de 1996 por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se hizo famoso mundialmente por su caminata desde Sandoná hasta Bogotá en reclamo por la libertad de su hijo. El cabo Pablo Emilio Moncayo, considerado el rehén más antiguo del mundo, tenía entonces 19 años y una década después poco se sabe de él.

sandona.jpgCon dos mudas de ropa y un recipiente con agua, el 17 de junio de este año Moncayo salió caminando de su pueblo y arribó a la capital el 1 de agosto. En esos 47 días atravesó siete departamentos y recorrió 1.208 kilómetros hasta llegar a la Plaza de Bolívar, tras un millón y medio de pasos en la carretera Panamericana.

En el trayecto juntó alrededor de dos millones de firmas a favor del intercambio de prisioneros entre el ejército y las FARC. Durante la marcha la gente lo alentó a gritos, lo acompañó durante largos tramos y se fotografió con él. Le entregaron alimentos, bebidas, flores y cartas.

En Bogotá, Moncayo estuvo activo. Se entrevistó con el presidente Álvaro Uribe, a quien hizo esperar una hora porque antes quería asistir a misa. Después, acompañado familiares de los rehenes, se reunió con los embajadores de Holanda, Italia, Francia y Alemania, y con representantes de la Comunidad Europea. Luego viajó a Europa, donde visitó las principales capitales para explicar el drama de los prisioneros y estuvo en el Vaticano con el papa Benedicto XVI.

Ahora, el humilde profesor de secundaria –que también enseñaba a tocar guitarra, flauta y quena a los niños de su pueblo– caminará los más de 1.400 kilómetros que van desde Bogotá hasta Caracas para reclamar a los guerrilleros y al gobierno colombiano que cedan en sus condiciones para negociar un trueque de rehenes y prisioneros.

Los rebeldes tienen en su poder a 45 soldados, policías, políticos y tres agentes antidroga de Estados Unidos que quieren canjear por 500 guerrilleros que están en prisión. Piden que el gobierno desmilitarice un territorio de 800 kilómetros cuadrados en el departamento del Valle del Cauca, al suroeste del país, para realizar allí la negociación pero el presidente Álvaro Uribe ha dicho que no desmilitarizará “ni un milímetro de la patria”. En septiembre pasado, el presidente venezolano Hugo Chávez se ofreció como mediador entre su colega colombiano y las FARC, y afirmó que estaba dispuesto a “ir al infierno” para lograr el intercambio humanitario.

La esposa de Moncayo, María Stella Cabrera, profesora de filosofía y castellano, demuestra que luego de 30 años de matrimonio mantiene el sentido del humor. Cuenta que cuando recién se casaron, su marido –que entonces era aprendiz de radiotécnico– se ganaba la vida vendiendo televisores a pie, puerta a puerta. “Por eso camina tanto”, dice.

En las paredes de Bogotá, mientras tanto, ya apareció un graffiti: “No le crea a nadie, salga a caminar”.

VENEZUELA: “LOCOS PELIGROSOS”

16 agosto 2007

Roberto Bardini

La historia no se repite como calco o fotocopia, pero en ciertos momentos hay hechos, personajes y frases del pasado que se reiteran en el presente, en las mismas latitudes y parecidas circunstancias.

bolivar.jpgLeamos a un político y militar venezolano, admirado y odiado por partes iguales en Iberoamérica, al presentar en el Congreso la nueva Carta Magna con estas palabras: “El presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución, como el sol que, firme en su centro, da vida al Universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se necesita más que en otros, un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos: los hombres y las cosas. Dadme un punto fijo, decía un antiguo, y moveré el mundo”.

Es el 25 de mayo de 1826, cuando Simón Bolívar lee su proyecto de Constitución para la recién creada Bolivia. Con ese nombre ha sido bautizada en honor al Libertador nueve meses antes –con inevitable remembranza de parto– por el mariscal venezolano José Antonio de Sucre (1795-1830), primer mandatario de la nueva república andina.

En ese momento, el Libertador recomienda la figura de un “presidente vitalicio”. Y al referirse a los controles legislativos al nuevo jefe de estado explica: “Se le ha cortado la cabeza para que nadie tema sus intenciones, y se le han ligado las manos para que a nadie dañe”. Bolívar, republicano y partidario de un presidencialismo fuerte, aspiraba a un ordenamiento constitucional acorde al gran cambio que requería la América hispana después de 15 años de guerras externas y desencuentros internos.

Ese mismo 25 de mayo de 1826, Bolívar recibe un obsequio llegado desde el otro extremo del continente: la familia de George Washington, fallecido 27 años antes, le envía un medallón con el retrato del héroe de la independencia de Estados Unidos y primer presidente de la nación, junto con un mechón de su cabello que actualmente se exhibe en el Museo Bolivariano de Caracas. “Hoy he tocado con mis manos este inestimable presente: la imagen del primer bienhechor del continente de Colón, ofrecido por esa familia inmortal”, dice Bolívar.

Aquel lejano intercambio de elogios, visto con ojos actuales, es sorprendente. El encargado de negocios estadounidense en Bogotá, Beaufort T. Watts, escribe en marzo de 1827 al Departamento de Estado que Bolívar tiene “una fuerza intrínseca moral” que inspira confianza a pesar de “todas las calumnias” en su contra.

hugochavez.jpgLos hombres y sus circunstancias no son muy diferentes 181 años después. “Me van a decir loco por todos lados”, declara el presidente Hugo Chávez a un canal de televisión el martes 14 de agosto, 24 horas antes de presentar al Parlamento su proyecto de reforma de la Constitución de 1999, que incluye la reelección presidencial continua. Con certeza, él no recibirá ninguna efigie de Washington por su propuesta, aunque a varios en la capital de Estados Unidos les gustaría tener en la mano unos cuantos mechones de sus cabellos.

Ellos quizá tienen más en común con el cónsul norteamericano en Lima de 1824 a 1827, William Tudor, un bostoniano que antes de ocupar puestos diplomáticos había sido fundador en 1815 de la North American Review, la primera revista literaria de Estados Unidos. Tudor calificó a Bolívar como “el peligroso loco de Colombia”, culpable del “engrandecimiento excesivo de la América liberada de España” y que sería recordado como “uno de los más rastreros usurpadores militares”.

El cónsul, graduado en Derecho por la Universidad de Harvard, remarcaba que “Inglaterra y Estados Unidos tienen razones de Estado comunes y poderosas” para oponerse al surgimiento de una América del Sur unida desde Caracas hasta Buenos Aires. Como ciertas partituras clásicas, las recomendaciones de Tudor suenan a música que conserva vigencia.

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CABEZA PARA PREVER O ESPALDAS PARA AGUANTAR

23 junio 2007

Roberto Bardini

roberto_bardini.jpgCuando lean, escuchen o vean en las noticias que alguien ha declarado una “guerra sin cuartel” al tráfico de drogas, encójanse de hombros como si no sucediera nada y sigan haciendo lo que estaban haciendo. Desde hace más de dos décadas es más de lo mismo, puro bla bla.

En mayo de 1951, el general Omar Bradley, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Estados Unidos, declaró ante el Senado que la guerra de Corea comprometería a su país en “un conflicto desacertado, en un lugar inapropiado y en un momento inoportuno”. En la contienda de Corea (1951-1953) conocida como la “guerra olvidada” o la “primera guerra de la guerra fría”, los norteamericanos perdieron 44 mil soldados, un poco menos que en la ocupación de Vietnam pero en un tiempo mucho más breve.

El tres veces presidente argentino Juan Perón, un experto en estrategia y geopolítica, el 24 de mayo de 1951 comentó en el diario Democracia y bajo el seudónimo Descartes, las declaraciones del general Bradley con una frase que aún hoy utilizan muchos instructores en algunos institutos de inteligencia militar: “El que no tiene buena cabeza para prever, ha de tener buenas espaldas para aguantar”.

No hay que complicarse mucho. Prever es estudiar con anticipación lo que puede ocurrir, barajar hipótesis o posibilidades, intentar adelantarse a los hechos. Aguantar es hacerse cargo de las consecuencias no previstas.

El aforismo de Perón, expresado hace 56 años, cobra vigencia en la actual guerra contra el narcotráfico, en la que se atacan militarmente los efectos sin ir socialmente a las causas.

Esto lo advirtió casi dos décadas atrás el sociólogo argentino Marcos Kaplan (1926-2004), del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Ciencias Penales de la Procuraduría General de la República (PGR), uno de los primeros en percibir los peligros de lo que él denomina “una narcosociedad, una narcocultura, una narcopolítica y la aspiración a un narco Estado”.

En su libro Aspectos sociopolíticos del narcotráfico (editado en 1989 por el Instituto Nacional de Ciencias Penales de la PGR), Kaplan llama la atención acerca de que, más allá de pistoleros y sicarios, muchas personas se benefician económicamente del tráfico de estupefacientes. En primer lugar, campesinos que cultivan, refinadores en laboratorios, transportistas, distribuidores, revendedores mayoristas y minoristas. La acción punitiva se dirige casi únicamente contra ellos.

Pero hay un segundo peldaño de complicidad, según Kaplan: contadores, empleados administrativos, blanqueadores de dinero, abogados defensores, asesores legales y económicos. Este sector generalmente resulta poco afectado. El jurista incluye otras categorías al servicio de los capos de la droga: intelectuales, periodistas y profesionales en relaciones públicas. Y también menciona a “políticos, gobernantes, funcionarios, jueces, policías y militares, que se involucran en actividades al servicio del narcotráfico y se benefician de ellas”. Pero para ellos, lamentablemente, no hay allanamientos espectaculares con presencia de la prensa ni se han inventado aún los retenes en las carreteras.

Para Estados Unidos la raíz del mal está en la “oferta” de los países productores de drogas. Para los países productores, está en la “demanda” de los consumidores de Estados Unidos, el país con más adictos a los estupefacientes del mundo.

Y mientras se continué en ese crónico círculo vicioso, la tan publicitada “guerra contra el narcotráfico” más que “un conflicto desacertado, en un lugar inapropiado y en un momento inoportuno” continuará siendo una inútil payasada que no afecta en nada a un multimillonario negocio que aumenta día a día.

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CHÁVEZ ES CHÁVEZ

7 junio 2007

Red de Información Alternativa Simón Bolívar
Caracas, 8 de enero de 2003

Para los que dicen que este gobierno es un régimen totalitario…

Para los que dicen que aquí no hay democracia y vivimos en “dictadura”… Para los que dicen que aquí no hay libertad de expresión… Para los que dicen que aquí se violan todos los derechos humanos… Para los que dicen que este es un gobierno que no le importa el pueblo…

Para todos ustedes… Menos mal que Chávez, es Chávez. Porque…

Si Hugo Chávez fuese Rómulo Betancourt…

… Hubiese suspendido las garantías constitucionales por lo menos durante tres años, perseguido a periodistas y censurado a la prensa, como se hizo al diario Tribuna Popular y el semanario Izquierda. Hubiese aplicado la orden “Disparen primero y averigüen después”, allanado liceos y universidades y botado a más de 900 maestros sin razón alguna.

Hubiese detenido, sin fórmulas de juicio, a las personas incursas en delitos contra las instituciones. Hubiese allanado las sedes e inhabilitado a partidos políticos de oposición, como se hizo con el PCV y el MIR. Hubiese mandado a detener a líderes políticos, como se hizo con Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff. Hubiese utilizado la Fuerza Aérea y el Ejército para bombardean y rodear a los golpistas de Altamira dejando un saldo de unos 400 muertos y 700 heridos, como en el “Porteñazo”. Hubiese detenido a directores de prensa por delito de difamación e injuria, como se hizo con Miguel Ángel Capriles. Hubiese torturado, perseguido, encarcelado y asesinado a centenares de venezolanos por orden suya. Hubiese dicho: “Adeco es Adeco hasta que se muere”…

Si Hugo Chávez fuese Raúl Leoni…

… Hubiese detenido y asesinado a periodistas que se le opongan, como se hizo con el periodista Fabricio Ojeda. Hubiese allanado la UCV y encarcelado a estudiantes, suspendido las garantías constitucionales y desatado la persecución, tortura y encarcelamiento de centenares de venezolanos. Hubiese implantado la desaparición de detenidos con aparatos represivos, como se hizo con la Digepol, la Sifa y los Teatros de Operaciones, convertidos en centros de tortura y muerte. Hubiese allanado las instalaciones de la prensa escrita y detenido a sus directores, como se hizo con el diario Últimas Noticias del editor Miguel Ángel Capriles. Hubiese producido más de 300 heridos en disturbios en el país, por un paro de trabajadores y declarado en el Zulia un estado de sitio. Hubiesen asesinado a 16 indígenas en el Arauca sin que se sepa por qué…

Si Hugo Chávez fuese Rafael Caldera…

Hubiese allanado y cerrado universidades, como la UCV, durante un año, y militarizado todas las universidades del país. allanado residencias estudiantiles y asesinado a estudiantes que protestaban por la militarización. Hubiese perseguido, torturado, asesinado y desaparecido a centenares de estudiantes, obreros y campesinos.

Hubiese sido dictado en un tribunal militar una orden de auto de detención a algún editor de prensa, como se hizo, nuevamente, al editor Miguel Ángel Capriles, despojándolo de su inmunidad parlamentaria y teniéndose que asilar en la embajada de Nicaragua. Hubiese creado el Corpomercadeo Agrícola para “supuestamente” ayudar a los campesinos. Hubiese ganado las elecciones con el 29 por ciento de los votos y prometido cien mil casitas por año. Hubiese encarcelado a los astrólogos que predicen su muerte, como se hizo con el astrólogo José Bernardo Gómez…

Si Hugo Chávez fuese Carlos Andrés Pérez…

… Hubiese perseguido, torturado y asesinado a periodistas, como se hizo con Doris Francia, Maria Verónica Tessari y Mariela Arévalo. Hubiese allanado emisoras de radios y periódicos del país. Hubiese aplicado un “Paquete Económico” totalmente neoliberal. Hubiese sacado el ejército un 27 y 28 de febrero para masacrar al pueblo en sus manifestaciones y producir más de 3000 muertos y miles de heridos y desaparecidos.

Hubiese suspendido las garantías constitucionales y aplicado el toque de queda. Hubiese reprimido todas las manifestaciones estudiantiles con bombas lacrimógenas, perdigones y balas y allanado las universidades con la Guardia Nacional, produciendo varios estudiantes muertos y muchos detenidos. Hubiese asesinado a más de cien presos en El Retén, por medio de la Guardia Nacional. Hubiese recibido ingresos extraordinarios debido a la gran bonanza petrolera de unos 200 mil millones de bolívares y gastado mas de 300 mil millones de bolívares, no se sabe en qué, dejando una enorme deuda externa y un déficit presupuestario.

Hubiese comprado a un sobreprecio de siete millones de dólares un buque refrigerante llamado “Sierra Nevada”, para “regalárselo” a Bolivia, que no tiene costas marítimas. Hubiese pedido un préstamo al Banco Mundial de 45 millones de dólares, para consolidar los barrios del país, pero quien sabe de qué país. Hubiese recibido denuncias del Contralor del Estado, sobre irregularidades en 21 instituciones públicas, por compra de fragatas misilísticas y dos submarinos, teniendo este que renunciar a su cargo y pedir protección policial por amenazas. Hubiese un informe de la CIA, donde lo involucrase en haber recibido “dinero sucio”. Hubiese privatizado empresas de servicio público importantes, como se hizo con CANTV o VIASA. Hubiese ocurrido un “error de cálculo” en el presupuesto, ocasionando pérdidas de seis mil millones de bolívares en las Industrias Básicas del País… Hubiese sofocado el golpe de estado sangrientamente y encarcelado a los militares involucrados, sometiéndolos a un juicio marcial. Hubiese sido enjuiciado por malversación de 250 millones de bolívares de la partida secreta del MRI y suspendido del cargo de Presidente de la República…

Si Hugo Chávez fuese Luis Herrera Campins…

… Hubiese sido dictado un auto de detención a algún militar, por delito de insubordinación y por revelar asuntos militares, como se hizo con el teniente coronel Luis Alfonso Godoy. Hubiesen sido asesinadas 24 personas entre guerrilleros y militares en Cantaura, de manera extraña. Hubiese crecido la deuda pública en 150 mil millones de bolívares por el desorden crónico de la administración pública. Hubiesen sido intervenidos, por irregularidades, el BTV, el BND y el Banfocove (si existieran), afectando a cientos de miles de ahorristas. Hubiese producido un “Viernes Negro” con un rígido control de cambio, produciendo el cierre de fabricas, empresas y negocios. Hubiese irregularidades en Aeropostal por la compra de aviones por parte del Ministerio de Transporte y Comunicaciones, y su ministro se llamaría Vinicio Carrera. Hubiese creado un RECADI para manejar divisas, pero con irregularidades por 180 millones de dólares, que nadie sabe qué se hicieron, y hubiese culpado de eso a un “chinito”…

Si Hugo Chávez fuese Jaime Lusinchi…

… Hubiesen realizado una masacre en Yumare y otra en El Amparo, asesinando a 23 venezolanos. Hubiese allanado emisora de radios y detenido a periodistas. Hubiese dicho a los periodistas: “A mì no me jodes tú”. Hubiese tenido una secretaria privada, tal vez de nombre Blanca Ibáñez, que hiciera lo que le diera la gana y gobernara el país a su antojo. Hubiese comprado 60 jeeps con fondos de la Partida Secreta del MRI, para el servicio de su partido y de la campaña electoral. Hubiese dicho: “La banca me engañó”…

Hubiese devaluado el dólar de un solo golpe en un 100 por ciento, pasándolo de 7.50 bolívares a 14.50. Hubiese sido dictado un auto de detención a su secretaria privada, por peculado doloso y por uso ilícito de titulo falso de bachiller. Hubiese sido cuestionado por Amnistía Internacional, por violaciones de los derechos humanos y la libertad de expresión.

Si Hugo Chávez fuese uno de ellos… tendríamos la “democracia” de los últimos 40 años de la Cuarta República.

Para ustedes, los que dicen que quieren una verdadera democracia… Menos mal que Chávez es Chávez.

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BANANAS, ABOGADOS Y AMETRALLADORAS

20 mayo 2007

banana1.jpgCreada en 1899, la compañía bananera United Fruit se estableció en pocos años en alrededor de una decena de países del continente. Los pioneros del imperio del plátano no fueron economistas, ni contadores, ni administradores de empresa, ni –mucho menos– filántropos. Eran especuladores, aventureros y buscavidas dispuestos a enriquecerse por cualquier medio. 

Roberto Bardini

En 1916, un diplomático estadounidense acreditado en Honduras calificó a una empresa, que luego se unió a la United Fruit, como “un estado dentro del estado”. Y aunque cambió varias veces de nombre, siempre fue un poder detrás del trono. Sobornó a políticos, financió invasiones, promovió golpes de estado, quitó y colocó presidentes, acabó a balazos con huelgas y respaldó a escuadrones de la muerte.

 

En 1970, la United Fruit se fusionó con otra firma y pasó a llamarse United Brands. En 1990 volvió a cambiar de nombre: ahora es Chiquita Brands. Con 15 mil hectáreas en América Latina y cerca de 14 mil trabajadores, sigue siendo un gigante del negocio.

 

“El rey sin corona de Centroamérica”

 

1.jpgAntes de 1870 los estadounidenses nunca habían visto un plátano. Pero ese año el ingeniero ferroviario Minor Cooper Keith, nacido en Brooklyn y de sólo 23 años, exporta desde Costa Rica las primeras bananas al puerto de Nueva Orleáns. Tres décadas después, Estados Unidos consume aproximadamente 16 millones de racimos al año.

 

Minor C. Keith, nacido en 1848, el año en que Karl Marx publicó El manifiesto comunista, no se detiene ante las dificultades de la época. Para el tendido de las vías que van de Puerto Limón a San José, ha reclutado un primer cargamento de 700 ladrones y criminales de las cárceles de Louisiana; sólo sobreviven 25 a las duras condiciones de junglas y pantanos. El hombre de negocios no se amilana y lleva a dos mil italianos. Al ver las condiciones de trabajo, casi todos prefieren escapar a la selva. El empresario atrae entonces a chinos y negros, al parecer más resistentes a las enfermedades tropicales. En la instalación de los primeros 40 kilómetros de rieles mueren cinco mil trabajadores.

 

El emprendedor Keith se casa con la hija del ex presidente José María Castro Madriz, primer mandatario de la república. Hace relaciones entre la provinciana alta sociedad costarricense, soborna políticos, compra autoridades y obtiene la concesión del flamante ferrocarril por 99 años. Ahora sí puede dedicarse de lleno al negocio del plátano.

 

En 1899, busca socios y funda en Boston la United Fruit Company, la compañía bananera más grande del mundo, con plantaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá y Santo Domingo. En poco tiempo es dueño del diez por ciento del territorio costarricense y conocido como “el rey sin corona de Centroamérica”.

 

flota-blanca.jpgAdemás de los trenes de Costa Rica y la producción bananera de América Central y el Caribe, Keith y sus socios controlan los mercados municipales, los tranvías, la electricidad y el agua, poseen 180 kilómetros de ferrocarril que unen las plantaciones con los puertos y en poco tiempo son dueños una línea marítima que lleva el banano hacia los muelles de Estados Unidos y Europa. Ese imperio naviero, creado en 1907 con cuatro barcos que aumentaron a cien en 1930, existe hasta hoy y se llama Gran Flota Blanca.

 

Minor Keith funda en 1911 la International Railroads of Central America, que une sus líneas férreas con México y El Salvador. Muere a los 81 años, en 1929, cuando se produce el famoso “martes negro” de Wall Street que da origen a la llamada Gran Depresión. El hombre que había llegado a Costa Rica con una mano atrás y otra adelante, tenía una fortuna de 30 millones de dólares que nunca se supo a dónde fue a parar.

 

“El hombre banana”

 

b.jpgSamuel Smuri, hijo de un campesino judío de Besarabia (Rusia), llega a Estados Unidos en 1892, a los 15 años. A los 18, cambia su apellido por Zemurray y comienza a comprar a bajo precio plátanos a punto de descomponerse en los muelles de Nueva Orleáns, que luego vende rápidamente en pueblos cercanos. A los 21, posee cien mil dólares en una cuenta de banco.

 

Sam Zemurray no tiene estudios y no logra hablar bien el inglés, pero ya está listo para los grandes negocios. Se casa con la hija de Jacob Weinberger, el vendedor de bananas más importante de Nueva Orleáns, compra una empresa naviera en bancarrota y en 1905 desembarca en Puerto Cortés (Honduras). Allí adquiere otra compañía al borde de la quiebra, la Cuyamel Fruit Company.

 

En 1910 es dueño de seis mil hectáreas, pero está endeudado con varios bancos estadounidenses. Entonces decide apoderarse de todo el país a muy poco costo. Lo logra al año siguiente.

 

Zemurray regresa a Nueva Orleáns y busca a Manuel Bonilla, ex presidente hondureño exiliado, a quien convence de dar un golpe de estado para recuperar el gobierno. Bonilla es un ex carpintero, violinista y clarinetista que al calor de las guerras civiles llegó de cabo a general. Zemurray también entusiasma para participar en la aventura centroamericana al “general” Lee Christmas, un soldado de fortuna, y a su protegido Guy “Ametralladora” Molony, un pistolero profesional.

 

bandidos.gifEn enero de 1911, los cuatro se embarcan junto con una gavilla de corsarios rumbo a Honduras. Armados sólo con una ametralladora pesada, una caja de rifles de repetición, 1.500 kilos de municiones y varias botellas de bourbon, durante un año los mercenarios arrasan todo a su paso, llegan a Tegucigalpa y el 1 de febrero de 1912 instalan a Bonilla en el poder.

 

 

En 1911, el agradecido presidente otorga a Zemurray una concesión libre de impuestos de diez mil hectáreas para cultivar bananos durante 25 años. “El territorio controlado por la Cuyamel es un estado en sí mismo”, informa el cónsul estadounidense en Puerto Cortés en 1916. “Alberga a sus empleados, cultiva plantaciones, opera ferrocarriles y facilidades terminales, líneas de vapores, sistemas de agua, plantas eléctricas, comisariatos, clubes”.

 

En 1929, en medio de una gran crisis mundial, el comerciante ruso vende la Cuyamel a la United Fruit a cambio de 3oo mil acciones valuadas en 31 millones de dólares, lo que le permite quedar como el principal accionista individual. Para entonces al especulador ya se le conoce como “el hombre banana”.

 

Sam Zemurray ocupa altos puestos en la United Fruit Company hasta 1957, incluyendo la presidencia. En 1961, a los 84 años, fallece víctima del mal de Parkinson. Es autor de una frase que pasa a la historia centroamericana: “En Honduras es más barato comprar un diputado que una mula”.

 

La masacre de Santa Marta

 

En 1928 la United Fruit Company llevaba casi tres décadas en Colombia y se beneficiaba de la falta de legislación laboral. El 6 de diciembre de ese año, luego de un mes de huelga, tres mil trabajadores de la empresa se reúnen en los alrededores de la estación de trenes de Ciénaga, en el departamento de Magdalena, al norte del país. Ha corrido el rumor que el gobernador llegará para escuchar sus reclamos. El funcionario nunca llega y a ellos los acribillan a tiros.

 

A pedido de la compañía bananera, el ejército había rodeado el lugar. El general al mando da cinco minutos para que la multitud se disperse. Transcurrido ese plazo, ordena a la tropa que dispare. Según el gobierno, murieron “nueve revoltosos comunistas”.

 

Sin embargo, el 29 de diciembre de 1928 el cónsul estadounidense en Santa Marta envía un telegrama a Washington en el que indica entre 500 y 600 víctimas. En enero del año siguiente, el diplomático informa que los muertos son más de mil y menciona como fuente al representante de la United Fruit en Bogotá.

 

Los cadáveres habían sido llevados en trenes a la costa y arrojados al océano Atlántico. La empresa de ferrocarriles de la región es propiedad de la firma británica Santa Marta Railway Company, pero la mayoría de sus acciones pertenecen a la United Fruit.

 

“Mi banana republic

 

El neoyorkino Minor Cooper Keith también desembarca en Guatemala. En 1901, el dictador Manuel Estrada Cabrera otorga a la United Fruit la exclusividad para transportar el correo a Estados Unidos. Después, permite la creación de la compañía de ferrocarril como una filial de la empresa bananera. Luego le concede el control de todos los medios de transporte y comunicaciones. Y como si esto fuera poco, la propia firma se exime de pagar cualquier impuesto al gobierno durante 99 años.

 

Estrada Cabrera –personaje central de la novela El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias– se mantiene en el poder 22 años, hasta que en 1920 el Congreso lo declara “insano mentalmente”, pero la United Fruit continúa manejando los hilos de la política. El 75 por ciento de la tierra cultivable es propiedad de dos por ciento de la población y, dentro de ese escandaloso porcentaje, la United Fruit es la mayor poseedora. Para entonces, hacía mucho tiempo que Keith se refería a Guatemala como “mi banana republic”. A él deben agradecerle los centroamericanos y caribeños la denominación.

 

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En 1952, cuando el presidente Jacobo Arbenz intenta realizar una cuidadosa reforma agraria en beneficio de cien mil familias campesinas, la United Fruit sabe que se le acabarán todos sus privilegios y se pone en marcha para evitarlo. La solución está en Washington.

 

Uno de los accionistas de la firma es secretario de estado del presidente Dwight Eisenhower: se trata de John Foster Dulles, que también es abogado de Prescott Bush, abuelo del presidente George W. Bush. Su hermano menor, Allen Dulles, es el primer director civil de la CIA.

 

Con el pretexto del “peligro comunista” en Guatemala, los hermanos Dulles le hacen el trabajo sucio a la United Fruit. El 27 de junio de 1954, una fuerza militar encabezada por el general Carlos Castillo Armas –que parte de los campos bananeros de la empresa en Honduras– invade el país. Pilotos estadounidenses bombardean la capital. Arbenz es derrocado y se exilia en México. Doce mil personas son arrestadas, se disuelven más de 500 sindicatos y dos mil dirigentes gremiales abandonan el país.

 

Castillo Armas, formado en Fort Leavenworth (Kansas), es “barato, obediente y burro”, según el escritor Eduardo Galeano. Y asume la presidencia. Es el hombre que la United Fruit necesita para seguir siendo “dueña de campos baldíos, del ferrocarril, del teléfono, del telégrafo, de los puertos, de los barcos y de muchos militares, políticos y periodistas”.

 

La Chiquita Brands protagonizó su último escándalo en Colombia, donde se comprobó que desde 1997 le pagaba a los paramilitares por eliminar a dirigentes campesinos y sindicalistas “molestos”. Se retiró del país en 2004 y a comienzos de abril de este año fue multada con 25 millones de dólares por una corte estadounidense, tras admitir que pagó 1.7 millones de dólares a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a cambio de seguridad.

 

La historia de la United Fruit-United Brands-Chiquita Brands es casi interminable. Pero se puede resumir en una frase de El Padrino, de Mario Puzo: “Una docena de hombres con ametralladoras son nada frente a un solo abogado con una billetera repleta”. A lo largo de 108 años, el imperio bananero ha recurrido a los servicios de unos y otros.

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EL “CHE” DE LOS PARAMILITARES

17 mayo 2007

 

Roberto Bardini

El paramilitar y narcotraficante Salvatore Mancuso, jefe de Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), acusado de más de 300 asesinatos, debe estar pensando dentro de su celda de máxima seguridad que quizá sea cierto el viejo dicho de que “el mejor negocio con los argentinos es comprarlos por lo que valen y venderlos por lo que ellos dicen que valen”. De esa nacionalidad es uno de sus principales asesores: se llama Juan Antonio Rubbini Melato, tiene 57 años y es de Buenos Aires. Según sus propias declaraciones, aspira a ser una especie de Maquiavelo de Colombia.

Lo anterior no es un imaginativo arranque literario de Gabriel García Márquez o Álvaro Mutis, aunque podría encasillarse dentro del “realismo mágico”. Juan Rubbini Melato, un hombre canoso, semicalvo y de sonrisa fácil, llegó a Colombia en 1991 con un título de administrador, trabajó en empresas editoriales, fue profesor universitario en Medellín y publicó algunos libros de poesía. Seguramente nadie imaginaba entonces que una década después sería conocido como “el Che de las AUC”.

Ahora Juan Rubbini ha salido de las sombras y es un hombre público. Y seguramente disfruta su minuto de fama mientras Salvatore Mancuso ha encendido un ventilador de repartir residuos fecales contra políticos, empresarios, periodistas y banqueros en sus declaraciones ante la Fiscalía General de la Nación.

Mancuso, un ganadero del norte de Colombia, señaló como cómplices de las AUC al vicepresidente colombiano y dueño del diario El Tiempo, Francisco Santos Calderón, y a su primo, el ministro de Defensa Juan Manuel Santos Calderón, junto con varios generales del ejercito y la policía. Además, la justicia colombiana emitió órdenes de arresto contra 14 legisladores, dos de ellos prófugos.

El cabecilla reveló por primera vez que la proliferación de escuadrones de la muerte de extrema derecha en Colombia ha sido una política de gobierno: “Soy prueba fehaciente del paramilitarismo de Estado”, dijo.

El hasta ahora ignoto Rubbini, que se define como “hincha” de River Plate, ex izquierdista y admirador del comandante Ernesto Guevara, se debe estar frotando las manos por el despelote que ha generado en su país de adopción.

Ahora se sabe que él retornó a Argentina en 1999 pero le pasó lo que a muchos y por nostalgia regresó a Colombia al año siguiente. Desde Buenos Aires había tomado contacto por internet con Carlos Castaño, uno de los más sanguinarios jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia, quien recibió entrenamiento militar en Israel y fue asesinado en 2004. Para entonces el argentino ya era una especie de ideólogo de las AUC, conocido por el alias de “El profesor”, y se transformó en “consultor” de Mancuso.

El razonamiento de Rubbini para convencer a los paramilitares fue sencillo: si las guerrillas de las FARC demandaban estatus político para negociar con el gobierno, las AUC también debían exigirlo. Y él podía ayudarlos. “Ellos hallaron en mí un interlocutor de buena fe, sin prevenciones, sin prejuicios, con quien podían hablar de una forma que no les resultaba fácil con personalidades de la vida política e intelectual colombiana”, declaró al diario El Espectador el 25 de febrero de este año.

Durante la entrevista, el “Che de las AUC” se sinceró: “Quiero a Colombia, pero no como el político que está aspirando a algo. A mí me gusta la política de los filósofos o de los estadistas. Prefiero ser un Maquiavelo y no un Borgia”. También dijo que ahora no tiene ningún sueldo y que lo mantiene su mujer. Sin duda, “El profesor” Juan Antonio Rubbini Melato es un verdadero aspirante a filósofo o estadista. Y, además, absolutamente desinteresado.
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RETRATO DE UN “PARA” COLOMBIANO

15 mayo 2007

Salvatore Mancuso no es un actor cómico italiano. Es uno de los jefes del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), está encarcelado en un penal de máxima seguridad y se le acusa de más de 300 asesinatos de alcaldes, sindicalistas, campesinos e indígenas en el departamento de Córdoba, al norte del país.   

Roberto Bardini

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Conocido por los alias de “Mono Mancuso”, “Santander Lozada” y “Triple Cero”, habla tres idiomas (español, italiano e inglés). También tiene 21 órdenes de captura por homicidio y una solicitud de extradición de Estados Unidos por narcotráfico. La justicia colombiana ha comprobado que en los últimos años el jefe de las AUC dirigió el transporte de 20 toneladas de cocaína rumbo a la Unión Americana.

Mancuso prestará declaración ante la Fiscalía General de la Nación y podría encender un ventilador tamaño industrial de repartir materia fecal contra políticos, jerarcas religiosos, empresarios y banqueros.

El 7 de mayo la periodista Natalia María Springer –psicóloga, politóloga, experta en conflictos y negociación, consultora de la ONU, columnista del diario El Tiempo y colaboradora de la publicación mensual “políticamente incorrecta” Un Pasquín– habló con el paramilitar durante ocho horas en la cárcel. El entrevistado le adelantó que su testimonio comprometerá a 70 congresistas que conocían sus actividades, además de miembros de la Iglesia Católica, compañías bananeras que le pagaron coimas y bancos que le ayudaron a lavar dinero.

mancuso2.jpgNacido en 1964, Mancuso es hijo de un inmigrante napolitano que llegó a Colombia en 1956, se casó con la Reina Nacional de la Ganadería 1961, abrió un taller mecánico y más tarde se convirtió en terrateniente. Cuando Salvatore era adolescente, su padre descubrió un castigo peor que la correa con la que lo golpeaba: lo encerraba a leer en una biblioteca. Estos datos figuran en el libro Salvatore MancusoSu vida (editorial Norma, Bogotá, 2004), de la periodista Glenda Martínez Osorio, de la revista Cromo, quien además trabaja en la oficina de prensa de la Secretaría del Gobierno.

“Santander Lozada” y “Triple Cero” tuvo una formación católica. Hizo estudios secundarios en el colegio Juan XIII, de los hermanos de La Salle, y cursó tres años de ingeniería en la Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá. Aficionado en su juventud al tiro al blanco, el aeromodelismo y el motocross, el ex paramilitar estuvo un tiempo en la Universidad de Pittsburg (Pensilvania), que sólo le sirvió para mejorar su inglés, y luego estudió administración agropecuaria.

Trasformado en ganadero, disponía de una custodia permanente de cuatro soldados. En 1995 creó su propio grupo armado para enfrentar a la guerrilla y dos años después se unió a las AUC. En los pocos momentos que no vestía uniforme de combate, exhibía trajes Valentino, corbatas Hermenegildo Zegna y zapatos Ferragamo, narra Glenda Martínez Osorio.

mancuso3.jpgMancuso posee la página web www.salvatoremancuso.com/ppal.php, en la que figura como director del diario digital El Progreso.com, cuyo lema es “Justicia, paz y reconciliación” y en el que escriben diversos colaboradores.

El narcotraficante le relató a la columnista Natalia Springer que desde 1997 las empresas bananeras transnacionales Chiquita Brands (ex United Fruit), Dole y Del Monte, junto con las compañías locales Banacol, Uniban y Proban, le pagaban por eliminar a dirigentes campesinos y sindicalistas “molestos”.

También mencionó a la productora de gaseosas Postobón, líder del sector de bebidas no alcohólicas colombianas, y a la fábrica de cerveza Bavaria, que controla el 99 por ciento del mercado cervecero de Colombia y Perú, el 93 por ciento en Ecuador y el 78 en Panamá. Bavaria, dueña de las marcas Costeña, Águila, Cristal, Pilsener y Atlas, fue adquirida por la firma la británica SAB Miller en más de siete mil millones de dólares.

A comienzos de abril de este año, Chiquita Brands fue multada con 25 millones de dólares por una corte estadounidense, tras admitir que pagó 1,7 millones de dólares a las AUC a cambio de seguridad en la región de Urabá, en el aislado noroeste de Colombia.

El único que parece ignorar toda esta historia es el imperturbable presidente Álvaro Uribe. Quizá sus asesores no le informaron nada, pero en estos días seguramente se actualizará.

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