Archive for the ‘Medio Oriente’ category

El poder militar de Hezbollah “es irrisorio”

25 julio 2006

hezbollah.jpg
Roberto Bardini
Hezbollah (“Partido de Dios”, en árabe), organización con un brazo civil y un ala militar, nació en 1982 con respaldo de Irán para resistir la ocupación israelí en el sur de Líbano. En su país –donde cuenta con ocho diputados en el Parlamento– y en la mayor parte del mundo árabe se le reconoce como un legítimo partido político. Dispone, además, de una eficiente red civil que suministra a la población chiita libanesa de servicios sociales, sanitarios, culturales y educativos.

Para Estados Unidos, Hezbollah es sólo “un grupo terrorista”. La Unión Europea, menos simplista que los cowboys de Washington, juega a ser más salomónica: considera “extremista” únicamente al sector militar.

En Argentina se ha pretendido involucrar a Hezbollah –sin pruebas sólidas– en la implosión de la embajada de Israel, en marzo de 1992, y en el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en julio de 1994. El semanario Nueva Sión, de Buenos Aires, órgano de un sector de la comunidad judeoargentina, ha descartado la participación de esta organización árabe en el ataque a la AMIA. “La mayoría de las enciclopedias siguen atribuyendo esos crímenes al Hezbollah o a Irán. A pesar de ello, nadie cree ya en esas acusaciones y la propia justicia argentina se orienta hoy hacia una pista israelí. Como consecuencia, Washington hace presión para que se ponga fin a una investigación que se está haciendo molesta”, escribe Thierry Meyssan, de la Red Voltaire.

¿Representa Hezbollah una amenaza para Israel como para justificar un bombardeo por tierra, mar y aire? Además de que la mayoría de víctimas libanesas son civiles, la destrucción de plantas eléctricas, sistemas de comunicación, carreteras, puentes, puertos y aeropuertos han ocasionado en una semana daños valuados en dos mil millones de dólares, según declaró a Financial Times, de Londres, el ministro de Finanzas del Líbano, Jihad Azour.

El investigador alemán Jochen Hippler, profesor del Instituto de Desarrollo y Paz de la Universidad de Duisburg-Essen, sostiene contra viento y marea que Hezbollah no representa una amenaza seria para Israel. Dedicado desde hace años a estudiar las relaciones Norte-Sur, las identidades políticas en Oriente Medio y los conflictos internacionales –para los que procura posibles soluciones– Hippler afirma que Hezbollah “es un factor militar sólo dentro de Líbano” pero si se la compara a nivel internacional es de “tercera categoría”.

En declaraciones al multimedio alemán Deutsche Welle, el académico menciona cifras: la organización paramilitar oscila entre dos mil y cinco mil milicianos, a los que se pueden agregar de 500 a 700 cuadros militares mejor entrenados. “Para el Líbano estas cifras son altas; para países como Siria o Israel son irrisorias”, asegura. De acuerdo con fuentes de información públicas, Israel cuenta con 168 mil 300 miembros en activo y 408 mil reservistas, mientras que Siria dispone de 500 mil efectivos.

Además, según Hippler, el armamento de Hezbollah es irrisorio: subametralladoras y fusiles AK-47, de ocho mil a diez mil cohetes rusos Katiushka (20 kilómetros de trayectoria) y una cantidad menor de misiles fabricados en Irán (entre 60 y 70 kilómetros de desplazamiento), por lo que Tel Aviv está fuera de alcance. Se cree que también posee cañones antiaéreos, pero nadie lo puede comprobar con certeza debido a la precaria fidelidad de las fuentes.

Datos de Wikipedia indican que Hezbollah cuenta con “armamento pesado, incluidos algunos blindados, misiles tierra-tierra iraníes de largo alcance Al-Fajr 3 (240 mm) y Al-Fajr 5 (333 mm), misiles antitanque Tow (guiados por radio), misiles sirios de 220 mm de alcance medio y unas 13 mil piezas de artillería ligera, además de aviones no tripulados Mahajer-4 de fabricación iraní (uno de ellos, empleado para hundir una corbeta israelí en los enfrentamientos con el ejército israelí de julio de 2006)”.

Aún así, la consideración de Hippler de que el poder militar de Hezbollah es de “tercera categoría” resulta demasiado generoso. En realidad, puede decirse que es de “cuarta”, tomando en cuenta que carece de marina y aviación, y que los ejércitos de Uruguay, Honduras y El Salvador –por mencionar a tres países pequeños– están muchísimo mejor equipados.

Por otra parte, para Hippler el papel de Siria “no es claro”. Si bien el país vecino apoya a Hezbollah, a la hora de las definiciones extremas no se sabe –como siempre sucede en la región árabe– si “ habla en serio o es mera verborrea.

Sobre lo que el investigador alemán no tiene ninguna duda es que Israel viola claramente el derecho internacional y que el rescate de un par de soldados capturados es sólo un pretexto: “Si se emprende una guerra contra El Líbano por dos soldados secuestrados, es claro que es necesario justificar esa guerra. No es nada convincente justificar con ello la destrucción de la infraestructura del Líbano, cuando al mismo tiempo mantiene a decenas de miles de palestinos en cautiverio. Por eso es que se cacarea la supuesta amenaza que representa Hezbollah”.

Hippler estima que los efectos devastadores de 200 vuelos diarios de la aviación israelí, con metralla de alto calibre y bombas, pueden hacer retroceder a Líbano al estado que que se encontraba hace 20 o 30 años. ¿Y la ONU, mientras tanto? Bien, gracias. “Sumamente preocupada”, como siempre.

z.gif

RECORDANDO CON IRA

19 julio 2006

sabra.jpg

Roberto Bardini

En Líbano –que con sus 10.452 kilómetros cuadrados de superficie es menor que el estado de Connecticut– se está librando, quizá, la primera batalla de la tercera guerra mundial.

Los componentes altamente volátiles que podrían dar inicio a una reacción en cadena están ahí: Israel, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos y Gran Bretaña, acusa a Siria e Irán de suministrar misiles a las guerrillas de Hezbolá. El ministro de Defensa israelí, Amir Peretz, lo dijo con pocas palabras cargadas de alta tensión: “Vamos a cambiar la realidad”. Y, ante lo que está sucediendo, no puede decirse que haya sido una bravuconada.

Washington y Londres lograron imponer a Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Rusia, sus socios del grupo de ocho países más ricos del mundo (G-8), la decisión de culpar a Hizbolá y Hamas por el estallido del conflicto. Con el argumento de que Israel tiene derecho a defenderse, además, el G-8 rechazó la solicitud del primer ministro libanés, Fouad Siniora, de un alto el fuego inmediato. Pasaron por alto el hecho de que los israelíes son los invasores y que poseen el triple de capacidad ofensiva. Los datos están a la vista: por cada víctima israelí mueren cinco o seis libaneses.

Sin embargo, en la hipótesis extrema de que Irán sufra ataques de Israel, es posible que ni Rusia ni China permanezcan indiferentes. Y entonces sí que podría “cambiar la realidad” en una región siempre a punto de volar por el aire.

La ONU, afectada por una dolencia casi crónica, persiste en su estado de cataplexia, trastorno que permite hablar a quienes lo padecen, pero se caracteriza por somnolencia e inmovilidad de los músculos.

El ataque a Líbano reedita, corregida y aumentada, una carnicería de 24 años atrás. En los primeros días de junio de 1982, el embajador israelí en Gran Bretaña, Shlomo Agrov, fue atacado a tiros por seguidores de Abu Nidal, un terrorista disidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Aunque quedó paralítico, Agrov salvó la vida. El extremista Abu Nidal era enemigo a muerte de Yasser Arafat, pero el fallido atentado en Londres fue el pretexto que necesitaba Israel para realizar un viejo anhelo militar: invadir el sur de Líbano y erradicar los campamentos de refugiados palestinos. La despiadada incursión, denominada “Paz para Galilea”, fue dirigida por el entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon.

Tras dos meses de combates, un mediador estadounidense logró el compromiso de la OLP de desalojar Beirut a cambio de garantizar protección internacional para la población palestina de los campos de refugiados de Sabra y Chatila, situados en la periferia de la ciudad. Los milicianos de Yasser Arafat abandonaron la capital libanesa el primero de septiembre, pero Sharon anunció que aún quedaban “dos mil terroristas” en los campamentos. Del 16 al 18 de septiembre, los israelíes impidieron la huida de los residentes, mientras falangistas maronitas libaneses torturaban, violaban adolescentes, ametrallaban a no combatientes. En esa masacre de 48 horas murieron 3 mil 500 personas, la mayoría mujeres, ancianos y niños.

Los israelíes permanecieron tres años en Líbano y luego comenzaron a retirarse gradualmente. El resultado de la invasión fue de 18 mil muertos y 30 mil heridos, en su mayoría –como siempre– civiles.

El dramaturgo francés Jean Genet (1910-1986), estaba en Beirut en aquellos días de furia homicida. Poco después, publicó un testimonio demoledor: Cuatro horas en Chatila. En un fragmento, relata:

“Los cadáveres que debía franquear, negros e hinchados, eran todos palestinos y libaneses. […] Un niño muerto puede a veces bloquear una calle, son tan estrechas, tan angostas, y los muertos tan cuantiosos. […] El primer cadáver que vi era el de un hombre de unos 50 o 60 años. Habría tenido una corona de cabellos blancos si una herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto el cráneo. Una parte ennegrecida del cerebro estaba en el suelo, junto a la cabeza. […] Estaba tumbado en una callejuela inmediatamente a la derecha de la entrada del campo de Chatila que está frente a la embajada de Kuwait. ¿Cómo los israelíes, soldados y oficiales, pretenden no haber oído nada, no haberse dado cuenta de nada si ocupaban este edificio desde el miércoles por la mañana? ¿Es que se masacró en Chatila entre susurros o en silencio total?”.

Interpelado en el Parlamento, el entonces primer ministro de Israel, Menean Begin, dijo: “Unos no-judíos han masacrado a otros no-judíos, ¿en qué nos concierne eso a nosotros?”.

Aquella invasión de 1982 y la de ahora tuvieron características de blitzkrieg, igual a la que en 1939 desencadenó la Segunda Guerra Mundial por decisión de un ex cabo austriaco convertido en führer. El mismo que hoy parece inspirar a las antiguas víctimas convertidas en verdugos.

z.gif

Dios los cría, el diablo los junta… y ellos se matan

11 julio 2006

shamil.jpg

Roberto Bardini

El líder musulmán checheno Shamil Basayev murió en su ley: voló en pedazos a causa de una explosión. Fue identificado por los restos de su cabeza y la prótesis de su pierna derecha, que perdió en combate a comienzos de 2000.

Según el Servicio Federal de Seguridad ruso (ex KGB), que se atribuyó la autoría de la muerte, fue eliminado en Ingushetia cuando preparaba un atentado para alterar la cumbre del Grupo de los Ocho países más industrializados del mundo (G-8), que se inaugura la próxima semana en San Petersburgo. Como en los tiempos del Far West, el Kremlin había puesto precio por su cabeza: ocho millones de euros (alrededor de diez millones de dólares) por toda información que permitiese capturarle vivo o muerto.

Sus seguidores, en cambio, afirman que Basayev murió por accidente junto con tres guerrilleros mientras transportaba explosivos en un camión. Para ellos, es un shahid (mártir) del Islam.

El dirigente rebelde fue incorporado en 2003 en la lista oficial de “terroristas” del Consejo de Seguridad de la ONU. La prensa internacional lo calificó como “el Bin Laden checheno”, “el terrorista número uno de la Federación Rusa” y “el caudillo más temible del Cáucaso”. Para sus partidarios, en cambio, Basayev era un líder independentista al que recordarán como un guerrero legendario, un equivalente islámico de Robin Hood.

De 41 años de edad, de los que dedicó los últimos quince a luchar contra los rusos, Basayev se llamaba igual que el héroe nacional de Chechenia, el imán suní Shamil (Samuel), quien dirigió una “guerra santa” contra el ejército zarista entre 1834 y 1859. Era, además, nieto de un caudillo musulmán que combatió a los bolcheviques de 1917 a 1924. Por órdenes de Josef Stalin, su familia fue deportada a Siberia en 1944, junto con miles de chechenos acusados de colaborar con los nazis, y pudieron retornar a su país a partir de 1957.

Basayev representó para Vladimir Putin casi lo mismo que Osama bin Laden para George W. Bush, y dio un pretexto al presidente ruso para declarar la guerra contra el “terrorismo islámico”. Se cree que el jefe de Al Qaeda y el líder guerrillero muerto se conocieron en 1994, en los campos de entrenamiento de la CIA en Pakistán, aunque él siempre lo negó.

La trayectoria de Basayev tiene cuatro sangrientos hitos que el Kremlin aprovechó muy bien. En junio de 1995, milicianos musulmanes ocuparon la alcaldía y un hospital en la ciudad rusa de Budionnovsk, a 150 kilómetros de la frontera con Chechenia, operativo en el que hubo 150 muertos y 400 heridos. Fue el motivo que Moscú necesitaba para iniciar la actual guerra en esa castigada región de la ex Unión Soviética.

En agosto de 1999, las fuerzas de Basayev invadieron Daguestán, una república autónoma 50 mil kilómetros cuadrados y dos millones de habitantes aislada entre el Monte Cáucaso y el Mar Caspio, hecho por el cual Putin ordenó una escalada militar sin precedentes. Siguió el asalto al teatro Dubrovka de Moscú, en mayo de 2002, en el que murieron 129 rehenes y 40 atacantes. Y, finalmente, en septiembre de 2004 se produjo la toma de una escuela en la ciudad rusa de Beslan (Osetia del Norte), que luego de tres días terminó con la muerte de 375 personas, incluyendo 186 niños.

Es una historia violenta para un país de sólo 19 mil 300 kilómetros cuadrados –es decir, más pequeño que El Salvador, “el Pulgarcito de América” – y apenas un millón de habitantes, la misma cantidad de pobladores que la ciudad mexicana de Cuernavaca, de Tegucigalpa, capital de Honduras, o de Barranquilla, en Colombia. Desde que comenzó la ocupación rusa, han muerto 40 mil chechenos y 400 mil buscaron refugio las repúblicas vecinas de Ingushetia, Daguestán y Osetia del Norte.

Esta violencia quizá se entienda mejor a partir de un solo dato: la región del Mar Caspio alberga 25 mil millones de barriles de petróleo de alta calidad, las reservas más importantes del mundo después de Arabia Saudí. En Chechenia funcionan 493 pequeñas refinerías y una estratégica red de oleoductos y gasoductos necesarias para la supervivencia energética de Rusia. Así que, como en una fe de erratas que nunca será publicada, donde se lee “guerra contra el terrorismo” debe leerse “guerra para controlar el petróleo”. Y en esta lucha sin piedad, quizá en el futuro Shamil Basayev sea recordado como un mártir o como una simple anédota.

z.gif

PALESTINA: CUANDO LA VIDA NO VALE NADA

5 julio 2006

palestinos-3.jpgpalestinos-ninos.jpg

Roberto Bardini

La contabilidad es macabra: desde el inicio de este año, las fuerzas armadas israelíes mataron a 150 palestinos, entre los que se cuentan 25 menores. En ese mismo tiempo, los grupos armados palestinos mataron a 20 israelíes, entre los que había dos menores.

En el mercado de valores del Nuevo Orden Mundial, ¿a cuánto se cotiza la vida de un niño palestino, irakí o afgano? Aparentemente, las acciones están a la baja: nadie da por ellos ni un dólar partido por la mitad.

¿Cuánto cuesta, en cambio, la integridad de un soldado israelí? Por ejemplo, el cabo Gilad Shalit, de 19 años, capturado el 25 de junio por rebeldes de Hamas en Kerem Shalom, en la Franja de Gaza. Ametralladorista de un tanque y de nacionalidad francesa por parte de padre, por lo visto vale mucho más que cualquier nativo árabe. Como artillero, además, se supone que su rol de combate no consistía en obsequiar tabletas chocolate entre la población civil de los territorios ocupados.

El soldado, que resultó herido durante el ataque, ha recibido cuidados médicos. A cambio de su devolución, los combatientes palestinos solicitan la puesta en libertad de mujeres y menores de edad, que se encuentran en las cárceles israelíes, sin juicio ni sentencia previa.

Como represalia, el gobierno israelí lanzó la ofensiva “Lluvia de verano” en Cisjordania con tropas de infantería, vehículos blindados y aviones, e inmediatamente arrestó a casi un centenar de personas, entre las que se cuentan nueve ministros, varios diputados, alcaldes y funcionarios de Hamas, además de 30 militantes de esa organización. Esto equivale a secuestrar a un tercio del gobierno palestino.

“Escondidos en casas de amigos, privados de sus teléfonos móviles por miedo a ser localizados y obligados a no acudir a sus lugares de trabajo, las vidas del primer ministro, Ismail Haniyeh, y otros líderes de Hamas se parecen más a la de un grupo clandestino que a la de un gobierno surgido de unas elecciones”, informó el diario El Mundo, de España. Diputados y funcionarios palestinos se han visto obligados a reunirse en secreto de casa de amigos, a dormir cada noche en lugares diferentes y a cambiar de vehículos y de hábitos.

El periódico cita declaraciones el primer ministro israelí, Ehud Olmert: “He dado a las fuerzas de seguridad y al ejército la orden de actuar con toda su fuerza para perseguir a los terroristas, a sus ideológos y a quienes les protegen. Haremos todo, y digo todo, para liberar al soldado. Lo repito: nadie estará a salvo”.

Llama la atención que todos los medios de información internacionales mencionan el “secuestro” del joven soldado Gilad Shalit o lo consideran un “rehén”, cuando en realidad se trata de un combatiente regular de una fuerza ocupante tomado prisionero en una situación de beligerancia.

También llama la atención que diversos organismos defensores de derechos humanos, entre los que se cuenta Amnistía Internacional, le hayan exigido inmediatamente a Hamas que respete “los principios del derecho internacional humanitario, entre ellos el artículo 3 común de los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, que prohíbe la toma de rehenes”. Amnistía Internacional reconoce, al mismo tiempo, que las fuerzas israelíes han matado y herido a decenas de palestinos desarmados, entre ellos mujeres y niños. Es decir, se coloca a Israel, país ocupante, y a Hamas, representante del país ocupado, en un plano de igualdad como si se los pudiera medir con los mismo parámetros.

Como parte de las represalias, la aviación israelí destruyó la planta eléctrica de Al Nusirat, la única de Gaza. Más de 700 mil pobladores quedaron sin electricidad y con el suministro de agua restringido, sin poder cocinar, recibir noticias y hacer funcionar ventiladores, un artefacto indispensable por las sofocantes temperaturas del verano. Los principales afectados son los ancianos y los niños. Se estima que la reconstrucción de la central demorará seis meses, a un costo de entre cinco y siete millones de dólares. Precisamente, la Convención de Ginebra -que en este caso nadie recordó mencionar- estipula que no se pueden atacar infraestructuras al servicio de la población civil.

Dos de los principales periódicos de Tel Aviv expresaron opiniones confrontadas acereca de las represalias. Según Yediot Aharonot, “Israel tiene una ocasión única, no sólo de liberar a Gilad Shalit, sino de erradicar al gobierno de Hamas”. En cambio, Haaretz acusó al gobierno israelí de “haber perdido la razón” y de haber iniciado “una escalada militar carente de toda lógica”.

La palestina Rifat Odeh Kassis, presidenta de la Organización Internacional de la Defensa de los Niños, fue más ecuánime:

“Lo que la familia Shalit siente ahora es exactamente como la mayoría de las familias palestinas sienten o han sentido en un tiempo. Todos los israelíes tienen que saber esto. Ellos tienen que saber que los palestinos son gente como ellos. Los palestinos se afligen cuando sus hijos son asesinados y se desesperan cuando sus niños son encarcelados. Este círculo vicioso de la violencia tiene que ser detenido. Israel debería terminar su ocupación y para siempre. Ellos deberían retirarse totalmente de Gaza y Cisjordania, incluso de Jerusalén del Este, y dar a los palestinos sus derechos políticos y económicos. Los israelíes tienen que dar a los palestinos la posibilidad para vivir al lado de ellos en prosperidad y paz”.

z.gif

Saddan Hussein, el cómplice desechable

21 junio 2006

Roberto Bardini 

Las fotos muestran a un indiferente Saddam Hussein sentado en el banquillo de los acusados. No se le ve abatido, ni altivo. Se le ve fatalista, a fin de cuentas, como un auténtico musulmán. Allah akbar, al-Rahman, al-Rahim.

El fiscal del tribunal penal que juzga a Hussein y a siete de sus colaboradores por la masacre de la aldea de Dujail, en julio de 1982, ha pedido la pena de muerte para el ex dictador iraquí. Además, el ex presidente enfrenta seis cargos más, vinculados con el asesinato de opositores políticos durante 30 años, la muerte de líderes religiosos en 1974, la matanza de miembros de la tribu kurda barzani en 1983, el gaseamiento de los kurdos en la localidad de Halabja (norte) en 1988, la invasión a Kuwait en 1990 y el aplastamiento de la rebelión kurda y chií tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991.

En junio de 2003, dos meses después de la invasión multinacional a Irak, la Autoridad Provisional de la Coalición suspendió la pena de muerte en el país. En junio del año siguiente la fuerza ocupante entregó el poder a un gobierno iraquí provisional. El nuevo régimen, absolutamente títere, restauró la pena máxima en agosto de 2004 por delitos como asesinato, tráfico de drogas y secuestro. Desde entonces, decenas de personas fueron condenadas. Las primeras tres ejecuciones se efectuaron el 1 de septiembre de 2005.

Según Amnistía Internacional, Irak “libre y democrático” va contra la tendencia global de eliminar la pena de muerte. Más de la mitad de las naciones del mundo ya abolieron de hecho o en la práctica la aplicación de este castigo. En la última década, más de tres países por año la han derogado como sanción.

Los hechos son decisivos en la historia, pero las noticias son efímeras. La mayoría de la gente olvida fácilmente lo que lee, escucha o ve a través de los medios de comunicación. ¿Cuáles son los hechos en este caso? A pesar de su brutalidad, la masacre de Dujail en 1982 -donde fueron asesinados 148 civiles chiies, la mayoría adolescentes- no tuvo repercusión internacional. Pocos corresponsales extranjeros se encontraban en Irak en ese momento y el interés de la prensa mundial se enfocaba hacia la guerra en Líbano, donde las tropas israelíes asediaban Beirut. Además, Estados Unidos consideraba a Hussein como un aliado estratégico en Oriente Medio.

En febrero de 1982, cinco meses antes de la masacre de Dujail, Estados Unidos eliminó a Irak de su lista de países patrocinadores del “terrorismo internacional”, a sólo tres años de haberle incluido. En noviembre de 1984, Washington restableció las relaciones diplomáticas interrumpidas con Bagdad en 1967. La muerte de chiíes no figuraba en las preocupaciones del Departamento de Estado.

Entre ambos hechos y mientras recrudecía la guerra Irán-Irak (1980-1988), el entonces presidente Ronald Reagan envió a Bagdad en diciembre de 1983 a su secretario de Defensa, quien se entrevistó con Saddam Hussein en lo que fue la misión oficial de un funcionario estadounidense de más alto rango en los últimos seis años. Se trataba de un graduado en Princeton, miembro del equipo universitario de lucha libre y ex piloto de la Fuerza Aérea, llamado Donald Rumsfeld, quien había sido consultor para el banco inversionista AG Becker y ex representante en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Gracias a la gestión de Rumsfeld se normalizaron las relaciones e Irak se convirtió en aliado de Estados Unidos contra el “fundamentalismo” iraní del ayatola Ruhola Jomeini en la región. El régimen de Hussein pasó a ser el principal cliente de empresas estadounidenses fabricantes de armas, además de beneficiarse con imágenes satelitales de las posiciones del ejército iraní, helicópteros Blackhawk de combate, sustancias para sintetizar gas sarín y cultivos bacteriológicos para desarrollar bombas de ántrax y botulismo. Alemania, Francia y Gran Bretaña también se encargaron de que los arsenales de Hussein -tanto los convencionales como los de destrucción masiva- se mantuvieran bien equipados.

Después de la invasión iraquí a Kuwait en agosto de 1990, Hussein dejó de ser negocio para Estados Unidos y Europa. Ocho años después, Rumsfeld -quien había cobrado suculentas comisiones por la venta de armamentos a Irak- agregó su firma a una carta pública dirigida al presidente William Clinton, exhortándolo a eliminar “la amenaza” representada por el dictador árabe. El mensaje solicitaba al mandatario “salvarnos a nosotros y al mundo del azote de Hussein y las armas de destrucción masiva a las que se niega a renunciar”. En marzo de 2003, nuevamente como secretario de Defensa, Rumsfeld fue el artífice de la invasión a Irak… y seguramente sigue cobrando comisiones por otro conducto.

Después de ocho meses de juicio y mientras espera la sentencia, Hussein continuará rumiando algo que aprendieron el dictador nicaragüense Anastasio Somoza en 1979, el general panameño Manuel Noriega en 1989 y, en algún momento de su turbulenta vida, el ex estudiante de Ingeniería y Gestión de Empresas Osama bin Laden: para Estados Unidos no existen aliados permanentes sino cómplices circunstanciales.

z.gif